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Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 10,16-23

- 22:09 El Evangelio

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: “Mirad que os mando como ovejas entre lobos; por eso, sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas. Pero no os fiéis de la gente, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes, por mi causa; así daréis testimonio ante ellos y ante los gentiles.

Cuando os arresten, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en su momento se os sugerirá lo que tenéis que decir; no seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros. Los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten, los padres a los hijos; se rebelarán los hijos contra sus padres, y los matarán. Todos os odiarán por mi nombre; el que persevere hasta el final se salvará. Cuando os persigan en una ciudad, huid a otra. Porque os aseguro que no terminaréis con las ciudades de Israel antes de que vuelva el Hijo del hombre”.

Reflexión

El episodio que nos narra esta lectura, es la subida de Jacob a Egipto, y el reencuentro con su hijo José. Este, favorito de su padre por su bondad, suscita la envidia y la condena de sus hermanos que planean su muerte. Pero para no manchar sus manos con sangre fraterna, lo venden a una caravana ismaelita de viaje a Egipto.

Ante Jacob su padre, presentan sus ropas manchadas de sangre para justificar su desaparición. La sequía y la hambruna en Canaán hacen que Jacob envíe a sus hijos a Egipto donde conseguir grano, para soportar los malos tiempos. Allí gobierna José, favorito del faraón, que reconoce y perdona a sus hermanos, y provee para ellos y su padre ubicarlos en las tierras de Gosem.

Aquí comienza el relato de nuestra lectura. Y vemos a un Jacob, creyente que pone su destino en manos de Dios, y recibe de Dios la bendición de su fidelidad. ”No temas bajar a Egipto, porque allí te convertiré en un pueblo numeroso. Yo bajaré contigo a Egipto y yo te haré subir...” Es un episodio de confianza en las manos de Dios y de seguridad de que los destinos de Dios se hacen presentes en los aconteceres de nuestras vidas.

El Dios de las promesas, el Señor de nuestros Padres, cuida de Jacob igual que salvó a José, porque cuida de su pueblo y mantiene su alianza con Israel. Una alianza que se cumple en el tránsito, en el deambular, siguiendo los caminos del Señor, confiando en que allí donde el pueblo acampa, allí se hace presente la mano de Dios, que continuará en un Éxodo de 40 años y en la historia sucesiva de su Pueblo.

En este fragmento del discurso apostólico de Mateo, se nos predicen unas dificultades extremas. Recogen un pequeño apocalipsis de Mateo que nos transmite el sentir de Jesús de que su reinado se cumpliría en un tiempo cercano. Un mensaje de la realización del Hijo del Hombre que ha venido a manifestar la gloria de Dios y el juicio para este mundo. Jesús ya les había anunciado a sus discípulos que su suerte no sería diferente de la del Maestro. “Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán”. Mateo refleja aquí este pensamiento de la iglesia primitiva que espera la llegada cercana del Reino, recordando las promesas de Jesús. Una venida que exige conversión, desprendimiento, confianza y fe en el Señor. No serán tiempos fáciles ni circunstancias llevaderas. Habrá que afrontar cualquier dificultad que se presente, cualquier persecución, infamia o traición, incluso de los más allegados.


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