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Evangelio según San Mateo (6,1-6.16-18)

- 22:10 El Evangelio

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tenéis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados por la gente; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa.

Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa.

Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará.

Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará’.

Comentario

En el Evangelio de Mateo se nos advierte de no vivir una religiosidad para ser vistos por los demás, de la mera apariencia o para creernos superiores. Al contrario, "la exhortación de Jesús quiere incidir en las formas de vivir una espiritualidad en lo concreto de la vida. Se enuncian las tres formas típicas de la religiosidad judía: limosna, oración y ayuno, y se matiza la novedad de la praxis del cristiano, la recta intención al practicarlas; en definitiva, la necesidad de dar un sentido profundo al seguimiento de Jesús en la vida ordinaria". La llamada de la conversión de la Cuaresma no se puede reducir a un simple moralismo, es algo más, se trata de encarnar el misterio Pascual en nuestras vidas, de vivir en el horizonte de la resurrección.

Que el ritmo especial de estos días nos ayude a ir fraguando nuestro corazón para moldearlo según el corazón de Dios. Nuestras vidas no cambiarán a golpe del cincel de nuestro voluntarismo. La conversión del corazón es una gracia a pedir. Que este tiempo de Cuaresma sea un tiempo propicio, una nueva oportunidad, para entrar en silencio y con discreción a desenmascarar nuestro yo egoísta para reubicar nuestra vida desde los valores del Evangelio.  


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