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En el Reino de Jesús sólo vale el amor

Mateo 5, 38-48

- 20:40 El Evangelio

En el contexto de la llegada del Reino de Dios, el Jesús de Mateo instruye a sus discípulos respecto de la Ley del Talión y el amor a los enemigos. Sólo desde aquí se pueden entender estas exigencias: no resistir al mal, poner la otra mejilla, dar la capa, etc. Para Jesús la llegada del Reino se manifiesta como amor ilimitado de Dios a los hombres, que hace posible el amor de éstos incluso a los enemigos.

El principio del Talión según el cual la reparación exigida del criminal debe estar en proporción del mal causado tenía por objetivo evitar el exceso en la venganza y constituía un gran progreso en comparación con el sistema anárquico de la venganza personal.

Las enseñanzas de Jesús se dirigen al hombre lesionado para indicarle su comportamiento en cuanto discípulo de Cristo. La llegada del Reino supone una nueva moral, superadora de la legislación penal vigente y basada principalmente en el amor. Se trata de dar testimonio de la justicia nueva del Reino.

La enseñanza de Jesús de amar a los enemigos se opone a la idea ampliamente extendida en el bajo judaísmo de que todos los que no forman parte de la comunidad nacional y religiosa son enemigos. Aquí, en el contexto del evangelio de Mateo, se refiere a los que persiguen a los discípulos, es decir, a los primeros cristianos. Jesús pide a sus discípulos “amar a los enemigos y rogar por los perseguidores”. Este amor supone una acción concreta, es decir, crear lazos de comunión. La oración por ellos es un signo de este amor.

Lo extraordinario de esta enseñanza está en que reclama a los discípulos romper el egoísmo del clan o de la clase social para amar a los que son de otro círculo social y religioso, incluso a los que los persiguen. Por eso, Jesús invita a sus discípulos a ser “perfectos como el Padre que está en el cielo”. En sus actos de amor, de reconciliación, de fidelidad a las enseñanzas de Jesús, sus discípulos manifestarán al mundo algo de la perfección del Reino de Dios.

Conclusión

Una de las cosas que más nos cuesta a las personas es perdonar la ofensa y dar amor a los que nos ofenden, incluso persiguen. Por lo general nos comunicamos con los que pertenecen a nuestro círculo, familiar, social o religioso. Las enseñanzas de Jesús son contraculturales, van en una dirección contraria a la cultura en que vivimos. Renunciar a la venganza frente a la ofensa y amar a los enemigos, e incluir a los que no son parte de nuestro círculo parece imposible en los marcos culturales que vivimos hoy, tan impregnados de violencia, nacionalismos y fanatismos religiosos, políticos y raciales. Pero aún, en estas circunstancias, Jesús nos dice que seamos perfectos como el Padre es perfecto. En comunión con Dios, dejándonos transformar por su amor, lo que parece imposible se hace realidad; sólo en Dios una nueva humanidad es posible.


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