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Lo que decimos construye: cómo usar el lenguaje para amplicar y no limitar

Las palabras forjan las ideas; las ideas, tus pensamientos. Tus pensamientos generan emociones; esas emociones determinan los sentimientos con que te vas a relacionar con la realidad. Si cambiás la forma de construir esta cadena, transformás el resultado.

- 11:45 El Cronista

Hace tiempo leí un texto que sintetiza una serie de comportamientos acerca del vocabulario de la limitación. Se trata de una dinámica inconsciente por la que la persona e incluso las empresas, sin darse cuenta, están restringiendo permanentemente su capacidad creativa de abundancia y prosperidad, no sólo en lo económico sino también en las relaciones, trabajo y motivación.

En esos entornos el lenguaje está plagado de “ojalá”, “vamos a ver”, “hay que probar suerte”, “algún día”, “imposible”, “jamás llegaré a eso”, “las oportunidades son para los otros”: esto es limitación mental en estado puro a través del vocabulario que utilizás.

Las palabras forjan las ideas; las ideas, tus pensamientos. Tus pensamientos generan emociones; esas emociones determinan los sentimientos con que te vas a relacionar con las acciones concretas que vivís en la realidad. Si cambiás la forma de construir esta cadena, transformas el resultado.

Basado en ese texto -del que no he podido identificar el autor hasta el momento-, te invito a revisar el vocabulario de la pobreza para tomar consciencia de su enorme poder limitante cuando lo que se quiere es expandir los logros, motivación y éxito, ya sea como individuo o empresa, o un equipo de trabajo.

Lo que decimos lo construimos

Las palabras no son inocentes y están cargadas de significado; de esta forma, cada pensamiento genera un estado de consciencia, y ese estado se manifiesta tal cual en la realidad. En este sentido, las palabras que fomentan más carencia están metidas de raíz en las conversaciones, nos hablan al oído permanentemente y es por eso que se transforman en anclas pesadas que nos sumergen en la profundidad de las carencias.

Y es por esto por lo que:

No te alcanza el dinero

No avanzás en el trabajo

No lográs estabilizar tus deudas

No aparecen propuestas ni oportunidades

No entra gente a tu negocio ni compran tus productos o servicios

No crece la empresa; se van los mejores talentos, falta innovación e iniciativa.

Palabras contaminadas

Estas expresiones tan cotidianas están plagadas de virus de la carencia. Si las erradicás de tu vocabulario personal y empresarial aprenderás rápidamente a dar vuelta ese esquema que te limita, para pasar a otro de expansión que aliente tu crecimiento:

1) “POCO A POCO”

Cuando una persona o empresa comienza algo, exclaman: ¡vamos a avanzar poco a poco! La palabra “poco” significa escaso. ¿Qué imagen ves cuándo escuchas la palabra “poco”? Presta atención a esto: "Lo haremos poco a poco" versus "Lo haremos paso a paso." La segunda expresión es más edificante, construye un cuadro mental de más fuerza.

2) “NECESITO”

Es otra expresión que se usa con mucha frecuencia y significa, exactamente, “carencia”. “Necesito un trabajo”, “necesito dinero”, “necesito mejorar”, “necesito apoyo” son expresiones reactivas y desde el lugar de víctima de tu realidad.

En vez de expresar tus “necesito”, cámbialo por el “quiero” y el “elijo”: “quiero dinero, quiero mejorar, elijo cambiar”. En el trabajo es posible expandir esto en la consciencia colectiva de todos. El solo hecho de pronunciarlas de esta forma te coloca en una posición ACTIVA, de voluntad y en movimiento hacia lo que SÍ quieres lograr.

3) “VOY A TRATAR”

¿Cuántas veces por día dices “voy a tratar”? Sucede que tratar no funciona, porque pone en el terreno de tu duda interna la posibilidad de lograr lo que sea. Tratar es intentar. Aunque “intentar” no significa hacerlo. “El mundo está lleno de ‘tratadistas’”, dijo alguien. Lo que se necesita es gente que haga, que actúe, que lleve a la acción lo que dice.

Cambialo por “¡Lo haré!”/”Lo haremos”. Esto cambia el resultado, porque cada vez que decís “voy a tratar” acostumbrás a tu mente a “intentar”, a “negociar” para que algún día-tal vezquizás lo logres. Entonces, no negocies con tu mente: genera una orden clara y significativa para que el subconsciente respete tu decisión.

4) “VALE LA PENA”

Esta expresión es sumamente restrictiva ya que “vale la pena” es como si dijeras: “la pena tiene valor”. Y “pena” significa dolor, angustia, tristeza. En reemplazo de “vale la pena” declara “¡vale el esfuerzo!”, “vale la alegría”, “¡vale hacerlo realidad!”.

5) “EN LA LUCHA”

Es común que te encuentras con alguien y, al preguntarle cómo está, responde con “en la lucha” o “Bien… o te cuento”. Lo que no te das cuenta es que en tu afirmación inconsciente estás creando la idea de “luchar” contra la vida, y esto genera que cada día lo conviertas en una batalla por librar. Para cambiar esta construcción inconsciente restringida utiliza expresiones como “Muy bien”, “Excelente”, “Avanzando cada día”.

6) “ES LA VIDA DEL POBRE”

Para terminar este diccionario de la pobreza, esta frase que quizás quieras erradicar completamente de tu léxico personal y laboral. No sólo es limitante, sino que te posiciona en un lugar de total indefensión, como si tu destino estuviese marcado por la pobreza. En vez de decir eso, expresa “Agradezco la vida que tengo y voy por más” o “Tengo una vida sencilla y estoy creando lo que quiero”. Recuerda que una palabra es un pensamiento hablado. Y un pensamiento es una palabra o una frase en silencio. En ambos casos crean dentro tuyo una emoción, que es la que determina el comportamiento que luego llevas a la realidad en tus acciones. Cambiando esa cadena interna podrás modificar la realidad en la que vives, y, como has visto, “Bien vale esta experiencia de transformación”. Lo que decimos construye: cómo usar el lenguaje para amplificar

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