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“¡Qué angosto el camino que lleva a la vida!”

Evangelio según San Mateo 7,6.12-14

- 22:12 El Evangelio

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; las pisotearán y luego se volverán para destrozaros. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la Ley y los profetas. Entrad por la puerta estrecha. Ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos”.

Reflexión

En la lectura del Génesis vemos a Abran y Lot, tío y sobrino con sus inmensas riquezas, tanto que no cabían juntos. Abrán dijo a Lot no haya disputas entre nosotros. El prefirió dar a su hermano la preferencia al escoger adonde quería ir. Su corazón era desprendido de los bienes materiales, nada valía la pena como para enemistarse con su hermano, fomenta la paz y las buenas relaciones entre ellos, nada le importa porque tiene puesta su confianza en Dios que le hizo una promesa que ahora le reafirma: “Toda la tierra que abarques con tu mirada te la daré a ti y a tus descendientes”.

Por otro lado, vemos a Lot, que posiblemente como cualquiera de nosotros al darnos a escoger, escogemos lo mejor, tierras regadas para los sembríos, parecían un jardín, se deja llevar por su instinto de supervivencia. Nunca se hubiera imaginado que su deseo de lo mejor llevaría a la destrucción al tener unos vecinos que pecaban gravemente contra el Señor. Cuando fue destruida Sodoma y Gomorra, si Abran no hubiera intercedido, Lot hubiera perecido, perdió a su esposa, que terminó como estatua de sal, al mirar atrás, perdió sus bienes tan numerosos; le quedaron sus hijas.

Así también nos puede pasar a nosotros tantas veces fascinados por los lujos, comodidades, tantas conciencias vendidas por dinero haciendo sobornos, tantas personas esclavizadas en vicios; situaciones de las cuales difícilmente se puede salir. Hemos de vivir dignamente, sobre todo como Abran, sin poner la confianza en nosotros mismos ni en lo que tenemos, nuestra confianza debe estar en Dios; busquemos su bendición como Abran, nuestro padre en la fe.

El Salmo nos indica pasos prácticos para poder hospedarnos en la Tienda del Señor, estar en su casa, estar con Él que consiste en “tratar a los demás como quieres que te traten a ti” y mejor aún, “amar como Cristo nos amó”.

El Evangelio de hoy nos presenta dos partes: “No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; las pisotearán y luego se volverán para destrozaros”. Esta perícopa hemos de situarla en el contexto del Evangelio de San Mateo que escribe para una comunidad judía.

La segunda parte del evangelio de hoy nos habla de entrar por la puerta estrecha. Aquí se refleja lo que vimos entre Abran y Lot. La puerta espaciosa es como el vergel que escogió Lot.

La puerta por la que entramos al redil del Señor es estrecha ¿Qué podemos hacer para entrar por allí? Don Miguel de Unamuno escribe con su bella poesía que habla de la puerta y dice así:

“Agranda la puerta, Padre,

porque no puedo pasar.

La hiciste para los niños,

yo he crecido, a mi pesar.

Si no me agrandas la puerta, achícame, por piedad;

vuélveme a la edad aquella

en que vivir es soñar”.


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