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Covid-19 (coronavirus): cómo afecta psicológicamente nuestra vida cotidiana

Por el Lic. Mariano Vega Botter Neuropsicólogo

- 00:35 Santiago

B uenos días mis estimados lectores, hoy estamos en una situación de estado de alarma. Las autoridades nos han pedido que nos quedemos en casa salvo en casos excepcionales. Esto puede afectar al estado de ánimo de muchas personas que sienten cierto desasosiego, estrés y ansiedad, además de una sensación de vulnerabilidad al escuchar tantas informaciones y medidas como consecuencia de la pandemia del coronavirus; Covid-19. Quedarse en casa no tiene por qué ser una tortura.

Es momento de parar, ordenar ideas, leer, cocinar, ordenar la casa… La lista de actividades de lo que podemos hacer es inmensamente larga. Seamos responsables y quedémonos en casa. Como esta situación es excepcional, nunca se ha dado algo así en las últimas décadas en nuestro país, y nadie nos ha preparado para ello, se ha publicado un decálogo con recomendaciones sobre la gestión emocional ante la alerta por coronavirus por miembro de un grupo de neuropsicólogos, hemos conocido cómo abordar esta situación.

El brote de coronavirus en el mundo no solo perjudica a los pacientes que dan positivo. También puede hacer mella en la ciudadanía desde un punto de vista poco abordado: psicológico. Por eso, a través de un grupo de trabajo de Urgencias y Emergencias, ha elaborado un documento para afrontar de forma eficaz «el malestar psicológico generado por el brote de coronavirus».

Nuestros expertos en neuropsicología, señala que ya han aparecido en sus consultas muchas conversaciones relativas al coronavirus: «gente que está preocupada y que tiene miedo a lo que generen las enfermedades, que llevan mal la incertidumbre y que tiende a rellenar esos agujeros de desconocimiento con pensamientos que generan angustia y que hace que los pacientes se encuentren peor».

Si bien señala que el coronavirus no puede generar una afectación psicológica directa, «cualquier situación se puede convertir en algo traumático y por lo tanto necesitar tratamiento». Las sugerencias varían en función de si la persona padece o no la enfermedad. Para quien no está afectado pero está sintiendo una serie de emociones con alta intensidad y/o persistentes como: nerviosismo, agitación o tensión, con sensación de peligro inminente, y/o pánico; si no puede dejar de pensar en otra cosa que no sea la enfermedad o la preocupación por enfermar; si tiene dificultad para concentrarse, el miedo le paraliza y le impide salir a la calle; está en estado de alerta, analizando sus sensaciones corporales e interpretándolas como síntomas de enfermedad o percibe un aumento del ritmo cardíaco, respiración acelerada, sudoración, temblores sin causa justificada... 

A todo esto es imposible hablar de otro tema. Es imposible pensar en otra cosa. El coronavirus está provocando gran preocupación y malestar emocional en la población por la incertidumbre que genera el rápido contagio de este virus, que provoca la enfermedad conocida como Covid-19 y que ya se considera una pandemia.

“El miedo es una emoción desagradable, pero muy saludable, necesaria y adaptativa. Sin embargo, el miedo intenso y extremo lleva a un bloqueo emocional que lo que hace, en muchas ocasiones, es paralizarnos. La consecuencia es que nos anula la capacidad de reaccionar o de buscar soluciones o alternativas que nos ayuden a estar mejor”.

