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“Cuando vi caer la flecha fue como la señal que ya habíamos perdido a nuestra Dama”

Por: Hala Khouzami. Directora de Marketing. Especial para EL LIBERAL.

- 10:29 Santiago

El 15 de abril, día de la tragedia, estaba en casa, absorta en lo que estaba haciendo sin saber nada del mundo exterior cuando mi compañero me llamó: “Notre Dame se está quemando”. Esta frase era tan inesperada que pensé que me estaba haciendo una broma. O que había caído en la trampa de un “fake news”. Pero él estaba manejando y veía el humo con sus propios ojos. Me precipité en internet para comprobar la noticia y quedé paralizada: sí, Notre-Dame se estaba quemando.

Como muchos, me imagino, mi primera pregunta fue: ¿será un accidente o un acto criminal? Las teorías se orientaban ya hacia un accidente vinculado a las obras de renovación en progreso dentro de la Catedral. Esa explicación no me alivió: ¡qué absurdo perder tal obra de la historia y de nuestro patrimonio por un accidente estúpido! Pero alivio sentí sabiendo que nadie había sido herido. Ahora no podía volver a mis actividades previas. Mis ojos devoraban las noticias y mi corazón estaba roto.

De hecho, mi post en Facebook lo indicaba. Vi que muchos de mis amigos también habían escogido el mismo sentimiento. No la rabia, no la tristeza pero el corazón roto. Como si de repente Notre- Dame – Nuestra Dama – se había transformado en un ser vivo. Creo que de cierta manera y sin darnos cuenta, ella era como una amiga silenciosa, una cara familiar a pasear por las calles de Paris y cruzar los puentes. Seguía en mis apps de noticieros los esfuerzos de los bomberos.

Me desesperé un poco a aprender que, por la altura de la Catedral, era complicado apagar el fuego y que había un riesgo real de perderla totalmente. Miraba los videos como hipnotizada por este espectáculo horroroso. Cuando vi caer la flecha, esa misma flecha que era una de las razones por las obras de renovación, fue como la señal que ya habíamos perdido a nuestra Dama.

Esa flecha que vi mil veces sin más verla. Esa Catedral que no había visitado desde hace años porque vivo en Paris y aquí está y siempre estará, pensaba. Ese lugar único donde nunca subí porque me daba pereza hacer la fila como cualquier turista. ¿Y ahora? Quedo con mis lamentos y el aprendizaje una vez más de no posponer lo que uno quiere hacer y valorar lo que se tiene. Polémica por los millones Dos días después de la tragedia, están empezando las polémicas por los millones ya acumulados para reconstruir la Catedral. ¿Será que la piedra nos importa más que los humanos, denuncian muchas voces? No creo y no creo que sea el tema aquí.

Por otro lado, yo creo que de los dramas siempre sale algo positivo. Como vimos en esos pocos días, los franceses se volvieron unidos frente a la pérdida de la Catedral. No me había ocurrido que así resultaría. Pero es verdad, es una tragedia compartida por los parisinos y por todos los franceses, y hasta los otros países. Notre- Dame no era la pertenencia de la iglesia Católica y un lugar para turistas. De eso me di cuenta esos días: tenemos un amor inconsciente tal vez por nuestro patrimonio y nos reconocemos dentro de ello.

Después de tantos meses de peleas y quejas y destrucciones y debates iniciados por el movimiento de los “chalecos amarrillos», la tragedia de Notre- Dame generó una tregua. Hasta los partidos políticos de la oposición dijeron que ahora era sólo tiempo para la unión nacional. Quiero disfrutar de este momento de paz temporario y admirar la solidaridad de todos los franceses mientras dura. 

(*) Hala Khouzami nació en Líbano y vive en la capital de Francia. Tiene familiares en Santiago del Estero.

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