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Desafió los prejuicios, se sumergió en un mundo culturalmente “masculino” y hoy cumplió su sueño de recorrer las rutas argentinas

Es oriunda de Fernández, pero gracias a su pasión por la conducción vivió en varias provincias. Hoy, instalada en Forres, se alista para recorrer las rutas del país, junto a su hija de 7 años. Una historia de superación absoluta.

- 00:23 Santiago

Vivir sobre ruedas siempre fue su pasión. Sin embargo, era “meterse” en un mundo que culturalmente “no le correspondía”. Aún así insistió y hoy, a sus 35 años, con una hija de 7, se convirtió en una conductora profesional de vehículos de carga, para seguir así una tradición familiar.

Rocío Díaz es oriunda de Fernández. Ella es “Dey” para todos. Cursó sus estudios en su ciudad natal, y luego se fue a vivir a Mendoza. Es la menor de 7 hermanos (3 mujeres y 4 varones).

“Uno de mis hermanos es camionero, vive en Mendoza y viaja a Chile. Cuando era joven hice unos viajes con él, le pedía que me enseñe a manejar y su respuesta siempre fue negativa, porque su hermanita menor, o sea yo, debía estudiar. “Este oficio no es para vos” me decía. Pero yo, siempre interesada en ese mundo del transporte de cargas, empecé a estudiar para Despachante de Aduana y Agente de Transporte Aduanero, hasta que el destino me llevó a encontrarme con mi marido. Luego de terminar la Secundaria me fui a vivir a Mendoza. Pero después de muchos años dejo esa provincia para instalarme en Santa Isabel, provincia de Santa Fe. Con él aprendí a manejar, en un Chevrolet C60, cargábamos cereales, me daba el camión para que entrara a los campos a cargar, y yo era feliz”, cuenta Rocío. Mientras, entre risas recuerda que los compañeros de su marido “se persignaban al verme al volante”.

“Después ya me hice conocida en su entorno, me veían sacar la lona para cargar, me veían encarpar. Y así fui metiéndome más en este mundo de los camiones, Mi sueño siempre fue ése, ser conductora profesional, pero lo dejé de lado cuando nació mi nena. Me dediqué por completo a ella y a su crianza, sin dejar los viajes de lado”, explica.

Pero un día, “Dey” sintió que su sueño no podía ser postergado ni un segundo más. Fue entonces cuando retomó su “lucha”.

“En la primera semana de noviembre, me pasaron unas situaciones personales fuertes, y ahí dije es el momento de concretar mi sueño. Hablé con mi marido, y él siempre me impulsó a mis deseos, con su incondicional apoyo. Hablé con mi hija y ella feliz de que su mamá sea una “chofera” como dice. Luego consulté con ansiedad e incertidumbre en la Unidad Académica de Isitrans; la atención vía whatsapp fue excelente, me motivaron mucho, pero mi duda seguía: tenía miedo del qué dirán. No fue fácil esa fase. Se me vinieron muchas cosas a la mente que nuevamente me frenaron”, cuenta sobre su camino al sueño.

“No vas a poder”. “Estás loca”. “Es un capricho”. Eran sólo algunas de las opiniones frustrantes con las que se topaba en este camino.

“Todo por ser mujer. Recibí críticas destructivas que realmente me dolieron, porque no se fijaban que no era un capricho ni que estaba loca, era mi sueño. Pero fui rompiendo esas barreras, con la ayuda de mi marido, de mis padres. Entonces me decidí, volví a contactarme y me inscribí en el Curso de Isitrans. Esa decisión fue casi secreta, porque sólo lo sabían mis padres, mi sobrina y mi marido, nadie más. No les había contado ni a mis hermanos. Yo quería aprobar en base a mis conocimientos, no porque me enseñaron sobre cómo es el curso, y así fue. El curso fue de 5 días, en el Nodo Tecnológico, donde enseñan teórico prácticos con evaluaciones todos los días. Yo era la única mujer del curso que se involucró en el mundo de los hombres. Y ellos no podían creerlo. Me sentía rara, me hicieron la entrevista porque yo era la primera conductora profesional de Santiago del Estero. Hoy puedo decir que cumplí mi sueño”, confiesa “Dey” aún emocionada y a la espera de un trabajo, ahora ya con habilitación en mano.


Sueño compartido: la hija de Rocío quiere ser “chofera” como su mamá
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Su hija: su motor. Con apenas 7 años, Kathie ya recorrió miles de kilómetros junto a su mamá y así es feliz. 

“Kathie es parte de esta historia. Ella, al igual que yo ama los viajes, ama lo que hacemos. Es más, dice que cuando sea grande será ‘chofera’ como su mamá”, cuenta entre risas.

Además, sostiene de Rocío: “Ella se adapta a todo. Es mi fiel compañera. Y si por algún motivo tiene que quedarse, ya sea por la escuela o porque simplemente no puede viajar, nunca hace problemas. Entendió todo desde el minuto cero”. 

Ella fue siempre su impulso, aunque las malas vibras hacían estragos en su interior.

“Jamás dejé de viajar, aunque con ella postergué por un tiempo mi sueño. Hasta los 9 meses en mi panza viajamos. Sin embargo, siempre, con la idea fija de querer ser conductora. Pero como soy mujer nunca iba a poder, o al menos así me decían. Pasé por varios oficios, fui peluquera, vendí ropa, calzados vía online durante 3 años, hice cosas y nada me completaba en lo personal. Siempre esperaba un finde largo o una oportunidad para viajar con mi marido. Lo observaba, escuchaba sus consejos y también consejos de mi papá que supo guiarme y orientarme en las rutas”, recuerda “Dey” sobre el camino hacia la concreción de su sueño.

Finalmente, la conductora recuerda el día culminante de su sueño hecho realidad.

Hasta que llegó el día: “El ultimo día de curso, me sentí feliz, sin saber el resultado si aprobé o no, les dije a mis instructores ‘yo ya gané’. Porque sentía que había podido luchar con los miedos, pude seguir adelante, confié en mi misma, confié en ese camino que me llevaba a mi deseo, y eso para mí era un gran logro. El haber roto barreras de perjuicios y el ‘no vas a poder por ser mujer’ fue todo para mí. Y al final de ese día, saber que aprobé, fue una emoción grandísima. Sentía que había obtenido la última pieza para completar mi vida, me sentía plenamente feliz”.l


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