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Lectura del Santo Evangelio según San Juan (14,1-6)

- 01:16 El Evangelio

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino”.

Tomás le dice: “Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?”.

Jesús le responde: “Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí”.

Comentario

La resurrección que festejamos en esta cincuentena pascual no es otra cosa que la llegada del Huésped -del primogénito- a la casa que habremos de habitar todos sus hermanos. El acontecimiento de la resurrección del Señor es capital porque significa que el hospedaje divino de nuestra humanidad es definitivo y universal. Nunca antes había llegado tan alto y tan lejos nuestra pobreza. Nunca antes supimos con tamaña certeza que lo prometido está ya cumplido para nosotros en Jesús. Nunca antes escuchamos con tanta verdad que nuestro corazón no tiene por qué turbarse ante vicisitudes de la historia.

Con todo, la casa del Padre, que Cristo ha preparado por nosotros, no se llenará sin nosotros: el camino, que es Jesús, ha de ser recorrido; la verdad que es Jesús, escudriñada; la vida que es Jesús, recibida y ofrecida. Por tanto, antes de encontrarnos definitivamente con el Huésped hemos de poner todo nuestro empeño y buen hacer en avanzar en Él, en buscarlo a Él, en vivir con y para Él. Sabiendo -y esto lo cambia todo-, que no debemos temer la caída, la pérdida o la muerte, pues Jesús nos levantó ya.


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