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Dos delincuentes desvalijan iglesia y entierran una moto robada en Campo Gallo

Las sospechas se sitúan en “Edu” y “Lucho”. El primero ya fue enviado a cuarentena policial, en las celdas de la Seccional Nº 18.

- 01:12 Policiales

Dos individuos habrían “animado” un raid delictivo en Campo Gallo (Alberdi) en apenas una semana, al atacar autos, robar y enterrar una moto y hasta desvalijar una iglesia.

Son conocidos como “Edu” y “Lucho”, según los libros de la Comisaría Nº 18, con habituales caídas por variados rubros, trascendió.

Al parecer, de los dos “socios”, en las útimas horas cayó preso “Edu”, pero aún sigue prófugo “Lucho”.

De acuerdo con las denuncias, la semana pasada abrieron un auto y fueron apaleados por los parientes del propietario. Lejos de amilanarse, en la noche siguiente robaron una moto, a la que enterraron en la casa de uno e ellos.

Enfriamiento

En la jerga policial, lo que hicieron fue “enfriarla”, hasta tanto apareciese un comprador, se supo.

Con los policías tras sus pasos reaparecieron en escena al golpear en la iglesia Nuestra Señora del Carmen, del Bº Centro.

Pese al hermetismo, trascendió que los delincuentes huyeron llevándose un equipo de sonido y otros bienes del sacerdote.

El religioso elevó la denuncia y desde hace 48 horas, los policías buscan a “Lucho”, considerado el “cerebro” de las hazañas.

Los policías deslizaron que “Lucho” no es básico, sino que tiene mucha imaginación y siempre ataca en lugares oscuros.

Igual, los policías reforzaron la vigilancia y ayer “zarandearon” los barrios de sus amigos, en especial en el Jorge Gottau, donde reside.

Sus artilugios tendrían un límite para sus amigos: la exposición del negocio en el robo de motos.

El entorno de “Lucho” dejó entrever que anoche se le agotaron los escondites y que sus cómplices empezaron a darle la espalda.

Sin “aguantaderos”

Ninguno desea quedar en el “foco de la línea de fuego”, mucho menos atraer a la policía.

Desde ese inesperada falta de colaboración, los policías especulaban que “Lucho” se quedaría también sin víveres y al borde del quiebre.

Ello, más las puertas cerradas por el fantasma del coronavirus, auguraban que el prófugo tendría los días contados con su frágil libertad.l


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