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Evangelio según San Lucas 4, 1-13

- 22:10 El Evangelio

Las tres escenas de tentación, que son reflexiones teológicas de la comunidad, tienen un común denominador: corrigen una idea equivocada de la misión de Jesús como Hijo.

La narración presenta las tentaciones como símbolo de la seducción que encerraba la hostilidad y el rechazo que Jesús tuvo que afrontar en su ministerio público. La oposición era tan fuerte que Jesús se veía continuamente tentado de usar su poder de Hijo para vencerla. Pero, su arma, es la "fidelidad al Padre", por eso no cae en ninguna tentación.

La primera escena termina con la cita de Dt 8,3: "no solo de pan vive el hombre". Jesús es tentado para hacer uso de su poder en provecho propio (alimentarse frente al hambre) sin que esto tenga que ver con la misión que se le ha confiado.

La segunda, con la cita de Dt 6,13: "Al Señor tu Dios rendirás homenaje y a él sólo prestarás servicio". Jesús se enfrenta ante un nuevo reto: aceptar el dominio sobre todos los reinos del mundo, reconociendo como dueño y señor a alguien (diablo)  distinto del Padre. Jesús la rechaza dejando claro que su misión consiste únicamente en esforzarse porque el Reino de Dios se establezca definitivamente en todo el mundo.

La tercera termina con la cita de Dt 6,16: "no tentarás al Señor tu Dios". El reto consiste ahora en que haga uso de sus poderes para manifestarse con toda ostentación ante sus contemporáneos acomodándose así a la idea que ellos tenía de cómo debía ser un jefe y líder. Jesús la rechaza porque su misión que se fundamenta en el amor y el servicio a la humanidad no excluye el sufrimiento y la cruz. No usa su poder para sortear el peligro sino que confía en la misericordia del Padre.

Conclusión 

El Padre envío a su Hijo al mundo para  anunciar y hacer presente su Reino. Esta misión le trajo a Jesús el rechazo de la gente, en especial de los poderosos de su pueblo. ¿Por qué? Principalmente por dos motivos: porque la actuación de Jesús ponía en evidencia su pecado y sus maquinaciones para oprimir al hermano y porque su misión se fundaba en el amor y en el servicio, no en el poder. En este sentido fue tentado. Jesús experimentó estas tentaciones durante todo su ministerio, aún al final, en la Cruz, pero no cedió, las rechazó. Su fidelidad al Padre lo llevó a entender su vida y su muerte como un acto de amor y servicio.    

También hoy, la Iglesia se ve tentada por el poder.  Ante el abandono de muchos cristianos tiene la tentación de usar el poder para retenerlos. Pero  logra lo contrario. Al igual que Jesús deberá aprender que su misión en el mundo se lleva a cabo amando, comprendiendo, perdonando,  alejada del poder mundano y al servicio de los últimos de la sociedad, que son  los preferidos del Señor.  


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