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Juan Carlos Alonso: “La Banda es mi lugar en el mundo”

El ex entrenador bahiense revivió la época gloriosa del “Negro” bandeño. Elogió a Lockett y a la ciudad.

- 01:57 Deportivo

Alejado de las luces de la liga y abocado a su actividad profesional, “Juanqui” Alonso recuerda su paso por el Negro de La Banda, a 33 años del debut en la élite bajo su conducción.

“Llego a Olímpico a través de una recomendación de ‘Yoyo’ Cavallero, con el cual no me unía ninguna amistad, casi por el contrario, no éramos de la misma línea. Tuvimos un de-sencuentro en un Campeonato Argentino Juvenil en Comodoro, yo dirigiendo a Provincia de Buenos Aires y él estando de asesor de Santa Fe. En 1987, él le dice a Gustavo Rosales, que la persona que debía sucederlo era yo, porque él había ascendido y no quería continuar. Se contactan conmigo y viajo a La Banda. ‘Yoyo’ estaba todavía allí y nos reunimos en el Hotel Trento, charlamos de un montón de cosas. Él me dio la oportunidad de dirigir en la Liga Nacional. Es algo que le agradezco por siempre. Entendió que era muy joven, tenía unos 30 años y muy buenos antecedentes. Era pichón, pero me vio el talento y los conocimientos suficientes para poder dirigir ese equipo”, recuerda Alonso que no puede pasar por alto los inicios de su relación con los hinchas. “Primero me resistían mucho. Me gritaban ‘sacá a tu sobrino’ por Martín Ipucha, después lo terminaron amando porque se tiraba de cabeza a todas las pelotas, era Rambo. Martín tenía un fuego interno que no lo perdió nunca. Después fui querido y reconocido”.

Al hacer referencia a esa primera temporada del elenco bandeño en la máxima categoría, “Juanqui” asegura que de no haber padecido lesiones de algunos jugadores y actos de inconducta, otro pudo ser el desenlace. “Teníamos a Joel Thompson, que era un jugador tremendo, pero muy indisciplinado. De hecho en muchas oportunidades faltó a entrenamientos y a partidos. En ese año Olímpico tuvo una de las mejores duplas de americanos con Phillip Lockett y después con la llegada de Rick Suttle. Luego la situación se agravó con la partida sin avisar de Phillip a Israel y con las lesiones, primero de Rick y luego Carlos Berrondo. Quedamos con un equipo muy diezmado. Hicimos todo lo que pudimos. Era un grupo con mucha contracción al trabajo, pero pasamos momentos muy difíciles, para poder estar en una liga muy competitiva con grandes equipos. Hace poco hablaba con Ricardo Rattone, un jugador que marcó diferencia en esa liga, y coincidíamos que si no era por las lesiones y la partida de Phillip, tranquilamente estábamos entre los cuatro primeros. Olímpico estaba detrás de Ferro y de Atenas y les jugábamos de igual a igual a esos equipos. Sin dudas”.

Pero no sólo por estos condicionantes el Negro no pudo mantenerse en la máxima categoría. Un fallo arbitral a todas luces cuestionable en el juego ante el Deportivo San Andrés, en Buenos Aires, impidió a los de Alonso clasificar a la A1 y de esa manera permanecer en la liga. Olímpico ganaba por un doble y a falta de nada, Cadillac inventó una infracción que terminó cobrándola desde la línea con tres libres dejando las cosas 97 a 96 para los de Heriberto Schonwies. “Ese foul fue impresentable. Fue un robo a mano armada. Entiendo que el ‘Mocho’ (Small) y Gustavo (Gómez) no deberían haber estado en esa posición para no generar suspicacias con una falta que fue totalmente inexistente. Muchos años después me enteré que el principal dirigente de San Andrés por ese entonces, Carlos Caterbetti, tuvo un arreglo con el árbitro, el mendocino García, porque tenía un curso de Fiba en Sudamérica y negoció la clasificación con los pasajes. De esto me entero años después y no me extraña, porque ese partido fue un robo. Si lo ganábamos quedábamos en la A1 y no peligraba el descenso”, describe todavía con cierta molestia “Juanqui” Alonso.

Cabe recordar que al año siguiente, cuando Olímpico estaba en la B, se lo vuelve a convocar para reemplazar a Carlos Banegas. La campaña terminó con un nuevo ascenso luego de un gran triunfo ante Unión Santa Fe. “Gracias a ese ascenso me llamaron muchos clubes y me fui a Gimnasia de Pergamino”, comenta Alonso.

Phillip Lockett, el mejor

En su corta, pero fructífera experiencia como entrenador, tuvo la oportunidad de vincularse con varios jugadores, pero hubo uno que sin lugar a dudas quedó marcado en su memoria por sus condiciones. “Phillip (Lockett) fue el mejor americano que dirigí en toda mi carrera y uno de los mejores que llegaron a la Argentina. Era un jugador tremendo, inteligente, fuerte, defensivamente era bestial y cuando tenía la pelota debajo del aro era imparable. Lo único que le faltaba era un tiro de corta distancia, pero si lo hubiera tenido estaba en la NBA”.

En aquel entonces ir a ver a Olímpico era un acontecimiento social y deportivo sin igual. Los fanáticos llegaban desde horas tempranas al estadio desde diferentes lugares de la provincia. Las líneas de colectivos tenían que reforzar los corredores para poder cumplir con todos los interesados. Las interminables colas para ingresar al estadio le daban el marco adecuado a otra noche de fiesta. “Tengo los mejores recuerdos, la cancha llena, eran 4 o 5 mil personas. La prensa nacional destacaba lo que generaba Olímpico. Disfrutaba la gente y también le dábamos lo que querían. Era un equipo con mucha entrega, que jugaba bien, con muchos chicos de Santiago y eso generaba sentido de pertenencia. Cuando estuvimos en plenitud devolvimos con creces la expectativa que había. Fue algo hermoso, nunca más tuve una localía tan fuerte. Además a los entrenamientos iban 100 personas. A veces entrenaba a puertas cerradas porque no dejaban concentrar al equipo, una locura”.

La Banda

En ese momento el básquet le permitió llegar a la máxima categoría del baloncesto nacional y vincularse con una sociedad que lo hizo sentir de entrada como uno más. “La Banda es mi lugar en el mundo, siempre dije que es mi casa, una ciudad hermosa. Vivía en Laprida 211 siempre me acuerdo de esa casita de donde tengo grandes recuerdos y muchas amistades que conservo todavía y otros que ya no están, de los que tengo un hermoso recuerdo. Un montón de amigos. La Banda y yo nos queremos. Me gustaría volver y reencontrarme con muchos de ellos”.

En la actualidad Alonso no sigue mucho al básquet, salvo algún torneo especial. “Estoy muy inmerso en mi trabajo. Pasaron muchos años desde que me alejé, pero a veces, al tener trato con gente del ambiente, me voy enterando de cosas. De hecho hace poco estuve con el ‘Huevo’ (Sánchez) y me preguntó por qué no sigo dirigiendo. Lo que hago lo hago con mucha entrega y pasión. El básquet fue una etapa hermosa de mi vida durante años. Ya retirado, fui de los entrenadores que más partidos disputados tenía en la Liga y hoy a veces me veo en las estadísticas y sigo figurando a pesar de que pasaron casi 30 años de que no dirijo”.l


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