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Macri, con un ojo puesto en las elecciones y otro en revalidar su espacio

- 00:46 Política

El macrismo jugará el 27 de octubre dos partidos: uno es el de la elección contra Alberto Fernández, el segundo es el de su supervivencia como espacio político con proyección de futuro.

El primer objetivo está casi perdido, pero es de lo que más se habla. Es lógico, lo último que puede permitirse un candidato en carrera es transmitir a sus seguidores una sensación de derrota.

Es por eso que el Presidente quiso mostrarse fuerte en la conferencia organizada por el Grupo Clarín en la que el ex presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso llegó como invitado estrella para contar cómo había sido su transición con Lula da Silva.

“En las Paso de 2015 también había perdido por 15 puntos”, dijo ante un auditorio de empresarios que ya lo veía como un ex mandatario.

Pero la matemática electoral de Macri luce muy complicada. Y su analogía con el 2015, algo forzada. En aquel momento, él era el opositor que venía en ascenso, contra un peronismo dividido en dos facciones. Y, de hecho, si se consideran los votos que había obtenido Macri sumados a los de Elisa Carrió y Ernesto Sanz, entonces la ventaja había sido bastante menor: 38% a 30%.

Hoy, en cambio, es un Presidente que acaba de recibir un contundente referéndum sobre su gestión de gobierno, y enfrente tiene a un peronismo unificado. Más bien al contrario, la proliferación de candidaturas menores ahora juega en su contra. Además, la crucial provincia de Buenos Aires en aquel momento le sumaba votos a su candidatura, mientras que ahora es el bastión de la oposición.

Los números que se difundieron para consumo interno de los militantes no son de probabilidad cero pero parecen muy difíciles en la realidad. Implican que Alberto Fernández caiga casi 4 puntos hasta ubicarse debajo del 45% de los votos. Y, al mismo tiempo, el macrismo debe crecer al menos 3 puntos para colocarse sobre el 35%. Esa sería la forma de forzar un balotaje.

La premisa para cumplir con ese objetivo implica que, como mínimo, se debe replicar el nivel de afluencia de votos observado en 2015. Es decir, que se llegue a un 81% del padrón. Suponiendo que de los nuevos votantes ninguno sufrague por la fórmula Fernández-Fernández, entonces la masa del voto del Frente de Todos se ”licuaría” hasta 44% del total de los votantes.

Pero la premisa -es decir, que ninguno de los nuevos vote por Alberto- parece de casi imposible cumplimiento.

Por otra parte, al agrandarse el total de votantes, también la cantidad obtenida por Macri en las Paso se diluiría hasta un 29% del nuevo total. Eso implica que debería ganar todos los nuevos votantes más algunos “robados” a las candidaturas de Espert y Gómez Centurión para alcanzar el ansiado 35%. Y, obviamente, que ninguno de los que en agosto votó por Roberto Lavagna se arrepienta y decida votar ahora por Fernández-Fernández.

En fin, no es imposible, pero luce improbable. Sobre todo, cuando se toman en cuenta las primeras encuestas realizadas por las consultoras que más se acercaron al resultado de las Paso.

Por caso, la de Federico González y Asociados, que pronostica que se agrandará la diferencia por encima de los 20 puntos a favor de Fernández.

En tanto, una encuesta de Ceop marca una ventaja de 50,6% contra un 31,2%, sin proyectar los indecisos.

Es decir, los primeros números muestran una tendencia absolutamente inversa a la que el macrismo espera que se dé.

Los politólogos asignan una probabilidad casi nula a que el resultado de las Paso se pueda modificar, cualquiera sea la estrategia del gobierno.

¿Por qué, entonces, el empeño en mostrarse en carrera y de hacer las arengas encendidas como la de Elisa Carrió?

¿Para qué los audios virales de Marcos Peña instando a que cada militante convenza a 10 personas de votar a Macri?

Es ahí donde entra en escena el segundo de los temas que está en juego en octubre: la supervivencia del macrismo como espacio político con proyección de futuro y con capacidad de alternancia en el poder con el peronismo.

Para empezar, el macrismo debe defender la representación parlamentaria ganada en las elecciones legislativas de 2015 y 2017, (107 diputados, 41% de la cámara) y 24 senadores (un tercio del Senado).

El 27 de octubre pondrá en juego 46 bancas de diputados y 4 del Senado.

Es decir, como mínimo la coalición Juntos por el Cambio tiene el incentivo de sostener su representación en el Congreso.


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