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Lectura del santo evangelio según san Lucas (7,31-35)

- 23:21 El Evangelio

En aquel tiempo, dijo el Señor: “¿A quién se parecen los hombres de esta generación? ¿A quién los compararemos? Se parecen a unos niños, sentados en la plaza, que gritan a otros: “Tocamos la flauta y no bailáis, cantamos lamentaciones y no lloráis”. Vino Juan el Bautista, que ni comía ni bebía, y dijisteis que tenía un demonio; viene el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: ‘Mirad qué comilón y qué borracho, amigo de publicanos y pecadores”. Sin embargo, los discípulos de la sabiduría le han dado la razón”.

Comentario

Sería bueno comenzar leyendo todo el relato para mejor entender el final de lo que el evangelio nos presenta hoy.

Jesús se extraña de la reacción de la gente, no sabe qué más decir o hacer para que se entienda la Buena Noticia que les presenta.

Jesús tiene recursos suficientes para hacerse entender, a pesar de que en esta ocasión le cueste enseñar a la gente, le desconcierta las contradicciones que manifiestan. Pero como buen maestro va a utilizar una comparación con preguntas y respuesta que hablan por sí solas, dejando una señal que les haga ver su incoherencia.

¿Con quién compararé a los hombres de esta generación? ¿A quién se parecen?’ Dejémonos iluminar por la respuesta.

Cuando una cosa es evidente y las personas por su ignorancia o mala voluntad buscan pretextos casi infantiles que justifican su forma de actuar, nos quedamos sin argumentos y generalmente el diálogo se corta. ¡Quién pudiera tener esta sabiduría de Jesús! ¡Quizás nos esté haciendo una invitación a “crecer” humana y espiritualmente!

Ojalá no nos detengamos en el camino como lo están haciendo los jefes del pueblo ante Jesús.

Éste es el drama que nos acecha. Rechazan el ser salvados, no creen en la bondad y misericordia de Dios.

Jesús siempre nos sorprende si vivimos en apertura y búsqueda, pero también es fácil quedarnos sentados en la eterna duda, no comprometerme porque la situación no es clara, porque me crea interrogantes, “ya veré más adelante”, el riesgo es demasiado, para que cambiar tanto... ¡Qué difícil es tener un criterio personal!

El mensaje de Jesús es exigente, no permitamos que los vaivenes de la vida, que son normales, nos derrumben. Aceptemos las caídas y equivocaciones, y pidamos disculpas reiniciando la marcha.

Concluyo con la misma oración con la que termina Jesús el diálogo (V 35) “Pero la sabiduría ha sido reconocida como justa por todos sus hijos”. l


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