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Las elecciones en la historia argentina: desde 1973 hasta la restauración de la república en 1983

POR EDUARDO LAZZARI | HISTORIADOR

- 07:02 Santiago

La década de 1970 es aún una época difícil de abordar para los historiadores.

De hecho, existen más publicaciones realizadas por ensayistas, periodistas e ideólogos que por los profesionales de la historiografía. Sin duda, la actualidad de algunos debates y la pasión que despiertan ciertas discusiones hace que el período más violento de la etapa moderna de la Argentina esté relegado en trabajos de consideración general. Pero algunos episodios de ese tiempo son apasionantes y sin duda, los vinculados a las únicas elecciones de esa década, realizadas todas en 1973, son dignos de un análisis histórico que compartiremos hoy.

LOS ESTATUTOS DE LA “REVOLUCIÓN ARGENTINA”

El golpe de Estado que se hizo cargo del poder el 28 de junio de 1966 se impuso a sí mismo como una institución estable “con objetivos y sin plazos”, lo que fue instrumentado a través de un “Estatuto de la Revolución Argentina”, con diez artículos que rigieron hasta el 25 de mayo de 1973. Esta supuesta “legalidad” autoritaria, sumada al nombre con el que se autodenominó el gobierno surgido del golpe de Estado, habla de la idea de perpetuidad en el manejo de los asuntos públicos de la Nación. El estatuto fue publicado el 8 de julio de 1966 y tenía superioridad sobre la Constitución Nacional, que se convertía en una ley superior, perdiendo el carácter de suprema.

Durante la tercera presidencia de ese golpe de estado, luego de los generales Juan Carlos Onganía y Roberto Marcelo Levingston, el general Alejandro Agustín Lanusse, con la intención de condicionar el proceso electoral que se avecinaba, frente al agotamiento político producido por múltiples fracasos del gobierno militar, estableció un “Estatuto Fundamental Temporario” que fue dado a conocer el 24 de agosto de 1972, en el que la propia Junta de Comandantes se atribuye el poder constituyente del país.

Sus cinco artículos modificaron quince artículos de la Constitución del 53, declarando además la inaplicabilidad de otros cuatro.

El Estatuto de 1972, firmado por el general Lanusse, el almirante Carlos Natal Coda y el brigadier Carlos Rey en carácter de integrantes de la Junta de Comandantes, poder supremo del Estado, estableció los mandatos del presidente, vicepresidente, diputados y senadores en cuatro años, pudiendo los dos primeros ser reelectos una vez, y los legisladores en forma indefinida. Pero lo importante en relación a los mecanismos electorales fue la eliminación de las elecciones indirectas, por medio de colegios electorales para presidente y vice, y por medio de las legislaturas provinciales para los senadores, con la incorporación por primera vez del mecanismo del balotaje, con el requerimiento de una mayoría absoluta de los votos válidos emitidos, o sea el 50% +1, siempre que los dos primeros candidatos obtuvieran más de dos tercios de los votos en la primera vuelta.

También quedó establecida la simultaneidad de todas las elecciones para cargos nacionales, la creación de un tercer senador para la minoría, y una simplificación del procedimiento para la discusión y sanción de las leyes. Como curiosidad se establecía la vigencia del Estatuto hasta el 24 de mayo de 1981, y a pesar de existir un gobierno republicano entre el 25 de mayo de 1973 y el 24 de marzo de 1976, nunca se derogó este estatuto. Y muchas de sus disposiciones fueron adoptadas en la reforma constitucional de 1994.

LA ELECCIÓN DEL 11 DE MARZO DE 1973 Y LOS PRIMEROS BALOTAJES DE LA HISTORIA ARGENTINA

Luego de diez años, el período más largo desde 1853 sin elecciones presidenciales, se convocó en 1972 a los votantes para elegir la totalidad de los cargos electivos del país, a nivel nacional, provincial y municipal. La posible candidatura del ex presidente Juan Domingo Perón, que residía en Madrid, fue impugnada a través de una resolución que lo obligaba a regresar antes del 25 de agosto, hecho que no ocurrió ya que Perón regresó recién el 20 de noviembre.

Así fue que el peronismo, llamado desde entonces justicialismo, decidió aceptar la candidatura presidencial de Héctor José Cámpora, delegado personal de Perón, y además conformar un frente electoral en el que fue ofrecida la candidatura de vicepresidente al conservador popular Vicente Solano Lima.

El “Frente Cívico de Liberación Nacional” (Frecilina), reunión de más de quince partidos, entre ellos el propio justicialismo, el Movimiento de Integración y Desarrollo, el Partido Popular Cristiano y el Movimiento de la Revolución Nacional; cambió su nombre por “Frente Justicialista de Liberación” (Frejuli). El humor popular decía que la primera denominación parecía más bien un remedio que un instrumento electoral. Se presentaron además las fórmulas del radicalismo encabezada por Ricardo Balbín, la Alianza Popular Federalista, por Francisco Manrique, la Alianza Popular Revolucionaria, por Oscar Alende y otras que no alcanzaron relieve electoral.

