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Damián Tintorelli, el “pibe” de 38 que juega cada día mejor

Nació en Junín, pero dejó su huella en Paraná, Italia, Rafaela, Corrientes y Mar del Plata, aunque Santiago se convirtió en su segunda casa.

- 02:23 Deportivo

Por Daniel Romero

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Caminando por la plaza Libertad junto a Damián Tintorelli es imposible pasar inadvertido. Su altura (2,05) y su vestimenta (chomba oficial de Olímpico) le permiten a la gente que transita por el lugar identificarlo como jugador de básquet y detenerse a observarlo en plena producción fotográfica.

Y si está en cancha, jugando un partido oficial, sólo los que lo conocen bien podrían acertar una respuesta vinculada con su edad. Es que “Tinto”, como se lo conoce popularmente, está en un gran momento y se ha convertido en referente del plantel.

“Arranqué con 4 años en el Club Junín, que estaba muy cerquita de mi casa. Mi viejo me había regalado una pelota de fútbol y yo en vez de patearla, la picaba. Después, me fui a otro club cercano, 9 de Julio, donde estuve un tiempito. Y a partir de los 10 años, jugué en el Club Los Indios, pero además hacía fútbol en el Club La Loba y handbol en la escuela. En un momento ya no daba para más, porque en Los Indios jugaba en dos categorías y tenía que elegir, porque también debía estudiar”, comentó acerca de sus primeros pasos en el deporte.

“Seguí en Los Indios hasta los 15 años. Después, me fui a un campus en Santa Rosa, pero no quedé. Y a los 6 meses, me llamaron para ir a uno de Paraná. Había unos 80 chicos y ahí sí quedé junto con Federico Van Lacke y Pablo Jaworski. El tema es que era muy chico y mi familia no quería. Walter Mansilla, que hoy en día es un gran amigo, fue a hablar con mis viejos para tratar de convencerlos de que era una oportunidad muy linda. Y me dejaron ir para cumplir ese sueño que tenía”, agregó emocionado.

En Paraná, su vida cambió. “Llegamos a una casa donde había siete u ocho reclutados, entre los que estaba Antonio Porta, los mellizos Fernández, Adolfo Ramos, Diego Faltoni y Souto. Fue la experiencia más linda que tuve en mi vida, porque estaba en una casa, con todos los chicos de mi edad y haciendo lo que nos gustaba. Eso sí, mis viejos iban todos los viernes, se quedaban sábado y domingo y después volvían”.

En Echagüe, la fortuna estuvo de su lado: “A los dos años de reclutados, con 17, ya tocábamos algunos minutos de TNA, pero llegamos a una instancia en la que el club no estaba bien económicamente y se vio obligado a jugar con todos los chicos, la “Vieja” Pautasso, Heis y un extranjero. Eso nos dio una oportunidad buena a nosotros. Llegamos a cuartos de final, con Silvio Santander como entrenador principal. Fue un año muy bueno para todos”.

El destino lo llevó a la A2 de Italia, donde jugó cuatro años con la camiseta del Aironi Novara. “En el primer año jugaba poco, pero en los restantes empecé a jugar más. Ellos tenían interés en renovarme, pero surgió una posibilidad en Ben Hur de Rafaela, donde estaba Julio Lamas. Y yo como que quería volver, porque cometí el error de jugar muchos años y no volver. Me acuerdo que mi primera Navidad la pasé solo, con la computadora. Manuel Vanuzzo, que jugó en la selección italiana, me invitó a pasar con su familia, pero no quise porque pensé que iba a estar más cómodo solo. Era la medianoche, salí al balcón y no había fuegos artificiales. Me llamó por teléfono Vanuzzo para invitarme a ir a la Iglesia. No entendía nada (risas). Eran costumbres diferentes”, comentó a modo de anécdota.

Regreso al país

Damián Tintorelli decidió volver y jugó la temporada 2006/2007 en Ben Hur de Rafaela, con Julio Lamas como entrenador. “Perdimos en cuartos de final con el Boca que salió campeón y que tenía a Leo Gutiérrez. Metimos los dos primeros de visitante y volvimos a Rafaela medio relajados. Leo, que se estaba recuperando de un desgarro, entró en el tercer cuarto y metió tres bombas que nos dio vuelta el partido. Después, con mucha presión, perdimos el cuarto juego sobre el final. Y al quinto fuimos a jugar allá y también lo perdimos”, recordó.

Su siguiente club fue Regatas Corrientes, donde dejó gratos recuerdos: “Me llamó Silvio (Santander) y ese año salimos campeones sudamericanos, ganamos el Súper 8, pero en la Liga nos quedamos sin combustible. Teníamos un gran equipo y ahí me quedé dos años”.

En el 2009, llegó a Quimsa de la mano del “Negro Romano, volvió a consagrarse campeón sudamericano y terminó quedándose siete años. Sin embargo, su mejor recuerdo fue sin dudas el nacimiento de Agostina, producto de su relación con Flor.

“No nació aquí, porque fue en un receso. Ella no podía moverse mucho, porque era una beba grande. Me vine a la pretemporada y ella se quedó en Junín. La Liga arrancaba en octubre y Agostina nació el 8. Flor no quería parto natural y fue a cesárea. Después de un partido, Silvio (Santander) me dio libre. Agarré la camioneta, me fui a Junín, llegué a las 10 y a las 10.05 entró al quirófano. Después a los tres días jugábamos. Silvio quería que esté. Me felicitó, pero después me puso: “¿Cuándo venís? (risas). Llegué a la noche y al otro día jugamos. Le ganamos a Libertad”, comentó con una sonrisa.

Tras jugar en San Martín de Corrientes, “Tinto” volvió a la provincia, esta vez para jugar en Olímpico, pero sólo estuvo una temporada. Después pasó a Peñarol, donde tuvo como entrenador a “Leo” Gutiérrez, que lo convocó para volver a vestir la camiseta del “Negro”.

Su segundo ciclo en Olímpico marcha sobre ruedas. “Físicamente me siento muy bien. Cuando estaba en Quimsa tenía un problema en la rodilla. Llegó un momento que me dolía siempre la rodilla y ya jugaba sin saltar para no esforzar. Después de que me operé, me quedó un dolor leve y en un momento me dejó de doler. Hoy me siento bien, me siento mejor que antes. Por ahí, disfruto mucho más. Un poco más cansado, puede ser, pero sin dolor”, explicó reconfortado.

Damián mantiene la idea de que a los últimos pasos de su carrera deportiva los dará en su ciudad natural. “Volvería a Junín, porque a mi familia la disfruté muy poco. Mi hermano menor nació cuando yo estaba afuera. Entonces, uno quiere volver para reencontrarse con todo eso, porque nunca es tarde. Soy consciente de que esto es corto y tengo que construir un futuro para mi hija”, indicó.l


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