Además, “el coronavirus nos ha invadido en la era de la tecnología y las redes sociales y muchas de las informaciones que están llegando no están bien contrastadas ni proceden de fuentes rigurosas”, advierte la psicología y la neuropsicología sugiere mantener el buen estado de ánimo, la calma y la tranquilidad, así como consultar solo información contrastada sobre el coronavirus. Los neuropsicólogos comentan que el saqueo que se está produciendo en algunos supermercados responde al miedo y al desconocimiento,  “y a una falta de confianza en los políticos, que genera mucha incertidumbre y esta incrementa el malestar emocional. Cuando se tienen hijos menores, la inquietud por el desabastecimiento también responde a la tendencia de protección o sobreprotección del núcleo familiar”. ¿Cómo dejar de pensar constantemente en el coronavirus? Los especialistas en Psicología Clínica y Neuropsicología señalan que se pueden practicar “diferentes técnicas de relajación, como la respiración profunda, la meditación, el Mindfulness y la autoconciencia. Esta última herramienta se centra en tomar conciencia de uno mismo, pensar más en el presente y buscar soluciones para el aquí y el ahora. También se puede aprovechar para hacer actividades placenteras o agradables para las que no se suele tener tiempo, como leer o ver una película”.

Los profesionales consideran que “esta terrible crisis sanitaria que te obliga a quedarte en casa puede ser una oportunidad para pasar más tiempo en familia y compartir momentos de ocio, haciendo cosas como jugar a juegos de mesa, escuchar música, bailar o ver la televisión juntos”. Tanto para los adultos como para los niños, los especialistas sugieren diferenciar el horario de los días entre semana del fin de semana, “manteniendo una rutina de lunes a viernes aunque haya que quedarse en el domicilio y programar las actividades, sobre todo las de las mañanas”.

También la aventura que esta pandemia “va a afectar a muchos niveles, como el social, económico y político. La huella psicológica del coronavirus a nivel individual va a depender de cómo cada persona gestione esta situación y de la red de apoyo con la que cuente. Hay veces que también hay que saber pedir ayuda para sentirnos cuidados. O nos va a dotar de más recursos y estrategias para poder superar situaciones complicadas o, por el contrario, nos va a generar traumas, dejando secuelas de ansiedad por el miedo a que vuelva a suceder otra vez lo mismo. La sociedad, en general, vamos a necesitar un poco más de autocuidado para poder estabilizarnos psicológicamente”.

 Efectos psicológicos ocasionados por el coronavirus

El efecto que el Covid-19 está generando a nivel mental, tanto a portadores como a no portadores del virus, es muy elevado. Nos produce emociones negativas de intensidad muy superior a la normal, tales como:

Nerviosismo o tensión.

Miedo paralizante.

Preocupación excesiva e incontrolable por enfermar.

Necesidad de estar informándose constantemente sobre la enfermedad.

Estado de alerta constante, analizando sus sensaciones corporales.

Dificultad para concentrarse.

Dificultad para dormir.

Estos trastornos derivados del coronavirus, si se hacen persistentes en el tiempo, pueden llegar a ocasionarnos graves secuelas en nuestra salud mental, y, derivando posiblemente a su vez en problemas físicos relacionados.

Cómo combatir los efectos psicológicos del Covid-19 a nivel general

Para combatir el malestar psicológico que genera el coronavirus, lo principal es evitar la sobreinformación, ya que el exceso de información solo incrementa nuestras emociones negativas.

Lo ideal es consultar fuentes oficiales para informarnos con respecto al virus y poner en cuarentena la información que nos llega por otros canales, para no ser víctimas de falacias o información poco rigurosa que puede potenciar nuestro malestar. A nivel cognitivo, es recomendable poner en orden toda la información que tenemos, para ir aceptando poco a poco la situación de manera objetiva y gestionar nuestras emociones adecuadamente.

Para ello, podemos identificar los pensamientos que nos generan malestar, reconocerlos y gestionarlos cuando sean intrusivos y distorsionados. Cuestiona su validez y trata de buscar otros menos catastrofista y apocalípticos. A nivel emocional, es importante identificar tus emociones y aceptarlas. No nos alimentemos del miedo y de la preocupación cuando éstas son emociones normales y nos ayudan a afrontar las situaciones de manera más adaptativa, así que no quieras no tenerlas, pero tampoco te obsesiones con ellas.

