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“Rompe cráneos”: el grave reto adolescente con el que llaman la atención de su entorno

Según la mirada de especialistas, los chicos están muy predispuestos a imitar conductas peligrosas, en clara demostración de que hay cuestiones propias de su edad que no pueden elaborar por sí solos.

- 00:50 Santiago

Cada vez con mayor frecuencia se presentan en los últimos tiempos, retos que se viralizan y que buscan poner a prueba las habilidades y la creatividad de los usuarios. Lamentablemente, no todos los desafíos son inofensivos, y lejos de divertir y arrancar una carcajada, ponen en riesgo la vida de los participantes.

En las últimas semanas, un nuevo reto viral se volvió tendencia entre adolescentes de todo el mundo, y puso en alerta a padres y a autoridades por su alto grado de peligrosidad.

Este reto se llama el “rompe cráneos”, y para hacer el desafío, tres personas deben contar hasta tres para saltar. El objetivo es dejar que dos de los participantes esperen el momento perfecto para meterle una zancadilla al que está en el medio, provocando que este caiga totalmente de espalda con el riesgo de golpearse bruscamente en la nuca.

La tendencia nació en Venezuela, se expandió rápidamente por todo el mundo, y cobró su primera víctima fatal en la ciudad de Manila, en Filipinas. Una adolescente de 16 años murió después de que aceptó el reto y se golpeó fuertemente la cabeza.

Conductas

Para analizar el tema, EL LIBERAL requirió la visión profesional de las licenciadas en Psicología Emily Azar y Rosario Sanguedolce, quienes coincidieron en que estas conductas son propias de los adolescentes que en la necesidad de reconocimiento, realizan acciones sin medir los riesgos.

También apuntaron que es fundamental la presencia, el acompañamiento y la guía del entorno del adolescente, comenzando con la familia, y siguiendo por las instituciones a las que pertenece.

“Los chicos están muy propensos a imitar las conductas y acciones de riesgo. Tiene que ver con la cuestión adolescente de no medir los riesgos; la cuestión impulsiva y la imitación de otros, además de la presión social y la necesidad de reconocimiento. Llama la atención en este reto cómo necesitan de otros dos para que se hagan ciertos movimientos que lo ayuden a golpearse a quien asume el desafío”, sostuvo la licenciada Azar.

Rosario Sanguedolce dijo que “se deben analizar los ritos de iniciación que los adolescentes tienen”, porque “pasan por estas búsquedas de identidad, de pertenecer a un grupo y eso hace que de alguna forma se sometan a ciertos rituales para pertenecer o iniciarse en ciertas etapas, que conllevan un riesgo para su vida”.

“Es muy importante la presencia y la guía de los padres y de la escuela como institución, que puedan ir marcándoles qué es lo que está bien, qué es lo que está mal, y que no para pertenecer a un grupo tiene que pagar un precio tan alto. Hay que plantearles a esos adolescentes qué tan bueno es ese grupo de amigos si pone en riesgo su vida con estos ritos”, amplió.

“También tienen que verse las cosas emocionales que quedan como residuo de todo este actuar adolescente, porque si bien la moda es autolesionarse, esa autolesión tiene que ser con testigos. Según las estadísticas, en la mayoría de estos ritos aparece la escuelas, como el espacio privilegio para esto, como competencias en las que cada vez es mayor la agresividad. Pasó con el bulying, y parece ser que lo que causa gracia, se vuelve moda”, opinó la licenciada Azar.

Llamado de atención

Para la licenciada Sanguedolce, “es importante analizar por qué ciertos adolescentes se someten a estas prácticas y otros tienen cierta conciencia del peligro y no lo hacen”.

“Eso tiene que ver también con su historia de vida; con cómo son contenidos en la familia, en la escuela o en el club, y eso implica pensar si este tipo de prácticas son actings o llamados de atención hacia el entorno, de allí que quieran viralizarlo, como pequeños llamados de atención sobre que hay algo que no están pudiendo elaborar, que traspasa a la propia adolescencia, una etapa de muchos cambios vitales, duelos, pérdidas, y por ahí este tipo de prácticas nos habla de que hay cierta dificultad en el adolescente para elaborar cuestiones que tienen que ver con su ciclo vital”, añadió.

Una clara señal para la familia y la escuela

Las profesionales consultadas también coincidieron en que “lo fundamental sería que los adolescentes tengan una contención, una guía de parte de los padres, y de las instituciones que rodean a los adolescentes”.

“También, de alguna forma, tienen que plantearse la necesidad de buscar ayuda. Si vemos que nuestros hijos tienen ciertos grupos de pares que tienen conductas riesgosas, o que vienen de una determinada forma a la escuela o que tienen salidas riesgosas, se debe buscar ayuda para ver cómo salir de esto y cómo contener al adolescente, que si bien no es un niño, tampoco es un adulto, y necesita de cierta contención”, manifestaron.

“No debemos creer que porque están crecidos físicamente pueden hacerlo todo solos”, concluyeron.


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