×

“¿Por qué esta generación reclama un signo?”

Evangelio según san Marcos 8, 11-13

- 23:11 El Evangelio

En aquel tiempo, se presentaron los fariseos y se pusieron a discutir con Jesús; para ponerlo a prueba, le pidieron un signo del cielo.

Jesús dio un profundo suspiro y dijo:

“¿Por qué esta generación reclama un signo? En verdad os digo que no se le dará un signo a esta generación”.

Los dejó, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla.

Reflexión

En el Evangelio de hoy vemos cómo los fariseos no entendieron nada, ni percibieron el significado de la multiplicación de los panes y los peces. Y discutieron con Jesús pidiéndole un signo.

Hoy seguimos sin enterarnos de nada, pedimos signos y, sin embargo, tenemos el signo mayor, el propio Jesús, su Vida, su Resurrección. Qué tristeza no sería la de Jesús en ese tiempo y en nuestros días, ante tanta ceguera, ante tanta indiferencia.

Así que Jesús se marchó sin darles ningún signo. Si se lo estaba dando todo y ellos no querían ver, sus ojos, los del corazón, estaban demasiado cerrados, y así no se puede ver nada, todo está oscuro, vacío, hueco. Se nos muestra la belleza de la vida, la abundancia del amor, de la entrega, y no vemos nada, no queremos ver.

Nuestra fe es débil , queremos tener pruebas, signos, que nos demuestren , que nos hagan ver. No dejamos de pedir señales así como lo hacían los judíos cuando Pablo les predicaba, pero la única señal que se les podía dar, que constantemente él presentaba era la Cruz y la Resurrección.

No podemos rechazar la oportunidad que Jesús nos da para creer, para sabernos salvados por su Amor. Porque nos amó hasta el extremo, hasta dar la vida, y no nos enteramos, no lo vemos. Sí, sé que me repito en lo mismo, pero eso es lo que necesitamos, que nos lo repitan una y otra vez para que dejemos de estar tan ciegos, tan sordos. No podemos endurecer nuestro corazón ante tanto Amor, debemos estar dispuestos a reconocer a Jesús.

Quizá los fariseos le pedían una señal espectacular, como las que hizo Moisés ante el faraón..., el milagro de los panes y los peces no les parecía suficiente, no era un milagro grande; o los enfermos que curaba, no, eso no era espectacular. Por muchas señales que hubiera hecho Jesús, hubiese dado igual, no creerían, había falta de fe, y seguimos sin fe.

Si alguna vez nos doliésemos de los pecados de los otros, de su propio dolor, de sus soledades, de sus angustias, de sus muertes en vida, ese amor que Cristo nos tiene lo sentiríamos en el hermano, y así nuestra fe, volvería a nacer, a crecer y a fortalecerse.

Abramos los ojos de nuestro corazón al amor, a la esperanza, y hagamos de nuestra oración un constante diálogo con Dios para que nuestra fe sea fuerte.

Debemos estar atentos para no dejarnos contagiar por esa levadura de la incomprensión e incredulidad de los que nos rodean. Debemos abrir nuestro corazón y reconocer con los ojos de la fe cuál es la verdadera identidad de Jesús, ese mismo Jesús que se ha revelado en la multiplicación de los panes y los peces, como ese pastor mesiánico, el único portador de nuestra salvación.

¡Qué mayor signo que el de Cristo que vive en cada uno de nosotros!

Lecturas

Santiago se hace hoy muy actual; constantemente van a probar nuestra fe en este tiempo que nos ha tocado vivir, en el que casi podemos decir que estamos en un mundo sin Dios, mejor dicho un mundo en el que no se quiere a Dios. Se le rechaza, se le critica, se le juzga, se le odia. A nosotros cristianos se nos pide fortaleza en la fe. El estilo de vida que llevamos como seguidores de Jesús debe ser auténtico y hay que vivirlo y transmitirlo.

Santiago al comenzar su carta se presenta como servidor de Dios y de Jesús, no alardea de ello sino que lo hace desde la máxima humildad. Y eso somos, fieles siervos de Dios y de Jesús para hacer vivo el Evangelio, para ser fuertes en las pruebas, pues son muchas y de diversas formas se nos hacen presentes.


Más noticias de hoy