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Juan F. Borges Urrejola y la privación de su derecho a la defensa

Por Luis Horacio Santucho. Defensor de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes de Santiago del Estero.

- 13:01 Opinión

(En homenaje a los historiadores María Cecilia Rossi y Marcelo Ahumada, que nos acompañan espiritualmente en este Bicentenario)

“La historia es el único lugar donde consigo aliviarme de esta pesadilla de la que trato de despertar”, decía Marcelo Maggi, en la novela Respiración Artificial de Ricardo Piglia. Nuestro héroe provincial Juan Francisco Borges Urrejola no sufrío una irreal o fantástica pesadilla, sino una de las más graves violaciones a los derechos fundamentales de las personas: el derecho a la defensa que lo llevó irremediable a la muerte por fusilamiento.

Mientras el niño Borges Urrejola disfrutaba a los diez años del cariño de su madre, Josefa y de los viajes comerciales de su padre Manuel, muy lejos de allí, mas al norte del Alto Perú, en el Estado de Virginia, cuando aún EE.UU. era colonia inglesa, el 12 de junio de 1776, se consagra por primera vez en una Declaración de Derechos los fundamentos jurídicos del posteriormente universal Derecho de Defensa, que expresamente dice: “...en toda acusación criminal, el hombre tiene derecho a conocer la causa y naturaleza de la acusación, a confrontar con los acusadores y testigos, a producir prueba a su favor, y a un juicio rápido por un jurado imparcial de doce hombres de su vecindad, sin cuyo consentimiento unánime no puede ser declarado culpable”.

Los antecedentes inmediatos de este principio jurídico, aparecen como una parábola eufónica en la Carta de Derechos inglesa de 1689, mas conocida como Bill of Rights, uno de los documentos fundamentales del constitucionalismo inglés. Eran los tiempos que la aristocracia era revolucionaria, destituyó al Rey Jacobo II y a su Juez Jorge Jeffreys, apodado “el Ahorcador”, y le impuso condiciones a su sucesor de la dinastía de los Estuardos, Guillermo III príncipe de Orange, yerno de Jacobo II.

Otro antecedente de la misma entidad en el Derecho inglés y que puede ser considerado la primera fuente histórica de los Derechos Humanos, es la Carta Magna, otra embestida revolucionaria de la nobleza, esta vez contra el Rey Juan I, ocurrido el 15 de junio del 1215. Will not be taken, el futuro pasivo como posibilidad, que no se encuentra verdaderamente reflejado en la traducción al castellano, allí en esa cláusula XXIX de la Carta Magna podemos abrevar para recuperar el sentido de la garantía constitucional de la defensa en juicio, inscripta universalmente en todas las declaraciones de derecho.

¿Por qué no le fue permitido el ejercicio de ese derecho a Borges Urrejola? Tenía 50 años, había abrazado apasionadamente la Revolución de Mayo, un impulso vital de ciudadano envolvía su alma. El regimiento de Patricios fue convocado y organizado en urgentes incursiones por las pulperías y zonas rurales, donde resulta clave su relación con las masas populares hablando muy bien el quichua para extender el mensaje revolucionario. Este movimiento de apoyo a la Gesta de Mayo resulta decisivo para que la contrarrevolución liderada por Santiago de Liniers en Córdoba no se extendiera hacia el norte.

Juan José Castelli, el orador de la revolución, convertido en jefe militar del Ejército patriota reconoce el rol fundamental de nuestro héroe, pero ambos caen en la trama urdida con posterioridad a la muerte de Moreno, Castelli fue acusado por su actuación en la derrota de Huaqui o Río Desaguadero, en este caso el derecho a la defensa en juicio no le fue negado, el orador ya no podía hablar, el cáncer en su lengua ya había avanzado demasiado y fue la magnífica elocuencia de Bernardo Monteagudo buscando en el constitucionalismo inglés, el lenguaje, las pasiones y las ilusiones de una reparación al honor de este gran prócer de la patria.

Sigue siendo un misterio órfico el contenido de las cartas que el patriota santiagueño había escrito antes de su muerte, solamente llegaron a destino las dirigidas a su esposa Catalina Medina, donde perdonaba a sus enemigos. El dominico Fray Esteban Ibarzabal fue su confesor, el futuro general unitario Jose María Paz se negó a recibir su declaración aduciendo imprecisas excusas absolutorias, en sus Memorias escribió: “....ya era inútil el esclarecimiento de un hecho que estaba juzgado...”. Juzgar sin conocer los hechos, General Paz, acontecimiento muy triste de nuestra historia, ahora Ud. tiene una avenida que rodea a Buenos Aires del resto del país, solamente escuchó los disparos subitáneos del pelotón, y después quién sabe qué pensares lo acosaron por esa huella amarilla del enero santiagueño que recién llegaba. Belgrano ya había dispuesto el indulto que no llegó a tiempo, el viejo algarrobo de Santo Domingo fue testigo de la interrupción final de sus últimos recuerdos.

Sarmiento en el Facundo intenta explicar el enigma de la revolución argentina, sostiene en 1845 que el primer tiro se disparó en mayo de 1810 y el último aún no ha sonado todavía. La alegoría del enigma sarmientino es el proyecto emanicipatorio o la sagrada causa de la libertad que aún sigue su curso entre los laureles de los mejores hijos de nuestra patria.

El 17 de junio de 1821, dias después del Tratado de Vinará, mediante el cual Tucumán reconoce nuestra autonomía, cae en una emboscada fatal el gran aliado de Borges Urrejola, el egregio líder revolucionario Martín Miguel de Güemes, mientras Artigas, el Protector de los Pueblos Libres, que había saludado fervorosamente las rebeliones autonómicas santiagueñas, ya había empezado su repliegue agobiado militarmente por el centralismo porteño que no lo dejaba ser argentino. Años más tarde. el diputado por Santiago del Estero en tiempos del gobernador Juan Felipe Ibarra, Manuel Dorrego, héroe de la Batalla de Tucumán, murió fusilado en Navarro, no le permitieron nuevamente la defensa en juicio, un destino parecido y con las mismas motivaciones de sus autores intelectuales. La historia parece repetirse muchas veces y no es necesario iniciar un procedimiento hermenéutico, están allí los tozudos hechos, como decía Lenin.

El Bicentenario es un momento glorioso de nuestra patria santiagueña, reivindicar a los mejores para ser mejores. Nuestro gobernador Gerardo Zamora dijo el 2 de enero del 2020, que tenemos la posibilidad de construir una autonomía a escala humana. Justamente es la patria que soñaron ellos. Hombres, mujeres y diversidades de condición humana. He ahí el gran desafío. Porque como dice el poeta Luis Alex el sol no se enoja si nos ponemos a amanecer.

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