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Apocalipsis now

- 10:22 Opinión

Por María Rita Oubiña

Periodista

¿Cómo se previene el contagio?, ¿cómo sigue todo esto?, ¿cuánto tiempo durará ? , ¿llegará la vacuna?.

Todas preguntas procedentes. Ahora bien, vale preguntarse, por qué y para qué nos pasa esto como humanidad enfrentada a su mayor vulnerabilidad en muchísimo tiempo. Porque, que en este mundo, en que paradójicamente todo se "viraliza" se propague un virus, nos ha hecho pensar en otra forma de globalización.

Nos vemos por fin como humanidad. Como un grupo homogéneo de seres peleando por la vida, o luchando contra las acechanzas de la muerte. Como se prefiera.

Cuando dije que me pregunto por qué y para qué, me refiero a una cuestión un tanto espiritual, si se me permite el término. Porque cuando las respuestas de la lógica más pura son insuficientes, cuando todas las preguntas no tienen explicación en el mundo lógico y concreto, hay que volar. Y creo que muchos deberíamos hacerlo. O al menos intentar otra exégesis.

Nos estamos muriendo, o al menos estamos con miedo a ir al otro lado de esta vida cotidiana que durante años nos ha venido adormeciendo con una serie de rutinas sin sentido alguno.

Póngamonos a pensarlo seriamente. Haga cada uno un repaso de su rutina diaria. Levantarse, desayunar a las apuradas, salir a trabajar, volver, comer, limpiar, mirar tele y dormir. Por decir algo.

La pregunta es supinamente breve: ¿y? y ... nada.

Resulta que nunca nos detuvimos seriamente a preguntarnos (sin pretensiones de filosofía) ¿qué es la vida?, digo más allá de todo lo que parece ser la vida.

Para muchos era trabajar todo el año para viajar a Europa, para otros, reunirse con amigos, festejar (lo que fuere) pero festejar. Todas actividades recreativas con más visos escapistas que de goce real.

Cuántas veces nos habremos preguntado qué era la felicidad, y nos circunsribimos a momentos, a esos estrechos tiempos de esparcimiento en que la música y la estridencia eran sólo una pantomima. El trencito, el carnaval carioca, el baile de las mil y unas creaciones que el hombre usó. Pero siempre haciendo el camino contrario. En lugar de acercarse al centro de las dudas, el hombre se alejaba. Siempre se hicieron fuerzas centrífugas (fugarse del centro de nuestras verdades más profundas) en lugar de centripetarnos (ir a nuestro interior) donde casualmente ahora nos obliga a estar este ente microscópico que paradójicamente, desde su exiguo tamaño, nos tiene en vilo, como un monstruo inasible, imbatible y acechante.

El hombre ha dominado todos los universos, el de la tecnología, el de los negocios, el de la opinión pública, el de las religiones, el de la guerra, el de la economía, pero... se choca con un ente cuasi invisible que lo aterroriza y sobre el cual parece por ahora que nada puede hacer.

Veo un desfile frívolo de famosos que cuentan cómo viven sus cuarentenas. Yo me pregunto si sirve... y sí, tal vez. Pero aquí el mensaje no es que los que han recuperado la vida intramuros y sus mieles nos muestren que son conscientes, sino que comprendamos que el virus tal vez, y sólo tal vez no llegó al mundo porque sí.

Todo tiene una razón, un chino se comió un chancho, o un murciélago, y se propagó una serie de virus o la historia es un tanto más profunda.

Me voy a permitir "volar" un poco y pensar que el mundo tal y como estaba perfilado era un oprobio. El vivir automatizados, sin mirar al otro, sin percibir el dolor ajeno, sin rastrear los sentimientos del de al lado, no era un modo de vida, o al menos no el óptimo. Dicen que Dios escribe recto por caminos torcidos. Yo creo que algo de eso pasó. Nos está queriendo decir algo. Usó un chino como alguna vez necesitó de un Judas para que se cumpliera la traición y la historia posterior del Cristianismo. Y esto no es una crítica, es lo que debía pasar. Es lo que estaba escrito.

Estamos en el tiempo de los tiempos. El Apocalipsis no es un fin, es un revelación, según su estricta etimología. ¿Qué nos revelará este enemigo invisible, con forma de corona? Creo, prima facie que el hombre es su propio enemigo y que veníamos haciendo todo mal, tan mal como para que el mundo cambie de una buena vez tanto como para que nuestro único objetivo no sea trabajar todo el año para viajar a Europa, para contarlo a los amigos o subir las fotos a Facebook.

¿Se aprenderá la lección? ya depende de cómo la entendemos. Nada pasa porque sí.

Qué mejor que en este tiempo de cuaresma, repensar el mundo, repensar las vidas y ver cómo seguimos.

Ojalá renazca lo mejor de la humanidad.

La vida no es un carnaval.


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