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María Lorena David, la primera santiagueña que se asoma al futuro con su trabajo en la Nasa

- 07:39 Santiago

Cuando egresó del Colegio de Belén, hace ya algunos años, María Lorena David ni siquiera se imaginó que su futuro estaría muy lejos de Santiago, en medio de ingenieros, astronautas y menos aún analizando toda clase de elementos químicos que se utilizan en las misiones espaciales. Tampoco imaginó que sería la única mujer santiagueña que estaría, como hoy, más cerca del futuro.

“Trabajo en Houston, en Texas, en el Jhonson Space Center. En este lugar está el Control de Misión de los vuelos espaciales. Hace 5 años que trabajo en la oficina de Medio Ambiente de la Nasa (Administración Nacional Aeronáutica Espacial). Nosotros nos ocupamos de llevar la cuenta de todos los productos químicos que se utilizan”, señaló a EL LIBERAL desde su hogar desde hace 14 años, a más de 7.000 kilómetros de Santiago.

Cuando nació María Lorena, ya habían pasado 13 años desde que la Apollo XI posó sus largas patas en suelo lunar. Cinco décadas después, ella fue la primera mujer santiagueña en estampar su nombre en una bandera homenaje a los 50 años de la llegada del hombre a la luna que se recordó de manera muy especial en el Centro Espacial Jhonson, la semana pasada.

El lugar donde trabaja, una ciudad dentro de otra es, precisamente, donde se entrena a los astronautas, donde se reciben las comunicaciones espaciales como ésta: -’Houston estamos en problemas’-. Y, también, donde regresan luego de cada salida al espacio los astronautas. También es el sitio donde se planifican las misiones y hasta se elaboran los trajes de los hombres que viajan al espacio exterior.


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Pero el camino personal y profesional que recorrió para llegar a ese lugar, donde se asoma el futuro ha sido extenso e intenso. Un puntal en impulsar su carrera fue su papá, Antonio Francisco David, quien falleció hace unos meses. Su mamá, Sofía y sus dos hermanas, además de su esposo Michael Secino Bowie, ingeniero encargado del sistema de alarmas de la estación espacial y por quien se radicó en EE.UU.

María Lorena contó: “Yo comencé estudiando abogacía en la Ucse, no terminé la carrera y me fui a Buenos Aires donde estuve unos años, allí conocí a mi esposo y nos casamos en 2005. Entonces nos vinimos a EE.UU. e hice el pase de todos los créditos que había estudiado en la Ucse a la Universidad de Saint Thomas en Houston. Allí me recibí en Relaciones Exteriores y también me gradué con un Máster en Ciencias del Medio Ambiente”.

Más tarde, en 2014 se presentó a un concurso en la Nasa en el que fue seleccionada para ocupar el puesto que tiene en la actualidad.

“Mi trabajo es identificar nueva tecnología que se pueda ir cambiando en diferentes organizaciones de la Nasa para hacerlas más amigables con el medio ambiente para el futuro”, señaló.

Agregó: “Cada tres años tenemos una gran inspección de todos los químicos que se utilizan en la Nasa para ver si se los puede cambiar, los químicos que se usan son los de uso regular, pero también parte de nuestro trabajo es identificar opciones más amigables con el medio ambiente”.

También señaló que otro de los programas de trabajo ‘es uno que tiene que ver con el aire y diferentes permisos para emitir diferentes cantidades de residuos peligrosos. Entonces tratamos de identificar cómo podemos cambiar ciertos químicos para que sean más amigables con el medio ambiente y al mismo tiempo sigan siendo efectivos, que se los pueda usar”.

Detalló: “Trabajamos en grupos grandes de científicos. Cada uno se especializa en una pequeña cosa, entonces, tratamos de hacer investigación para ver e identificar qué es lo que se puede cambiar para mejorar la tecnología. La Nasa no es solo ir a la luna y volver o investigación espacial, sino que también es tecnología pura, todo, desde las investigaciones de medio ambiente, de las temperaturas, cómo van cambiando hasta cosas muy pequeñas, es un lugar increíble para trabajar porque no se puede creer todo lo que hacen desde lo más pequeño hasta lo más grande’.

Con respecto de cómo es un día de su trabajo, señaló: “Es un desafío porque es constante, nunca estás fuera del trabajo. Siempre el trabajo y tu vida en general está todo conectado. Es como un matrix. La Nasa es como un campus universitario, un lugar como si fuera un barrio gigante. Una mini ciudad. Tenemos bicicletas para ir de un edificio a otro. El ritmo es muy acelerado, tienes que estar siempre alerta. No es que no vas a ser requerido, siempre estás en estado de emergencia, en alerta. Cuesta seguir el ritmo, adecuarse a otra manera de trabajar. Acá se trabaja o se trabaja, no hay nadie jugando con el celular’. Pese a la exigencia ‘me gusta, no tiene nada de rutinario. Eso es un desafío y al mismo tiempo te da mucha satisfacción porque todos los días hay algo nuevo, eso de con qué vamos a salir hoy, con qué vamos a cambiar las cosas’.

En su caso, acotó: “Me he adaptado bien profesionalmente, uno tiene que pagar derecho de piso al no ser de aquí, entonces te tienen que conocer y dar una oportunidad para demostrar lo que podés hacer”.


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