El 11 de marzo de 1973 se celebraron las elecciones en todo el país con una participación del 85,86% de los 14.256.791 empadronados, y los resultados mostraron un escenario de balotaje. El Frejuli obtuvo el 49,56% y la UCR el 21,29%.

Sin embargo, la UCR decidió retirarse de la segunda vuelta, hecho que se repetiría en 2003 y marca un récord en la historia electoral del mundo, lo que permitió el triunfo de Cámpora y Solano Lima, quienes asumieron su cargo el 25 de mayo. Sin embargo, hubo de celebrarse el 15 de abril los balotajes para las gobernaciones de doce provincias y para las senadurías nacionales en tres, entre ellas la provincia de Santiago del Estero, donde compitieron los frejulistas Pedro Luna y Francisco Cerro contra los desarrollistas Ramón Moreno y Washington Inca Cardozo, imponiéndose los primeros por el 54% de los votos.

LA ELECCIÓN DEL 23 DE SETIEMBRE DE 1973

Las renuncias de Cámpora y Solano Lima a las primeras magistraturas del país el 13 de julio de 1973 obligaron, de acuerdo a las leyes vigentes, a la convocatoria a elecciones presidenciales el 23 de setiembre. Mientras tanto, un ardid dejó fuera al presidente provisional del Senado, el cordobés Alejandro Díaz Bialet que había sido elegido senador por la minoría en la Capital Federal, y puso a cargo del Poder Ejecutivo al presidente de la Cámara de Diputados, el porteño Raúl Lastiri.

El escenario político tenía en el centro a Juan Perón, que había vuelto definitivamente al país el 20 de junio y encabezó la fórmula del Frejuli con su esposa María Estela Martínez, como vicepresidente. Mucho se especuló sobre la posibilidad de una alianza con el radical Ricardo Balbín, pero el vértigo de los hechos y la violencia política desatada por las organizaciones revolucionarias, impidió avanzar en serenas negociaciones. Se presentaron entonces otras tres fórmulas: la UCR nuevamente con Balbín, la federal con Manrique y el socialista Juan Carlos Coral.

Vale destacar que la victoria de Perón-Perón, por el 61,85%, fue destinada a cumplir el mandato comenzado por Cámpora-Solano Lima el 25 de mayo de 1973. Este hecho es muy importante porque marca que, al tiempo del golpe de estado del 24 de marzo de 1976, faltaba menos de un año para la elección presidencial, que no llegó a convocarse.

Al recordar el tercer triunfo de Perón como candidato a presidente, único hombre en la historia argentina que ha tenido ese mérito, no debemos dejar de lado que los avatares de los tormentosos tiempos de 1970 en adelante iban a provocar que las siguientes elecciones presidenciales se celebraran el 30 de octubre de 1983, es decir diez años después. Fue el más largo período sin elecciones en la historia argentina.

LA ELECCIÓN DEL 30 DE OCTUBRE DE 1983

La crisis política derivada de las consecuencias de la guerra de las Malvinas, finalizada con la derrota de las fuerzas argentinas, fue de tal magnitud que se quebró la Junta Militar, retirándose la Armada y la Fuerza Aérea del gobierno, y el estado de destrucción del sistema político civil hizo posible que el último presidente de la dictadura durara un año y medio en el poder. Era tal la debilidad del gobierno militar que el general Reynaldo Bignone solía bromear, en respuesta al eslogan “Luche y se van”, que “no es necesario luchar para echarnos, soplen y nos vamos”.

Las elecciones convocadas para finales de octubre de 1983 se realizaron bajo la tutela de la Constitución Nacional de 1853 y las leyes electorales vigentes. Sólo pudo Bignone establecer un reparto poco representativo de los diputados nacionales, que se mantiene hasta hoy, y que ataca el criterio de igualdad del voto de los habitantes de la Nación según la población de cada distrito, para elegir a los legisladores.

El 30 de octubre de 1983, en las primeras elecciones con normalidad institucional desde las celebradas en febrero de 1946, resultó sorpresivamente electo por una sustancial diferencia, con el 52% el candidato de la UCR, el bonaerense Raúl Alfonsín en compañía del cordobés Víctor Martínez, frente a los candidatos peronistas Italo A. Luder y Deolindo F. Bittel. Fue la penúltima elección presidencial por el sistema de colegios electorales. Ese fue el comienzo de un tiempo de la historia extraordinario, basado en el respeto a la voluntad popular y la alternancia de gobiernos de distintos partidos elegidos en forma constitucional. Como dijo el presidente Roque Sáenz Peña, lo importante es que el pueblo quiera votar, sepa votar, y vote.

Por Eduardo Lazzari

Historiador


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