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Evangelio según San Marcos (9,41-50)

- 22:00 El Evangelio

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "El que os dé a beber un vaso de agua porque sois de Cristo, en verdad os digo que no se quedará sin recompensa.

El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Si tu mano te induce a pecar, córtatela: más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos a la gehenna al fuego que no se apaga.

Y, si tu pie te induce a pecar, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida, que ser echado con los dos pies a la "gehenna".

Y, si tu ojo te induce a pecar, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el reino de Dios, que ser echado con los dos ojos a la "gehenna", donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.

Todos serán salados a fuego. Buena es la sal; pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salaréis? Tened sal entre vosotros y vivid en paz unos con otros".

Comentario

"Si te induce a pecar, ¡córtatelo, sácatelo!" Vivimos tiempos muy duros de pena, desolación y tristeza por los pecados cometidos por miembros de la Iglesia contra víctimas inocentes, que ahora salen a la luz. Personas que abusaron de su autoridad y posición, para satisfacer sus pasiones e instintos más viles con menores.

El papa Francisco está haciendo todo lo posible por aclarar hechos, restituir en lo posible a las víctimas y establecer los mecanismos adecuados para que estas aberraciones no se repitan.

Lleva años en esta encrucijada que ya comenzó el anterior pontífice y que le costó la renuncia al cargo, entre otras cuestiones.

El Señor es muy claro en el evangelio de hoy: "El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar". No seré yo el que condene a nadie, pues la misericordia de Dios actuará en el momento conveniente, pero no se encuentran palabras tan duras en labios de Jesús como estas que meditamos hoy.

Ninguno estamos libres de caer en el mal. Con la Palabra de Dios debemos confrontarnos nosotros, no los otros. Por ello, aunque haya pecados abominables en nuestra Iglesia que denunciamos con dolor, hoy nosotros nos palpamos la ropa y miramos a nuestro interior pidiéndole la gracia de no sucumbir jamás al pecado de ningún tipo contra seres inocentes.

El pasaje del Eclesiástico que meditamos hoy también es muy claro: "No digas: ‘He pecado, y ¿qué me ha pasado?’, porque el Señor sabe esperar. Del perdón no te sientas tan seguro, mientras acumulas pecado tras pecado. [ ] No tardes en convertirte al Señor, ni lo dejes de un día para otro, porque de repente la ira del Señor se enciende, y el día del castigo perecerás".

Oramos hoy por todas las víctimas que han sufrido estos criminales abusos y también por sus autores, por su conversión y arrepentimiento. Oramos por nosotros mismos, para que estemos siempre atentos y vigilantes para no sucumbir a ningún pecado que lesione la integridad física o moral de ningún pequeño/a. Dice el evangelio de hoy en su último versículo: "Buena es la sal; pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salaréis? Tened sal entre vosotros y vivid en paz unos con otros". Que así sea Señor. 


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