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¡Cristo ha resucitado! la muerte ha sido vencida - Juan 20, 1-9

PBRO. MARIO RAMÓN TENTI

- 23:42 El Evangelio

Después de la muerte de Jesús los discípulos experimentaron un tremendo vacío; tristes y confundíos se dispersan, algunos de ellos que lo habían seguido hacia Jerusalén, comienzan a volver a sus lugares de origen. La muerte de Jesús era el final del proyecto de Reino que con tanto entusiasmo el maestro había anunciado. Algunas mujeres, como Magdalena, lo buscan en el sepulcro, el lugar de los muertos. Pero él no está allí, solo los signos de su muerte, el Padre, lo ha resucitado. El encuentro con el Cristo Resucitado, lo cambiará todo, de la tristeza pasarán a la alegría y la esperanza, de la dispersión a la comunión, de la inmovilidad a la misión. La resurrección rehabilita a Jesús y su causa. Los discípulos comprenden que él no es un soñador ni un embaucador, sino que todo lo que había anunciado empieza a cumplirse. El Reino de Dios es ahora una fuerza arrolladora que comienza a transformar la realidad; una nueva humanidad es posible, la mesa de la vida incluye a todos, sin distinción de razas, credos ni clases sociales. Dios vive en medio de su pueblo, como el Resucitado, y la vida triunfa sobre el pecado y la muerte. El encuentro con el Resucitado cambia en los discípulos la manera de ver a Dios, al hermano, a la vida misma. Comprenden muchas de las cosas que Jesús le había dicho, el mandamiento del amor se expresa en sus comportamientos, y con alegría viven la experiencia del envío, sin temores, sólo con el compromiso de continuar la obra que comenzó Jesús. Ahora saben, que allí donde está la vida, está Dios, que el amor tiene la capacidad de sanar y redimir, que el Señor los acompaña y bendice todos los días hasta el fin de los tiempos. El encuentro con el Resucitado cambia sus vidas para siempre, jamás volverán a vivir en las tinieblas, la luz de la vida los envuelve y los impulsa a ser luz para los demás. Conclusión Los cristianos somos depositarios de la luz y la vida del Cristo Resucitado. Comunicarla al mundo es nuestra misión y el mayor desafío de nuestra Iglesia. Hacer creíble el mensaje de Jesús, con gestos de ternura y misericordia, saliendo al encuentro de los que sufren, de los últimos de la sociedad, para anunciarles que la vida y el amor triunfan sobre el pecado y el egoísmo. Una Iglesia en salida, hacia las periferias, que hermana, que se hace solidaria, que busca a los alejados, que renuncia a sus privilegios, que va tras los pasos de Jesús, animada por su Espíritu, para ser fiel al Padre, es una Iglesia Resucitada, como la soñó Jesús, al servicio de su Reino. Una Iglesia resucita engendra testigos únicos como la Mama Antula y el Cura Brochero que transparentan en sus vidas el mensaje y la práctica de Jesús. Recordarlos e imitarlos será un modo auténtico de seguir a Jesús, pero en la coyuntura actual, haciendo Reino, comu n i c a n - do la vida de Dios.

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