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Lectura del santo evangelio según san Lucas 10, 1-9

- 22:29 El Evangelio

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía:

“La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies.

¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino.

Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa.” Y, si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.

Quedaos en la misma casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan, porque el obrero merece su salario.

No andéis cambiando de casa.

Si entráis en una ciudad y os reciben, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, en ella y decidles: “El reino de Dios ha llegado a vosotros””.

Reflexión

Lo de Jesús y su evangelio nunca fue fácil. Bien sabe Jesús que lo suyo es un auténtico tesoro, que contiene no oro y plata, sino algo más sabroso y necesario para cualquier hombre: amor, sentido, esperanza, alegría... Un tesoro que vino a ofrecer a toda la humanidad. Pero desde el inicio, vemos que unos, con gran gozo, le aceptan y le meten en sus vidas. Y, sin embargo, otros, también desde el principio, le rechazan. Algunos le rechazaron hasta llevarle a morir injustamente en una cruz.

Jesús, en un momento de su vida, como nos relata el pasaje evangélico de hoy, elige a setenta y dos para que vayan por los pueblos, le preparen el camino y difundan su buena noticia. Pero no les engaña. Les advierte que unos les recibirán y otros le rechazarán. Y se lo dice de manera bien expresiva: “Mirad que os mando como corderos en medio de lobos”.

Su tarea es difícil porque se trata de que siendo corderos conviertan a los lobos en corderos, que conviertan a la fraternidad y al amor universal a los que no se sienten hermanos y se creen con licencia para hacer daño a los demás, llegando hasta matar.

La historia del cristianismo es la historia de la alegría y del dolor. De la alegría de los cristianos predicadores al experimentar que muchos de sus oyentes colocan a Jesús en el centro de sus corazones, y de su dolor, al ver que muchos rechazan el sublime tesoro de Jesús y su evangelio.

La lectura cuenta que a Pablo y Bernabé les salió Jesús a su encuentro y le sedujo amorosamente. Vivir con él, seguir su camino era lo mejor que les había pasado en su vida. Y Jesús les pidió algo más, les repitió lo que había dicho a sus primeros apóstoles: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio”. Y Pablo y Bernabé, sabiendo que el evangelio de Jesús era la mejor noticia que podían ofrecer a sus oyentes, se pusieron manos a la obra y comenzaron a predicar el evangelio a sus hermanos judíos.

Cuando estos les rechazaron, no se quedaron parados, saltaron las fronteras judías y fueron a predicar la buena noticia a los gentiles, que la recibieron con gran alegría. “La palabra del Señor se iba difundiendo por toda la región”. l


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