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Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 5, 20-22. 27-28. 33-34.37

- 21:46 El Evangelio

La llegada del Reino con Jesús supone un hombre nuevo, una nueva humanidad que nace del amor. Por eso,  Jesús radicaliza la ley antigua,  porque el que ama a su hermano no lo ofenderá de ningún modo. El amor al hermano que se expresa de múltiples maneras es la medida de la conversión e inserción de los discípulos en la vida nueva que el Reino trae. La ley antigua y la  casuística de los Escribas y Fariseos son superadas por el amor al prójimo. 

El procedimiento didáctico de Mateo que se expresa en fórmula antitética “pero yo les digo” contrapone la palabra de Jesús a la tradición del Antiguo Testamento. De esta manera Jesús exige para sí lo que es propio de Dios.

Jesús radicaliza el mandamiento “no matar”, exigiendo a los discípulos amar al prójimo de tal manera que nunca se lo ofenda. Cualquier palabra, gesto o actitud de ofensa del hermano es reprobada por Dios, porque en el Reino la única norma que moviliza la conducta de los discípulos es el  amor.

Igualmente la prohibición del adulterio no es para preservar al discípulo de la impureza, sino para evitar hacer daño a otra unión conyugal. El adulterio para el hombre no era la infidelidad a su propia esposa, sino el rapto de la esposa del prójimo. Para Jesús, mirar (codiciar) con el propósito de arrebatar la mujer del prójimo es motivo de reproche. Por lo tanto, se trata aquí de profundizar el precepto que revela no sólo las intenciones del corazón sino la actitud concreta de tomar lo ajeno: en este caso la mujer del hermano.

El no jurar no se refiere a las relaciones humanas sino a un deber hacia Dios. El judaísmo rabínico tenía innumerables sentencias que regulaban el uso de los juramentos y condenaba los abusos. Los hombres juraban para evitar nombrar a Dios. Jesús condena todo juramento, porque Dios ya está presente en su reino, y sobre todo en su Hijo que vive resucitado en la comunidad creyente. Su presencia hace inicuo todo juramento, los discípulos deben tener un hablar y un actuar transparente: “si, si”, “no, no”, todo lo demás es expresión de mentira y de un corazón necesitado de conversión.

Conclusión

El papa Francisco insiste en la necesidad de conversión de la Iglesia, de sus estructuras, de su modo de relacionarse con el mundo, en la  manera de comunicar a Jesús. Nos dice, que para que esto suceda es necesario la conversión de los cristianos, sólo con “hombres nuevos” será posible una nueva Iglesia y una nueva humanidad. La conversión requiere poner el oído y el corazón en la Palabra de Dios y en las esperanzas y anhelos de su  pueblo, de esa manera es el mismo Dios el que produce los cambios, anima las transformaciones personales y estructurales y nos impulsa a ser testigos de su Reino. Llevando la Buena Noticia y sirviendo a los hermanos vamos detrás de las huellas del Nazareno, que sigue  haciendo Reino entre nosotros, buscando la salvación de su pueblo.  


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