Para ayudar a la gestión emocional también es recomendable compartir tus emociones con aquellas personas que te puedan entender y calmar cuando te sientas muy ansioso. Sin embargo, no caigas en la trampa y contribuyas a propagar el miedo con informaciones espurias. Intenta hablar sobre otros temas para que nuestro día no gire en torno a este tema y evitar el incremento de la preocupación. A nivel conductual, realiza actividades gratificantes en casa, que te ayuden a distraerte y relajarte. En definitiva, intenta mantener una actitud optimista y, sobre todo, objetiva. Cuidemos la salud, y no solamente la salud física, sino también la psicológica. Si te encuentras muy angustiado con la situación contacta con un neuropsicólogo para que te ayude a gestionar esta situación.

Trastornos psicológicos derivados del coronavirus con tratamiento especial

Además de las consecuencias generales derivadas del coronavirus, existen 2 trastornos neuropsicológicos sobre los que, además, nos gustaría hacer hincapié, por los riesgos adicionales que conllevan:

Trastorno hipocondría (trastorno de ansiedad por enfermedad)

Trastorno obsesivo compulsivo (TOC).

Trastorno de ansiedad por enfermedad (Hipocondría).

Lo que anteriormente se denominaba trastorno hipocondríaco, a día de hoy se conoce como trastorno de ansiedad por enfermedad, consiste en la preocupación o miedo excesivo a sufrir o contraer una enfermedad grave. Ante la aparición del coronavirus, las personas que sufren este trastorno se preocupan de manera excesiva y desproporcionada por contagiarse, lo que les lleva a vivir de una manera muy angustiada y generarles niveles muy altos de ansiedad, alarma y conductas de comprobación constantes (por ejemplo, atención excesiva a si existen signos de síntomas relacionados con el Covid-19). Normalmente no padecen síntomas somáticos, y si los hay, son leves, por lo que la persona con trastorno de ansiedad por enfermedad, realiza mala interpretación de sus síntomas sin evidencias médicas que lo corroboren.

¿Cuál es el tratamiento?

En primer lugar, descartar que no hay ninguna patología real y, una vez que se haya descartado, sería necesario asistir a terapia neuropsicológica, con técnicas del enfoque cognitivo-conductual, para trabajar toda la sintomatología ansiosa del paciente, identificando las creencias respecto de su salud y cuestionar las evidencias de éstas, mediante la reestructuración cognitiva. Un compromiso a no realizar comprobaciones continuas, búsquedas por internet o chequeos médicos, sin base fundamentada. Además, trabajar la aceptación de emociones y sensaciones con la ayuda de técnicas de relajación y respiración diafragmática.

Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) de limpieza o contaminación

El trastorno obsesivo compulsivo es un trastorno que se caracteriza por pensamientos obsesivos y compulsiones, es decir, pensamientos, imágenes o impulsos intrusivos y frecuentes que generan ansiedad y afectan negativamente al bienestar. Al ser tan desagradables, la persona intenta evitar o eliminar estos pensamientos, y realiza compulsiones o rituales para disminuir esas obsesiones y la ansiedad que desencadena. El TOC con ideas de contaminación, está caracterizado por un miedo intenso a la suciedad, los gérmenes o a contagiarse de alguna enfermedad. Para ello, las personas dedican gran cantidad de tiempo a lavarse o desinfectar.

¿Cuál es el tratamiento?

En estos casos es indispensable ponerse en manos de un neuropsicólogo para aprender a manejar la situación, siendo la terapia cognitivo-conductual la más efectiva para este tipo de trastorno. Recuerda que aunque nos encontramos en un momento donde no es nada recomendable salir del domicilio, puedes ponerte en manos de un neuropsicólogo vía on-line. La técnica más útil es la de prevención de respuesta, donde la persona aprende a gestionar la ansiedad gracias a la adquisición de herramientas para controlar sus obsesiones y reducir las compulsiones.

Estas son las pautas a seguir de los neuropsicólogos

1. Observa y reconoce qué está sucediendo en tu interior: presta atención a tu cuerpo y lo que él tiene que comunicarte, así como la emoción que está manifestándose en ti.

