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Santo Evangelio, según San Lucas 13,22-30

- 22:23 El Evangelio

Mientras Jesús sigue de camino hacia Jerusalén, una persona le pregunta por el número de los que van a salvarse: “Señor, son pocos los que se salvan?”.

Jesús no responde a la pregunta planteada, no importa el cuánto, sino el cómo. Para entrar al Reino hay que “esforzarse”, porque la única puerta de acceso es “estrecha”. Muchos intentarán entrar, pero no podrán. Más aún, intentarán entrar cuando ya sea demasiado tarde, cuando el dueño de casa haya cerrado la puerta. Esto significa que el acceso al Reino depende no sólo del “esfuerzo” por entrar por la puerta estrecha, sino también de la actitud del dueño de casa que cierra la puerta en un tiempo insospechado y deja fuera a los “desconocidos”. Estos, dicen haber comido con él, y escuchado sus enseñanzas, pero el dueño de casa (Jesús) nos los conoce ni sabe de dónde vienen. Incluso, les dice: “apártense de mi todos los que practican la injusticia”. Estos que son echados fuera del Reino son aquellos que se conformaron con un vínculo superficial con el maestro, es decir, que no adhirieron a su llamada a la conversión ni pusieron en práctica sus enseñanzas.

El Reino es descrito como la celebración de un banquete en el cual participan el dueño de casa y los recién admitidos junto a Abrahán, Isaac, Jacob y los profetas de Israel. Los admitidos no sólo son los contemporáneos de Jesús sino “gente del este y oeste, del norte y del sur” (el Israel reconstituido) que en el Evangelio de Lucas designa a los paganos. Sin duda que esta situación refleja el rechazo de Jesús de parte de algunos sectores de su pueblo, pero manifiesta con mayor claridad la preocupación de la comunidad cristiana ante la apertura del Evangelio a los paganos. Por eso, anuncia la inversión de los valores de la sociedad que promueve el Reino: los últimos serán los primeros, y los primeros los últimos. Jesús, es un signo de contradicción, y frente a él no cabe otra posibilidad que decidirse a favor o en contra. El Reino exige radicalidad en la entrega, por eso muchos que piensan que son los primeros en entrar, serán los últimos y los que son considerados últimos serán primeros.

Conclusión

En nuestra sociedad actual no son muchos los que se preocupan por la salvación que trae el Reino instaurado por Jesús. La gran mayoría de las personas ni siquiera han podido hacer una experiencia de encuentro con él. Más aún, muchos ni siquiera han escuchado su “nombre”. Por eso, hoy más que nunca, los que hemos decidido ser sus discípulos debemos asumir el llamado de ser de “luz del mundo”, de dar a conocer a Jesús a las personas, de tender puentes para que lo conozcan, se enamoren de él y sean sus testigos. Este es el desafío mayor que tenemos los cristianos hoy.

Mama Antula fue una mujer cuya preocupación se centró en que todos conozcan a Dios: “quisiera andar hasta donde Dios no es conocido para hacerlo conocer”. Ella interpretó mejor que nadie la necesidad de Dios que las personas tenemos, y como el encontrarnos con Él nos llena el corazón de felicidad. Por eso la recordamos y celebramos, por eso es tan querida por nuestro pueblo santiagueño, en especial por los pobres y marginados que ven en su vida y en su obra una luz inextinguible de la misericordia de Dios. ¡Mama Antula¡ Ruega por nosotros.  


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