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Palma Cané: “Por la situación crítica en la que estamos, la desaceleración de la economía mundial nos pega mal”

El contexto internacional condicionará al próximo Gobierno. Se prevé un 2020 con un bajo crecimiento y menos demanda de productos locales.

- 00:58 Economía

El próximo gobierno que asuma el 10 de diciembre, más allá de buscar una solución a todos los problemas internos que presenta la economía como el déficit fiscal y el endeudamiento, va a afrontar un contexto global en plena desaceleración económica, con lo cual el comercio exterior, que es una de las más importantes fuentes de ingresos para sostener la economía local, se va a ver comprometida al igual que la retracción de las potenciales inversiones que podrían llegar en un nuevo ciclo político.

Esta semana, la nueva directora del FMI Kristalina Georgieva, trazó un duro diagnóstico sobre la economía mundial. “Prevemos que el 90% del mundo crezca menos en 2019. La economía mundial se encuentra en una fase de desaceleración sincronizada”, señaló la búlgara. El economista especializado en mercados internacionales, Luis Palma Cané, se refirió en diálogo con EL LIBERAL al nuevo contexto económico y al impacto que traerá para una economía argentina que ya arrastra una mochila importante de problemas irresueltos.

“Lo que ha hecho Kristalina Georgieva es radiografiar lo que está sucediendo en la economía global, que es una clara desaceleración que hay que entender como una menor tasa de crecimiento . El FMI había comenzado este año con una estimación global del 3,9%, después lo bajó al 3,2% y la semana entrante en su segunda reunión anual, estimo que lo va a bajar al 3%”, indicó.

Pronóstico

Agregó que de confirmarse ese pronóstico, se romperá la tasa de crecimiento promedio de 3,5% que se venía dando desde 2012. “Está claro que la economía mundial está en desaceleración, así como veníamos con un crecimiento sincronizado, ahora estamos en una desaceleración sincronizada lo que quiere decir que todos los países van a bajar su tasa de crecimiento”, señaló.

Entre las causas de esta desaceleración ubicó a los problemas comerciales y geopolíticos. Entre los primeros, al conflicto comercial aún irresuelto entre EE.UU. y China. “La guerra de los aranceles que empezó en abril del 2018 y viene escalando, llega a tal punto que si no se ponen de acuerdo, a partir de fin de año tendríamos el 100% del comercio exterior entre China y EE.UU. gravado, con aranceles que irían entre el 15 y 25% contra el 5% que había antes. Ese es el primer factor que provoca la desaceleración”, señaló.

Faltantes

Por otro lado, “los conflictos geopolíticos que no sólo se han exacerbado los ya existentes: el brexit, la guerra civil en Siria, en Yemen, el conflicto del petróleo en Arabia Saudita, las revoluciones en Libia y en Sudán. Pero además, hay nuevos conflictos: el ‘impeachment’ en EE.UU., el bombardeo de las plantas de petróleo de Arabia Saudita y ahora este conflicto en Ecuador”. Destacó que todas esas situaciones, “han hecho que aumente notoriamente la incertidumbre y ante eso, los inversores dejan de invertir, los consumidores dejan de consumir y ahí está, a la vuelta de la esquina, la desaceleración”.

Pero, ¿cómo puede impactar todo este escenario en la economía doméstica? Para Palma Cané, “cuanto mayor sea esa desaceleración y mayores sean las probabilidades que se convierta en una recesión, más negativo va a ser para nosotros, para todas las economías, pero especialmente para la Argentina por la situación crítica en la que estamos. Estamos en una economía con falta de reservas, con recesión, con inflación, una incertidumbre política muy alta, con lo cual esto nos pega muy mal”.

El analista, destacó que “en un mundo recesivo, cae la demanda de todos los productos, entre ellos los comoditties. En la guerra comercial nadie gana y en el peor escenario, que la Argentina enfrente un mundo en recesión, es muy complicado, porque cada vez nos van a demandar menos y nosotros necesitamos exportar como se necesita el oxígeno para vivir”.

Agregó que “en la medida que esto sea una desaceleración tranquila, que después empiece a repuntar la economía, que se estabilice en un promedio de 2,5% por un año y luego empiece a repuntar, es una cosa, dentro de todo, no estaremos tan bien como antes pero estaríamos mucho mejor que si caemos en una recesión”.

¿La desaceleración puede derivar en recesión?

Consultado respecto de la duración de esta desaceleración en ciernes, señaló que “depende de la gravedad, de cómo evolucione esta tensión comercial. Si se pone cada vez peor y los conflictos políticos se siguen exacerbando, en ese caso es altamente probable que no alcancen las políticas fiscales y monetarias y es altamente probable que la economía mundial entre en recesión y en cuyo caso, para salir, son 2 ó 3 años como mínimo”.

A su vez, sobre cómo podría influir este nuevo escenario en la posibilidad del acceso al crédito del país, indicó que “por ahora la economía argentina no tiene acceso al crédito internacional, la situación que se tiene con un riesgo país que exige pagar 200 puntos básicos, arriba de un 20% en bonos a 10 años, nadie lo toma, entonces la Argentina hoy no tiene acceso al crédito. Si mejora su situación, lo va a tener, pero hay que ver qué mercado global enfrenta entonces. Si enfrenta un mercado recesivo, también va a estar limitado el crédito por el lado de la oferta”.

Asimismo, las herramientas que otros países que cuentan con superávit fiscal podrían aplicar como políticas fiscales expansivas y créditos para reactivar sus economías, son soluciones que en el país, ya están agotadas ya que la economía tiene un fuerte déficit fiscal.

La mayor o menor duración de la desaceleración global, “dependerá de cómo evolucione la tensión comercial, de cómo evolucionen los disturbios geopolíticos y cuán positiva o si se da el éxito positivo de las políticas de estímulo que se están llevando adelante para contrarrestar esta desaceleración. Estas políticas monetarias de estímulo como la baja en la tasa de interés y las políticas fiscales de estímulo, la expansión del gasto público, va a llegar sobre todo en aquellos países que tienen superávit fiscal, básicamente entre otros Alemania, Holanda y Corea del Sur.


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