2. Pon nombre a tus emociones: identifica qué emociones están presentes en vos estos días: nerviosismo, tensión o agitación, temor, miedo, pánico…; y en qué nivel o intensidad se manifiestan.

3. Indaga y descubre el significado de esa emoción: ¿Qué es el miedo? El miedo es una emoción básica y primaria; una reacción saludable y necesaria ante situaciones amenazadoras y desconocidas. Esta emoción nos permite mantenernos alerta y realizar acciones para prevenir o minimizar los riesgos de la amenaza o mediante conductas de evitación o desarrollando mecanismos de control y afrontamiento. El miedo se convierte en un problema cuando es disfuncional consiguiendo paralizarnos e impidiendo gestionar eficazmente el peligro o amenaza. Si gestionamos de forma disfuncional nuestro miedo nos frenará demasiado. Debemos aprender a lidiar con nuestros miedos o nos convertiremos en víctimas de nuestros temores. Además, ¡el miedo se contagia! El miedo se transmite con facilidad en la sociedad.

4. Pon freno al contagio del miedo: el miedo se contagia a través de la comunicación y la información que recibimos. Combate la alerta con el conocimiento. Para evitar este contagio:

Usa fuentes de información oficiales y científicas: Ministerio de Salud, Organismos Oficiales, Organización Mundial de la Salud, Colegios Profesionales, etc.

Evita alimentarte de miedo estando permanentemente conectado; este exceso de información aumentará tu sensación de malestar emocional y descontrol.

Contrasta la información que compartes: evita difundir rumores o datos sin verificar.

Informa a tu familia y seres cercanos:  aportando información de fuentes oficiales y contrastada por expertos. Acompaña esta información con calma y serenidad.

No olvides informar a los/las niños/as: encuentra un espacio en el que fluya la comunicación y les permita exponer sus dudas y formular preguntas, utiliza un lenguaje adaptado a su edad y a sus conocimientos, facilita su conocimiento de las pautas de prevención con juegos, dibujos y canciones (para lavarse las manos, evitando el contacto de sus manos con sus ojos, nariz y boca, estornudar cubriéndose con el codo…).

El miedo puede provocar el rechazo o discriminación a personas o colectivos: Cuida esas conductas y lenguaje que promueven el estigma social.

5. Busca y desarrolla tus recursos: el miedo se produce cuando hay un desequilibrio entre la amenaza que enfrentamos y los recursos con los que contamos. Potenciar y desarrollar tus recursos externos e internos te hará minimizar tus miedos.

Potencia tus recursos externos:

Siguiendo las recomendaciones y medidas de prevención establecidas por las autoridades sanitarias.

Mantén, en la medida de lo posible, tus rutinas diarias. En caso de aislamiento, genera rutinas en casa aprovechando a realizar actividades que habitualmente no puedes hacer.

Potencia tus recursos internos:

Vence tus miedos con datos realistas y experiencias de situaciones similares (enfermedades superadas a lo largo de la vida).

Gestiona tus pensamientos obsesivos: lo primero que debes hacer es intentar no retenerlos; está demostrado que cuando se intenta no pensar en algo, se vuelve más intenso ya que el cerebro se centra en recordar lo que no debe pensar.

Mantén tu cuerpo y mente activa: realiza una actividad que te apasione, haz ejercicio físico o apacigua tu mente con técnicas de relajación y meditación.

Proyecta metas u objetivos que alcanzar en caso de aislamiento. Haz un listado de tareas a realizar en casa, con ello tendrás la mente ocupada y llevarás a cabo aquellas cosas pendientes.

Utiliza tu sentido del humor para alejar el miedo. l

Bibliografía

The convalescent sera option for containing Covid-19. The Journal of Clinical Investigation. March 2020.

Medline Plus (Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos). Consultado el 4 de marzo de 2020. 

El Mundo. 6 de marzo de 2020. Consultado el 9 de marzo de 2020.

Parry, Jane (January 2020). «China coronavirus: cases surge as official admits human to human transmission». British Medical Journal.

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