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Cine apologético

Por María Rita Oubiña Periodista

- 08:41 Opinión

Leo que “El robo del siglo” llegó al millón de espectadores. Yo la vi, buena, ágil y tramposa. Tan tramposa como lo fue “El ángel” o “El clan”. Todas muy bien hechas. Alguna vez también vi de soslayo algún pasaje de “Rápidos y furiosos -enésima” en la que enseñaban cómo era de fácil recorrer las calles de cualquier lugar, entre tiros y a velocidad extrema.

Las hacen tan bien que una empatiza con los protagonistas. Error. Nunca olvidaré la escena de “Carlitos” en El Ángel, cuando su mamá le prepara las milanesas con puré y limón, porque al “nene” le gustaban así. El nene ya llevaba encima, a esa altura de la trama, unos cuantos muertos.

Y así también con “El robo del siglo”. Los personajes, para ser eso, personajes, son carismáticos, están encarnados por actores que se dedican a seducir a un público variopinto. Y así atraviesan prejuicios, y estando en los roles de los personajes de Robledo Puch o Vitette Sellanes, se genera una complicidad con la gente, de tal suerte que el pasivo espectador, olvida quiénes fueron los personajes que ve en 24 cuadros por segundo.

Pasa que la vida no ocurre en 24 cuadros por segundo, son 24 horas que conforman un día. Hay en la vida real otra densidad. Esa misma confusión hace que estas películas sean contraproducentes. Simplemente porque son apologéticas. Y cuando leí que “El robo del siglo” llevó un millón de personas a las salas, me imaginé que los que robaron en La Matanza, matando a un cajero hijo de santiagueños, de 31 años, vieron la película un par de veces. No pude dejar de unir los puntos. La gente se muere en serio aquí afuera

¿Quién no quiere a Guillermo Francella? pasa que Francella se pone en el rol de Vitette Sellanes o de Arquímedes Puccio, y nos hace olvidar de que Sellanes pergeñó el robo del Banco Río y - según cuenta el periodista Luis Beldi, también se llevó puesta la vida de un hombre, y que Puccio fue el asesino más macabro que recuerde la historia.

¿Quién no piensa que Lorenzo Ferro es un hermoso chico?, claro, ese mismo chico bonito encarnó a Carlos Robledo Puch, un asesino a sangre fría que los medios de ese entonces dieron a llamar “El ángel” por sus rasgos de querubín.

“Robo del siglo”, nexo: muerte del chico Chávez. Es una ligazón que hace mi mente, ya mal predispuesta a la realización de películas que hacen el panegírico de grandes delitos nacionales.

A Chávez (el cajero de La Matanza) no lo mató Ariel Winograd (el director de “El robo...”) pero sí lo mata una serie de eventos desafortunados que concluyeron en su muerte. Voy a fatigar este concepto de que a la gente la mata no sólo el ejecutor virtual, sino una sociedad que está dispuesta a la agresión, a abrevar de ella, a exhibirla, a pavonearla y tal vez a ejercitarla.

Hitler, sobre quien no debo abundar en detalles, usaba el cine como modo de propaganda, porque el espectador del séptimo arte es el más pasivo de todos. Está inmóvil, no deambula por su casa, ni cambia de canal, ni va a tomar un café. El, algo sabía de esto.

Bang, bang y más bang ¿y ahora, quién podrá defendernos?l


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