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Con incertidumbre y menos lanzamientos, los editores resisten (por ahora) el impacto económico de la pandemia

- 00:39 Viceversa

El desconcierto que genera la duración y gravedad de la expansión del coronavirus golpea a los mercados y el mundo editorial no está ajeno a esta realidad: editores argentinos que padecen la crisis en la industria desde hace cuatro años, coinciden en que entre los efectos inmediatos de la pandemia se cuenta la reducción drástica en la cantidad de títulos nuevos para comercializar y la incertidumbre acerca de cuánto caerán las ventas.

Los mercados del mundo se desmoronan por la coronacrisis económica. Las noticias que llegan de Europa (principalmente de España e Italia) sobre el progreso de los contagios y los muertos no son alentadoras. Mientras tanto, en la Argentina, no se sabe que sucederá después del 31 de marzo, el plazo establecido inicialmente para el aislamiento social que impuso el gobierno.

Las industrias culturales no son ajenas a estos vaivenes y afrontan la restricción de sus actividades, entre ellas el hito mayor del sector editorial, la Feria del Libro, que fue “aplazada”: con este término optimista la Fundación El Libro anunció la cancelación del evento, mientras ya negocia con la Sociedad Rural disponer del predio para octubre o noviembre.

También las ferias literarias de otros países son cruciales para la difusión y comercialización de autores nacionales.

Sergio Baur, director de Asuntos Culturales de Cancillería, señala que la Feria de Bologna y la Feria del Libro de Bogotá (Filbo) ya han sido canceladas y que las de Frankfurt y Liber (Barcelona) “están programadas para octubre, pero no hay certezas de que puedan realizarse porque no se sabe cuál será la evolución de la pandemia para esas fechas”.

Ignacio Iraola, director editorial Cono Sur de Editorial Planeta, cuenta sobre las limitaciones que imponen las cambios constantes en las decisiones que deben tomar las autoridades nacionales contra el avance del coronavirus: “En la editorial armamos un comité de crisis con permanente reuniones virtuales, con la consigna de que lo más importante es cuidar la salud de las personas: por este motivo nuestros empleados hacen home office y no asisten a sus lugares de trabajo”.

En la editorial Penguin Random House, el director de la filial argentina, Juan Boido, explica que “los sucesos son recientes y la circulación de clientes en las librerías era limitada (en los últimos días), por eso hay un comité directivo que evalúa el impacto económico, psíquico y social en el mundo editorial”.

Acopiaron libros

“El fin de semana pasado las librerías tuvieran una fuerte suba de las ventas. Hubo lectores que aprovisionaron para un tiempo. Eso indica que no comprarán en las próximas semanas, o que comprarán menos de lo que hubieran comprado”, explica Fernando Fagnani, editor de Edhasa.

“La solución sería mantener un nivel de oferta más moderado del previsto hace unas semanas, para no romper la cadena que involucra a editores, libreros y lectores, que es la base del mundo del libro. Lo prioritario es estar lo más enteros posibles para cuando termine la pandemia”, sostiene.

Fagnani alienta la expectativa de que así como se da en otros países “acá suban las compras online, aunque de todos modos parece imposible que esa suba compense lo que se pierde en el canal tradicional de librerías”.

Los editores coinciden en que hay que proteger el trabajo que demanda publicar un libro. “Sacarlo a la venta en un mal momento es no proteger el trabajo del escritor”, apunta Iraola.

“Es difícil calibrar cuál será el impacto real de la pandemia en la industria editorial pero claramente no será menor. Me preocupa mucho cómo va a incidir en la sociabilidad, en el entramado afectivo y psicológico de todos”, opina Leonora Djament, editora de Eterna Cadencia.

Djament acotó que “en este contexto, por un lado, estamos repensando el plan editorial para no publicar en estas semanas libros que queden perdidos en medio de tanta atención focalizada en la pandemia”.

En abril, la firma que es editorial y librería, continuará con sus tareas de edición de títulos, pero la editora es consciente de que “habrá que repensar estrategias, presupuestos y tiempos”, así como también “evaluar cómo seguir sosteniendo espacios de pensamiento, discusión, reflexión crítica presencial o a distancia”. “Hay dos instancias para pensar: qué pasa con la compra de libros y qué sucede con la lectura en este contexto”, resume Djament.

Carlos Díaz, director editorial de Siglo XXI, analiza que “todo lo que nos va a pasar es muy parecido a lo que le va a pasar a los restaurantes, a los teatros, a los cines, a los centros culturales. Estamos metidos en una marea que nos está llevando, no sabemos bien hacia dónde. De esto no va a salir nada bueno”.

Algunas de las medidas paliativas que tomará el sello creado por Arnaldo Orfila Reynal es facilitar sus ebooks a lectores, “algunos sin costo y otros más baratos”. Nada servirá para recuperar lo que van a perder las editoriales, pero este gesto “es algo simbólico” destaca Díaz.

Y después qué?

En Siglo XXI también analizaron “el experimento social que se está viviendo” y sobre lo que dejará la pandemia cuando logre ser controlada.

“Cuando termine lo peor de todo esto es que no vamos a volver a hacer lo mismo, ya no hay una vuelta atrás. Creo que vamos a empezar con una especie de nueva normalidad y entonces ahí me preocupa como editor que no envejezca nuestro programa editorial”, confiesa.

Díaz cree que al mismo tiempo el futuro post-virus será una oportunidad para que aparezcan nuevos temas: “Es probable que haya una gran revalorización del papel del Estado, la salud pública. En esta instancia aparecen de nuevo los estados nación, las fronteras y críticas a la desterritorialización de las empresas privadas. Lo que estaba en agenda hasta hace unos meses (pensar en la derrota del macrismo, la derechización de la sociedad o hacia dónde va la política argentina) se volvieron temas menos interesantes y lo van a hacer mucho menos aún a fin de año”.

En mayo, Siglo XXI tenía previsto publicar diez nuevos libros, pero a partir del aplazamiento de la Feria del Libro o las dudas acerca de si para entonces las librerías estarán abiertas o si la gente va a poder salir a la calle, lanzarán solamente dos de los títulos programados.

“Tenemos el consuelo de que esto es un drama colectivo y no estamos solos. Debemos encontrar alguna forma de que todos como sociedad o ecosistema (por el del libro) encontremos una solución para salir adelante”, concluye Díaz. l


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