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La pandemia y el Plan Marshall

- 14:17 Opinión

Mg. Pedro José Basbus - Magistrado. Profesor Asociado Cátedra de Derecho Internacional Público UCSE.


La actual pandemia que soporta el mundo por la aparición de un virus que, hasta el momento, no ha tenido una vacuna específica, nos induce a pensar en las condiciones sociales y económicas a las que se enfrenta el mundo entero sin distinción de economías desarrolladas o en vías de desarrollo, ello considerando que, en distintos países (entre los cuales se encuentra la República Argentina) se han impuesto el aislamiento y el cierre de las economías con un gran impacto en la producción, pues no es ocioso suponer las catastróficas consecuencias que la pandemia ya ha infligido no solamente en materia de salud, sino en lo que refiere a las condiciones socioeconómicas a que el mundo se ha de enfrentar superada esta crisis.-

Puede parecerle al lector que el suscrito es demasiado auspicioso en señalar la frase “superada esta crisis”, sin embargo, las recientes noticias que recibimos desde los EE.UU. y Francia acerca del desarrollo de una combinación de medicamentos que surtirían efecto en contra del avance del virus, me llevan a suponer que la luz en el túnel se encuentra cada vez más cerca. Pero ¿qué ocurrirá luego? ¿Cómo se reinician las economías después de tamaña crisis?

Las respuestas podrían remontarnos a las postrimerías de la Segunda Gran Guerra, con una Europa desbastada, edificios en ruinas, con las fábricas cerradas, con hambre, lo que describía un panorama desolador.

Ya las grandes potencias vencedoras en el conflicto habían suscrito el acuerdo de Yalta, por medio del cual los cuatro líderes (vgr. Roosevelt, Churchill, Stalin y De Gaulle) plasmaron en los hechos la división del mundo de la posguerra, la creación de una Organización Mundial, cuyo gran principio fuera mantener la paz y seguridad internacionales (ONU), el establecimiento de un Organismo mundial que vigile y solucione la crisis de las balanzas de pago (FMI) y un Banco que sea el que provea lo necesario para la reconstrucción y desarrollo de los países (Banco Mundial)……Sin embargo ello era insuficiente ante una realidad que golpeaba las puertas de los países que en mejor situación habían quedado luego de dicha contienda. Me refiero a una Europa destruida (en especial el Reino Unido y Alemania) y el avance del comunismo soviético.

La estructura económica del continente había quedado en nada y millones de personas se encontraban en la indigencia. Aun cuando el episodio de hambre holandesa de 1944 se pudo resolver, la devastación general de la agricultura provocó una oleada de hambre en toda Europa, agravada por el duro invierno de 1946/47 en el noreste del continente. También estaban destruidas las infraestructuras como, por ejemplo, el ferrocarril, los puentes y las rutas, que habían sido objetivo principal de los bombardeos aéreos, y muchos barcos mercantes habían sido hundidos.

Si bien los municipios más pequeños no habían sufrido tanto los destrozos de la guerra, pero la carencia de redes de transporte los había dejado prácticamente aislados tanto física como económicamente.

¿Qué hacer ante ello?

El Departamento de Estado de los EE.UU. bajo la dirección Harry Truman, estaba decidido a aplicar una política exterior activa, pero el Congreso parecía no estar tan interesado. En un principio, se pensaba que haría falta poco para reconstruir Europa y que, tanto el Reino Unido como Francia, con la ayuda de sus colonias, conseguirían salir rápidamente de la crisis.

A pesar de todo, en 1947 todavía no había progresos evidentes. Las economías europeas no crecían, y las altas tasas de desempleo y la escasez de alimentos provocaron huelgas y revueltas en muchas poblaciones.

Dos años después del fin de la guerra, las economías todavía no habían logrado los niveles de preguerra ni parecía que fuera posible. La producción agrícola era un 83 % de lo que había sido en 1938, la producción industrial llegaba al 88 % y las exportaciones solo al 59%.

El gobierno de los EE.UU. había sancionado la directiva de ocupación JCS 1067 por medio de la cual se imponían a la Alemania vencida, durísimas sanciones sobre su producción y en sus industrias pesadas, entre las cuales podríamos citar la reducción en la producción de acero (principal commoditie alemán de entonces) a un 50% de lo que producía en el año 1938, lo que suponía la destrucción de 1500 fábricas.

Conforme el avance del comunismo en Europa y a los fines de evitar que la URSS refuerce su dominio en la zona, Truman fue convencido de derogar dicha directiva y trocarla por la homónima JCS 1779 que, establecía que “una ordenada y próspera Europa requiere la contribución económica de una estable y productiva Alemania”.

Dicha normativa fue el espaldarazo del “European Recovery Program” más conocido como el Plan Marshall en honor a George Marshall (entonces secretario de Estado) quien había sido uno de los más célebres generales estadounidenses durante la guerra.

