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La sombría historia del Estadio Nacional donde jugará Boca

Las selecciones que llegaron a Polonia por la Eurocopa quedaron impactadas tras recorrer Auschwitz, el mayor centro de exterminio montado por el nazismo. A los periodistas que cada tanto vienen a Buenos Aires para investigar el Mundial 78 les impresiona confirmar cuán cerca convivieron el estadio Monumental con la ESMA. Si fueran a Santiago de Chile ni siquiera tendrían que desplazarse.

21/06/2012 - El Estadio Nacional, donde Boca jugará mañana su pase a la final de la Libertadores, fue hace 39 años el mayor campo de concentración del dictador Augusto Pinochet. Durante casi dos meses, del 11 de septiembre -día del golpe que derrocó a Salvador Allende- al 9 de noviembre de 1973, pasaron por allí unas 12.000 personas. El horror cesó para darle paso a la fiesta. Chile debía jugar allí el 21 de noviembre ante la URSS por un boleto al Mundial 74. Ante las protestas del rival, la FIFA del inglés Stanley Rous envió a Santiago al vicepresidente brasileño Abilio DAlmeida y al secretario general suizo Helmut Kaser. "Inspeccionaron" el estadio acompañados del almirante Patricio Carvajal, ministro de Defensa de Pinochet. "El informe que elevaremos será el reflejo de lo que vimos: tranquilidad total", dijo DAlmeida. Unos 3000 prisioneros, en forzado silencio, permanecían debajo de las tribunas del estadio. Muchos fueron torturados. Otros, fusilados.

Estadio Nacional , el documental de 2002 que canal Encuentro difundió el año pasado, desnudó inscripciones en algunas paredes.

"RJJ 12 IX 73", "JCTS 16 IX 73", "SSE 16 IX 73", dicen iniciales y fechas, dibujadas con monedas, piedras y clavos por los presos acaso minutos antes de morir. En la madrugada del 16 de septiembre llegan los presos del Estadio Chile, un pequeño recinto deportivo cercano al palacio de La Moneda. Al salir ven el cadáver de Víctor Jara. El autor de "Te recuerdo Amanda" fue molido a palos. Murió acribillado, junto con decenas más. Sólo horas después fusilan en el Estadio Nacional al periodista estadounidense Charles Horman, recordado en el film Missing (Desaparecido) de Costa Gavras, que usó el estadio del Atlante, de México. El asesinato de Horman no recibe quejas de Richard Nixon y Henry Kissinger, impulsores del golpe. El sueco Gustaf Edelstam es uno de los pocos embajadores que va al estadio a salvar vidas. Chile lo declara persona no grata. Suecia lo destina a Argelia. También llega al estadio el capitán de la selección chilena, Francisco "Chamaco" Valdés. Salva la vida de Hugo Lepe, zaguero de Colo Colo y primer presidente del Sindicato de Futbolistas Profesionales. "Fue un encuentro muy especial de dos personas con altura de mira. Un apretón de manos, un abrazo y decirle mañana o pasado vas a salir", cuenta Valdés en el documental de Carmen Luz Parot, periodista recibida en la Universidad Católica de Chile.

Valdés se entera de la detención de Lepe al llegar de Moscú. "El partido de los valientes", describió el libro del periodista Alex Pickett el empate 0-0 de la ida en el estadio Lenin. Cinco grados bajo cero, defensa heroica y arbitraje favorable del brasileño Armando Marques. También se lo llamó "el partido fantasma", porque carece de registros televisivos. Se jugó 15 días después del golpe, tres después de la muerte de Pablo Neruda. Algunos jugadores, identificados con el gobierno de Allende y temerosos de lo que pudiera suceder con sus familias, viajaron advertidos de mantener silencio. Carlos Caszely, cuya madre fue secuestrada y torturada durante la dictadura, se negó a darle la mano al dictador en la visita a La Moneda, antes del viaje a Moscú. La cara opuesta fue el gran zaguero Elías Figueroa, firme defensor de Pinochet incluso en campañas de reformas constitucionales y plebiscitos convocados por la dictadura. Al volver a Santiago, "Chamaco" reclama personalmente a Pinochet por su compañero Lepe. "Llegamos a improvisar partidos (en el encierro) y nos sentíamos felices cuando lo pasábamos (a Lepe) porque era un defensa de la selección", cuenta en el documental Juan Sepúlveda, dibujante. Esos partidos, dice, eran un recreo para olvidar los dolores nocturnos de compañeros que llegaban de la tortura con la cabeza rota, costillas fracturadas, sin dientes y con los dedos quemados con encendedores. "Lo único que quería -dice Sepúlveda- es que esa gente dejara de sufrir."

