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Tu cuerpo no lo sabe - (La sobrestimación de los fines de semana)

- 08:04 Opinión

Por María Rita Oubiña. Periodista.

Hace un tiempo ya, se puso de moda la frase "es viernes y tu cuerpo lo sabe" y contrajo gran popularidad. Según la mitología los viernes son los días de Venus, la diosa del amor y la fertilidad. Tal vez el mundo occidental, sobre todo en este confín del globo, la honre demasiado.

A diferencia de la mayoría de las personas, no me gustan los viernes ni los fines de semana. Las razones que me llevaron a este rechazo tal vez poco explicable,  tienen una raíz personalísima pero tratando de ser objetiva, mi razón más aproximada es que son el prefacio de muchos excesos.

A la par de la llegada de días sin horarios ni responsabilidades,  sobreviene una suerte de catarsis de expresiones desbordantes.

Se hace un culto al viernes como el anticipo de una alegría ilimitada, de un par de copas de más, de mucho ruido, tanto que aturda y nos haga olvidar de la vida cotidiana. Como si esa vida cotidiana remitiera a un tedio del que no pudiéramos escapar, de una vida llena de costumbres, horarios, trayectos y obligaciones que detestamos.


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En general, la mayoría de los mortales no tiene la bendición de vivir de una pasión, de algo que realmente ama. Subsiste entonces como una suerte de máquina que reproduce a diario una serie de acontecimientos, muchos de los cuales ni recuerda cómo hace porque están tan incorporados al ritmo propio que ni toma conciencia de la mecanicidad con la que llega a hacerlo todo.

Pareciera que los viernes se convirtieran en la anticipación de una supina alegría, y para acompañar la  pausa del "tedio", está la ortopedia etílica, musical, velocimétrica...

No en vano los mayores registros de vidas que se truncan, de accidentes, de disturbios varios, se dan esos días de descanso.

En medio del "culto a la diosa Venus" la gente se muere, se quema, se ataca, en fin, elude la vida que tanto pareciera agobiarlo.

En ese afán por olvidar el yugo semanal, muchos sobrepasan los márgenes, de tal suerte que la mayoría de los hechos luctuosos ocurren en los días libres, libres de horarios, de colas en los lugares de pago, de ver caras que querrían poner en el centro de un tiro al blanco o en un pushing ball.

Para peor, a alguien se le ocurrió el término "es viernes y tu ..." y lo que sabe ese cuerpo es que tiene una suerte de libertad condicional por dos días, con mucha suerte cuatro. Y el mensaje instalado es que la única felicidad está destinada a ocurrir en esas pausas entre semanas. El metamensaje es "tu vida es un tedio, lo único que te queda es delirar desde el viernes hasta el domingo" y la realidad que toca desde el lunes es una piedra pesada que debemos llevar sobre nuestras espaldas con una enorme resignación. Cuando la filosofía debería ser distinta.

Tendríamos que pugnar por ser más felices aún los días activos, de disfrutar de la vida que no toca, y reír pase lo que pasare.  Porque realmente los días tristes son muy otros, hay días oscuros de verdad, cuando las tragedias ocurren. Porque a veces, les aseguro, ocurren.

Y mientras tanto vivimos la vida en espera, aguardando que nos hablen del "pre-viernes" o de "por fin es viernes" y evitando la depresión del domingo a la tarde con un sacudón de algún paliativo amnésico del lunes en ciernes.

La vida no son paréntesis vacíos, es lo que está entre los paréntesis. Por eso lo ideal es vivirla mejor, con las herramientas que cada uno tenga, aunque de seguro hay una que todos sin excepción poseemos: el deseo.


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Los seres humanos,  algunos con mayor sinuosidad que otros, vamos desandando un camino cuyo fin no sabemos. Transitarlo pues con la mejor disposición es una meta posible.  Deberíamos hacer el camino de lunes a viernes con el mayor deseo de ir aliviados, no sólo los fines de semana.

A veces los sábados nos esperan las peores noticias y mirando a un martes podríamos llegar a pensar que al fin y al cabo aquél no fue el peor día de nuestras vidas.

Nuestros cuerpos no saben si es lunes o viernes, nosotros construimos la realidad, en la que tal vez con la misma arbitrariedad con la que le asignamos el poder de Venus a un viernes, le demos la alegría de todos los dioses de la felicidad a un lunes a las 7 de la mañana.

Nunca sabemos cuándo caerá la "última hoja en el calendario".


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