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“Creo, Señor, pero ayuda mi falta de fe”

Evangelio según san Marcos 9, 14-29

- 21:17 El Evangelio

En aquel tiempo, Jesús y los tres discípulos bajaron del monte y volvieron a donde estaban los demás discípulos, vieron mucha gente alrededor y a unos escribas discutiendo con ellos.

Al ver a Jesús, la gente se sorprendió y corrió a saludarlo. Él les preguntó:

“¿De qué discutís?”

Uno de la gente le contestó:

“Maestro, te he traído a mi hijo; tiene un espíritu que no lo deja hablar; y cuando lo agarra, lo tira al suelo, echa espumarajos, rechina los dientes y se queda rígido. He pedido a tus discípulos que lo echen y no han sido capaces”.

Él, tomando la palabra, les dice:

“Generación incrédula! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo”.

Se lo llevaron.

El espíritu, en cuanto vio a Jesús, retorció al niño; este cayó por tierra y se revolcaba echando espumarajos.

Jesús preguntó al padre:

“¿Cuánto tiempo hace que le pasa esto?”

Contestó él:

“Desde pequeño. Y muchas veces hasta lo ha echado al fuego y al agua para acabar con él. Si algo puedes, ten compasión de nosotros y ayúdanos”.

Jesús replicó:

“¿Si puedo? Todo es posible al que tiene fe”.

Entonces el padre del muchacho se puso a gritar:

“Creo, pero ayuda mi falta de fe”.

Jesús, al ver que acudía gente, increpó al espíritu inmundo, diciendo:

“Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando: sal de él y no vuelvas a entrar en él”.

Gritando y sacudiéndolo violentamente, salió.

El niño se quedó como un cadáver, de modo que muchos decían que estaba muerto.

Pero Jesús lo levantó cogiéndolo de la mano y el niño se puso en pie.

Al entrar en casa, sus discípulos le preguntaron a solas:

“¿Por qué no pudimos echarlo nosotros?”

Él les respondió:

“Esta especie solo puede salir con oración”.

Reflexión

Realmente hay un poder muy grande en aquellos que tienen la confianza de creer y ponerse bajo la acción de Dios. Creer ayuda a superar muchos miedos, saca fuerzas de la propia flaqueza y es capaz de mover montañas. Todos podríamos contar algún momento de nuestra vida que superamos solamente confiando y creyendo que podíamos conseguirlo. La falta de confianza suele llevar al fracaso, en cambio creer y confiar en quien todo lo puede, puede ser fruto de un éxito absoluto. La realidad es que en el momento en que pensamos “no puedo” ya hemos perdido la batalla, y esto sucede con demasiada frecuencia.


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