“Sígueme”

Evangelio según San Lucas 5,27-32.

09/03/2019 -

En aquel tiempo, Jesús vio a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa, y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos y otros. Los fariseos y los escribas dijeron a sus discípulos, criticándolo: “¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores?” Jesús les replicó: “No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan”.

Reflexión

En toda persona humana, creyente o no creyente, en todo buen judío, en todo seguidor de Jesús, anida en su corazón, con poderosa fuerza, el anhelo de una felicidad total. ¿Quién no desea disfrutar de una felicidad sin un miligramo de infelicidad, de tristeza? Para un buen judío y un buen cristiano, en palabras del profeta Isaías, ese deseo se traduce en “el Señor será tu delicia”. El Señor Dios en la primera lectura nos indica qué hemos de hacer para lograr que él mismo sea nuestra delicia. Desterrar “la opresión, el gesto amenazador y la maledicencia... partir el pan con el hambriento, guardar el sábado dedicándolo por entero a Dios sin tratar tu interés y tus asuntos... entonces el Señor será tu delicia”. Estas recomendaciones son del Antiguo Testamento. Jesús, nuestro camino, verdad y vida, a quien siempre estamos dispuestos a escuchar, nos dirá “amaos unos a otros como yo os he amado”, la mejor manera para que “entonces el Señor será tu delicia”. Jesús, el que ha venido hasta nosotros para traernos vida y vida en abundancia, felicidad y no tristeza y tristeza en abundancia, va eligiendo a unos hombres para que le ayuden y extiendan su buena y felicitante noticia. El evangelio de hoy nos narra la llamada que hizo a Leví: “Sígueme”. Y Leví, dejando su buen puesto de recaudador de impuestos, siguió a Jesús hasta el final de sus días. Lev í , Ma t eo, c ayó e n l a cuenta, y cada día que vivía con Él con más insistencia, que Jesús era para él “su delicia” y que podía serlo para cualquier persona. Sabemos que no solo predicó a Jesús y su evangelio con sus palabras. Fue capaz de reunir y transmitir por escrito a todas las generaciones posteriores la vida, muerte y resurrección de Jesús, en lo que llamamos evangelio según san Mateo. Con esta gran ayuda, a muchos les ha llegado la buena noticia de Jesús y ha sido para ellos “su delicia”.

 
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