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“Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser”

Evangelio según san Mateo (22,34-40)

- 22:30 El Evangelio

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?”.

Él le dijo: ‘Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser”.

Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas”.

Comentario

Algunas personas, probablemente con buena voluntad, acostumbran a preguntar a los niños si quieren más a papá o a mamá, al abuelo o a la abuela.

Dejando de lado esa buena intención se trata de una práctica que nunca he entendido. Me parece que hace escaso bien a los niños y que a no pocos incluso les perjudica. ¿Qué sentido tiene enfrentar a los pequeños a ese tipo de disyuntivas?

Mi comentario viene a cuenta del evangelio que hoy escuchamos.

También tengo la impresión de que con demasiada frecuencia los cristianos, incluso los más “cultivados”, contraponemos realidades que en el plan de Dios van de la mano y las presentamos como si unas excluyeran a las otras. Eso nos pasa con binomios como gracia y esfuerzo, acción y contemplación, dedicación a lo espiritual e implicación en las cosas de cada día, inserción local y catolicidad, estudio y compromisos concretos, e incluso (y este es el caso que hoy la Palabra nos plantea) amor al Señor y amor al prójimo.

El texto evangélico ya nos advierte que esta vez a Jesús se le cuestionó con la intención de ponerle a prueba. De todos modos la pregunta puede ser también bien intencionada: ¿cuál es el mandamiento principal?, ¿qué hay que poner por delante? Pero la palabra y el ejemplo de Jesús son bien claros: el amor al Señor y el amor a los hermanos (a sus hijos) van de la mano. Más aún, el segundo -sobre todo en lo que concierne a los más pequeños- es el mejor termómetro del primero.

Gracias a Dios no nos han faltado testigos de esa unidad: hombres y mujeres que han vivido con una enorme intensidad ambos amores, que en realidad son uno solo.

En la Iglesia universal celebramos hoy a Rosa de Lima, un referente singular para toda América Latina y el Caribe al tiempo que ejemplo e intercesora para todos, una de las mejores aportaciones de las tantas que la familia dominicana y las mujeres han hecho a la historia de la Iglesia.

Pidamos, por su intercesión, vivir cada vez más ambos amores y no disociarlos en el discurrir de cada día.


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