×

Las bienaventuranzas del reino de Dios

Lucas 6, 12-13.17. 20-26.

- 23:22 El Evangelio

El evangelio de hoy nos propone reflexionar dos episodios del evangelista Lucas: la elección de los Doce Apóstoles y el discurso de la llanura, más conocido como las Bienaventuranzas del Reino. En la montaña, lugar privilegiado de la presencia de Dios, donde él se revela, Jesús elige un pequeño grupo de discípulos especiales: los Doce a quienes llamará Apóstoles. Jesús pasó la noche orando y con la bendición de Dios los eligió para enviarlos a proclamar la palabra de Dios. Jesús ejerce una gran atracción sobre la gente que se acerca para escucharlo y ser curado de sus enfermedades, ven en su práctica una esperanza que solo puede venir de Dios. Este discurso dirigido exclusivamente a sus “discípulos” resume las instrucciones que Jesús da a los que serán testigos de su ministerio en Galilea: de su predicación, de su enseñanza y de su actividad curativa. Su enseñanza no sólo tiene por objetivo formar la conducta de los discípulos, sino que también está vinculada a su misión: “dar la buena noticia a los pobres, a los prisioneros, a los ciegos, a los oprimidos”. Los destinatarios de las “bienaventuranzas” son sus discípulos: los pobres, los excluidos y hacen referencia a su existencia cotidiana: pobreza, hambre, sufrimiento. Las bienaventuranzas introducen un horizonte escatológico nuevo, el Reino de Dios ha llegado, está ya presente y actuante entre los hombres y es una buena noticia para los que sufren, porque ahora su vida cambiará. Con la llegada del Reino en Jesús, los que ahora son pobres, pasan hambre, lloran y son odiados por ser amigos de Jesús, serán consolados, saciados y se alegrarán. ¿Por qué? Porque el Reino introduce un cambio en la realidad, en las relaciones del hombre con Dios y de los hombres entre sí. Los discípulos son introducidos en la experiencia del amor de Dios que constituye un horizonte superador. Los discípulos no sólo serán consolados sino que serán un signo del amor de Dios amando a su prójimo, aún a los enemigos. La motivación para amar con desprendimiento y solidaridad se funda en la misericordia del propio Dios, del Padre de quien proviene la vida del discípulo.

Conclusión

Las enseñanzas de Jesús son contraculturales, van en contra de lo que propone hoy nuestra sociedad. Para Jesús, no es feliz el que tiene dinero, fama y poder mundano, sino el pobre, el que sufre, el que tiene hambre, el perseguido, porque en Dios son dignificados y su cercanía al Reino les dará abundancia, alegría y amor sin límites. Para Jesús la verdadera vida está en amar y servir, en perdonar, en ser un instrumento de solidaridad que levante al caído, anime al triste, anuncie buenas nuevas de libertad y justicia. Ese es el camino, no hay otro, para los discípulos es la carta de presentación en el mundo.

Más noticias de hoy