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Comieron todos hasta saciarse y recogieron las sobras

Evangelio según San Mateo (15,29-37)

- 23:13 El Evangelio

En aquel tiempo, Jesús, se dirigió al mar de Galilea, subió al monte y se sentó en él. Acudió a él mucha gente llevando tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos y muchos otros; los ponían a sus pies, y él los curaba. La gente se admiraba al ver hablar a los mudos, sanos a los lisiados, andar a los tullidos y con vista a los ciegos, y daban gloria al Dios de Israel.

Jesús llamó a sus discípulos y dijo: “Siento compasión de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino”.

Los discípulos le dijeron: “¿De dónde vamos a sacar en un despoblado panes suficientes para saciar a tanta gente?”. Jesús les dijo: “¿Cuántos panes tenéis?”.

Ellos contestaron: “Siete y algunos peces”.

Él mandó a la gente que se sentara en el suelo. Tomó los siete panes y los peces, pronunció la acción de gracias, los partió y los fue dando a los discípulos, y los discípulos a la gente.

Comieron todos hasta saciarse y recogieron las sobras: siete canastos llenos.

Comentario

Cuando la gente veía la multitud de sufrientes sanados y liberados por Jesús, se admiraba y daba gloria a Dios. Eran el signo que el pueblo de Israel esperaba ver cuando el Mesías enviado llegara: así lo habían anunciado los profetas, como Isaías, que hoy nos habla del Reino como un gran banquete lleno de alegría y vida preparado para todos, en especial para los pobres y oprimidos. Y Jesús ofrece a la muchedumbre que le sigue un banquete de panes y peces compartidos y multiplicados. El signo es claro: ya ha llegado el Mesías para salvarnos.

En la espera de su venida, la de cada día y la del futuro definitivo, ahora es la Iglesia quien continúa la misión de Jesús. Y, en efecto, en muchos lugares y de diversas formas nos la encontramos rodeada de emigrantes, pueblos empobrecidos, indígenas excluidos, víctimas de la violencia o de la guerra, oprimidos y explotados, enfermos, ... Se nos ensancha el corazón viendo al Papa, o a tantos voluntarios, laicos y sacerdotes, seglares y religiosos, compartiendo la palabra, la presencia, el compromiso y la comida con los que más sufren en este mundo. Se nos ensancha al ver la alegría y la esperanza en sus rostros. Por desgracia, no siempre estamos con quienes deberíamos estar. A veces son otros los intereses que mueven nuestros corazones, y acabamos temiendo y rechazando al pobre, al inmigrante... Amenazan nuestros intereses...

Los discípulos de Jesús de hoy necesitamos más que nunca acompañar al Maestro allí donde Él quiere estar, con los que Él quiere estar. Y mirar con sus ojos de amor y misericordia a los más perdidos y a los que más sufren. Y sentir, hablar y actuar como Él: haciendo presente el Reino nuevo del amor, la equidad, la justicia y la paz para todos.

¿Acompañamos a Jesús a los lugares a los que Él quiere ir?, ¿estamos con los que Él quiere estar?, ¿hacemos lo que Él querría hacer? Nuestra vida, comunidades, lo que sentimos, decimos y hacemos, ¿hace presente el Reino?, ¿trae alegría y esperanza a los que más sufren?, ¿anuncia la llegada del Salvador?


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