El plan tuvo el apoyo en Estados Unidos de los dos grandes partidos, los republicanos (que controlaban el Congreso) y los demócratas que hacían lo propio en la Casa Blanca y fue, en gran medida, creado por funcionarios del Departamento de Estado, en especial por William L. Clayton y Goerfe F. Kennan, con la ayuda de la Institución Brookings, conforme a lo solicitado por el senador Arthur Vandemberg (presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado).

Marshall habló de la necesidad urgente de ayudar a la recuperación europea en su célebre discurso en la Universidad de Harvard de junio de 1947. Si bien algunos historiadores descreen de su efectividad y señalan que dicho plan tuvo como objetivo esencial frenar el avance soviético (dentro de lo que se denominaba la política de contención, primera etapa de la Guerra Fría) y preparar el terreno para el desembarco de las empresas estadounidenses en la reconstrucción de Europa, no menos es verdad que en sus cuatro años de implementación (1948/1952) Europa (y en especial Alemania) vivió su máximo período de crecimiento económico (la industria creció más del 35% y la agricultura superó los niveles de preguerra).

Las ayudas del plan se dividieron entre los países receptores sobre una base aproximada per cápita. Se otorgaron cantidades mayores a las grandes potencias industriales, ya que la opinión dominante era que su reactivación sería esencial para la prosperidad general de Europa.

Las naciones aliadas recibieron algo más de ayuda per cápita que los antiguos miembros del Eje (vgr. Alemania, Italia y Japón) o aquellos que se habían mantenido neutrales. El mayor receptor de dinero del Plan Marshall fue el Reino Unido, que recibió el 26 % del total, seguido de Francia con el 18 % y la nueva Alemania Occidental con el 11 %.

18 países europeos se beneficiaron del plan. A pesar de que se le había prometido durante la guerra y se le ofreció, la Unión Soviética se negó a participar en el programa por temor a la pérdida de independencia económica, negativa que impidió que la ayuda llegase a países tales como Alemania Oriental y Polonia (que se encontraban detrás de lo que se denominó la Cortina de Hierro o el telón de Acero) sin perjuicio de que estos dos países recibieran ayuda económica desde la URSS.

Las consecuencias del Plan se percibieron en poco tiempo, tal cual señaló anteriormente. También contribuyó, en cierta medida a la integración europea. Los europeos, al igual que los estadounidenses, creían que una unificación del continente era casi imprescindible para asegurar la paz y la prosperidad de Europa.

El Plan fue una herramienta interesante para establecer una primera guía de cómo llevar a término este proceso y fue un antecedente de la llamada Comunidad Europea del Carbón y Acero (Ceca) organización que fundara las bases de lo que hoy conocemos como la Unión Europea. También sentó los cimientos de la Organización Europea para la Cooperación Económica (Oece) antecedente de la actual Organización para el Desarrollo y Cooperación Económicos (Ocde) compuesta actualmente por 36 estados (Chile es el único Latinoamericano).

Si se observa, podríamos decir que, en la actualidad, el mundo no se encuentra en las mismas condiciones que en la pos guerra. Tampoco nos encorseta el conflicto Este Oeste (vgr. sinónimo de la Guerra Fría) más allá de que China y Rusia no quieren perder protagonismo mundial a la luz de los EE.UU.

Sin embargo, la pandemia importará un cambio de paradigma mundial. Las economías de los estados, víctimas de un aislamiento que supone la ausencia de producción, se han de resentir (vgr. basta observar que desde que China dejó de consumir, las economías del mundo sufrieron un cimbronazo importante).

Los EE.UU. han señalado que no suspenderán su producción independientemente de que es el tercer país con mayores cifras de contagiados y de que cinco estados se han aislado completamente (vgr. California, Nueva York, Washington, La Florida e Illinois). La realidad mueve a suponer que, sin un antídoto eficiente, el gran país terminará reduciendo su actividad económica, lo que podría ahondar la crisis.

Nuestro país acaba de recibir una buena noticia, de la mano del Banco Mundial. Un préstamo de USD 300 millones tendiente a paliar la crisis provocada por el virus. Si bien la entrega será en dos partes, necesario es decir que, con las arcas del país en rojo, la ausencia de crédito mundial (por el propio riesgo de Argentina y la pandemia) dicha ayuda podría asemejarse, aunque mínimamente, a la recibida por Europa en 1948.

Lo cierto es que, la pandemia no finalizará con países indemnes a ella. El mundo está sufriendo la peor crisis que recordara, allende la Segunda Guerra Mundial. Nunca hubo tantos estados afectados. Es por ello que, maguer el esfuerzo de cada país según sus recursos naturales, será tarea de los Organismos Multilaterales de Crédito (sin distinción) el servir de ayuda en la reconstrucción de las economías mundiales para que luego de ello, retorne el consumo, se reanude el crecimiento, se cumplan los compromisos asumidos y, en definitiva, se consoliden las democracias.

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