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Dios es amor, busca a los alejados

Lucas 15,1-10

- 22:31 El Evangelio

Después de enseñar a quienes lo seguían acerca de las condiciones para ser discípulo suyos, Jesús se dirige a los fariseos y doctores de la ley para contestar, por medio de parábolas, la crítica que le hacen porque recibe a los pecadores y come con ellos.

Las tres parábolas: “de la oveja perdida”, la moneda extraviada, y el hijo pródigo caracterizan a Jesús como aquel que comunica la misericordia de Dios a los pecadores, llamándolos al arrepentimiento y la conversión.

“¿Quién de ustedes que tenga cien ovejas, y se le pierde una, no deja las noventa y nueve en el descampado y va en busca de la descarriada hasta encontrarla?” Esta comparación justifica el accionar de Jesús que sale al encuentro de los pecadores, de los excluidos de la sociedad, y comparte con ellos la “mesa” y la vida. “El Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido”. Esta actitud de Jesús, tiene una doble finalidad: mostrar que el Reino de Dios ha llegado y se manifiesta como un “banquete” en donde los últimos son incluidos, y a la vez, mostrar la misericordia de Dios, cuya iniciativa salvífica se manifiesta en el ministerio de Jesús orientado hacia los pecadores.

Igualmente Jesús propone una parábola donde una mujer que ha perdido una moneda se pone a buscarla con el mayor esmero. Y cuando la encuentra, también reúne a sus amigas y vecinas, para que compartan su satisfacción por haber encontrado lo que se le había perdido. La iniciativa de la mujer tipifica el accionar de Dios que se ocupa insistentemente por encontrar al pecador. La alegría por la conversión del pecador trasciende el círculo humano y se dirige a los “ángeles del cielo”, es decir, al mismo Dios.

Conclusión

Estas parábolas muestran el rostro misericordioso de Dios que por la predicación y el actuar de Jesús busca la conversión de los pecadores y la inclusión de los marginados. Lucas caracteriza el ministerio de Jesús cercano a los despreciados de la sociedad con quienes comparte familiarmente, predica la Buena Nueva del Reino, cura a los enfermos, perdona a los pecadores, alienta a los caídos y fortalece a los débiles. El Dios de Jesús es puro amor, posee entrañas de misericordia, no quiere la muerte del pecador sino que recupere su dignidad de hijo, por eso se alegra cuándo vuelven a él. Este Dios es tan diferente al de los fariseos y maestros de la Ley, por eso, la gente capta inmediatamente el mensaje de Jesús, y a pesar de las exigencias del seguimiento quieren seguirlo porque desean ser parte del banquete de la felicidad, de la vida y del perdón.

La Mama Antula, vivió esta experiencia de cercanía al pueblo de Dios llevando su amor para que las personas se conviertan y vivan en comunión con El. Por eso, hoy, el pueblo sencillo la venera, la reconoce como “mama”, madre que transmite la ternura de Dios en una sociedad cada vez más insolidaria y excluyente.


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