Autorizados a subir a las tribunas, los presos gritan "gooool" cada vez que la máquina cortadora de césped entra en el arco. El diputado Vicente Sota arma coros. Los militares los filman para decir que los prisioneros no están mal. "Al patito lo llevaron detenido al Nacional", dice una de las canciones. "Libre, como el sol cuando amanece yo soy libre? camino sin cesar detrás de la verdad y sabré lo que es al fin la libertad", cantan como Nino Bravo, pero rodeados de metralletas. El Mercurio y La Tercera, "diarios que desinformaban" -se indigna en una entrevista la autora del documental-, publican como "nota social" el casamiento en el estadio de un preso italiano destrozado por la tortura. En el desgarrador documental de Parot, una sobreviviente cuenta la historia de amor clandestino entre un teniente de 21 años y una prisionera de 20. El capitán Jorge Silva admite que vio decenas de cadáveres. El periodista Alberto "Gato" Gamboa se conmueve al recordar las torturas. Solía dirigirlas un militar brasileño en el Velódromo que está pegado al estadio. Felipe Agüero, profesor de Ciencias Políticas, reconoce años más tarde a uno de sus torturadores, un profesor de la Universidad Católica. Un cura, dice otro sobreviviente, pide a todos que se arrepientan del marxismo. "Creía que ocho mil huevones nos íbamos a convertir." Desde las tribunas, los presos le reclaman que dé la vuelta olímpica, hasta que un teniente le advierte que lo están cargando. El cardenal Raúl Silva Henríquez, en cambio, lleva esperanza. "Enrique? ¿tú aquí? ¿Cómo puede ser?", llora el cardenal al reconocer al sacerdote Enrique Moreno Laval. "Un detenido -cuenta Moreno Laval- rechazó una orden por razones éticas y también físicas porque ni siquiera podía moverse." Sus torturadores querían que violara a otra prisionera. Fue tan fuerte lo que sucedió dentro de esos muros -me cuenta el cineasta Juan Sabatini- que su abuela materna, enfermera de la Cruz Roja y defensora de Pinochet, salió del Estadio Nacional decidida a derribar a la dictadura.

La URSS se niega a jugar en un estadio "salpicado con la sangre de los patriotas chilenos". Chile, vestido de rojo, sale igual a la cancha. Hay 15.000 hinchas en el Estadio Nacional. Carabineros toca el himno y se iza la bandera chilena. El árbitro chileno Rafael Hormazábal, que sale al campo en lugar del austríaco Eric Linemayr, designado por FIFA, suena el silbato. Al trote, sin rivales enfrente, pasándose la pelota entre ellos, los jugadores chilenos llegan al arco vacío. Hay versiones que indican que discutieron mucho entre ellos sobre quién debía hacer "el gol simbólico", un grotesco avalado por la FIFA. Lo hace el capitán, el "Chamaco" Valdés. La fiesta se completa con un amistoso. Santos, sin Pelé, golea 5-0 a la selección, que al año siguiente cae en primera rueda del Mundial, sin ganar un solo partido. El "Chamaco" se sorprende al ver a Lepe entre los asistentes a la farsa. El Estadio Nacional, que hoy se debate entre la necesidad de una refacción total y su preservación como museo de "Memoria Nacional", volverá a recibir a la selección por eliminatorias contra Colombia. La fecha FIFA, objeto de debate en Chile, indica que el partido debe jugarse el 11 de septiembre.

En 2008, el periodista Andrés Ampuero entrevistó al "Chamaco" para un programa sobre Colo Colo. El capitán chileno había defendido a su padre, "Chamuyo" Ampuero, también "allendista", para que siguiera en el cuerpo médico de la selección. Además de Lepe, fallecido en 1991, "Chamaco", humilde y silencioso, apoyó al médico Alvaro Reyes y pidió por el jugador Mario Moreno y por dos vecinos suyos de la población Juan Antonio Ríos, todos detenidos, también víctimas de una dictadura que en 17 años dejó más de 3200 muertos y unos 30.000 torturados. Ampuero hijo acordó que le llevaría al "Chamaco" un DVD con todos sus goles. Lo grabó pero no pudo entregárselo. El 10 de agosto de 2009, el capitán, un volante de gran pegada y enorme capacidad goleadora, fue encontrado muerto en su cama. Tenía 66 años. Infarto agudo de miocardio. La presidenta Michelle Bachelet lo homenajeó al día siguiente. El DVD, que jamás llegó a sus manos, no incluía al gol fantasma de 1973 en el Estadio Nacional.

Fuente | canchallena.com

 
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