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El sueño que se hizo realidad

El “Capo” no olvidará jamás la tarde que su querido “Estuky” consiguió el ascenso al Torneo Nacional. Volvió de Ferro Carril Oeste con ese objetivo, lo consiguió y toda una provincia celebró.

- 23:37 Deportivo

Por Pablo Díaz

TW: @Pablidadi

Para un futbolista no hay mejor sensación que lograr un título con los colores del club donde se formó como jugador. Para los que lo lograron, es algo indescriptible y que no se olvida jamás. José Humberto Noriega, nacido en Nueva Esperanza (Pellegrini), hizo inferiores y debutó muy joven en la Primera de Estudiantes de Huaico Hondo. Pero con apenas 18 años, se fue a Ferro Carril Oeste. Allí tuvo la posibilidad de debutar en Primera División y jugar al lado de leyendas como el “Beto” Márcico, el “Mago” Garré y Héctor Cúper, entre otros. Pero él sentía que le faltaba lograr algo importante con su “Estuky”. Por eso pegó la vuelta a Huaico Hondo en 1981, para jugar el Torneo Regional, en busca del ascenso al Nacional de la AFA. “Se configuró un equipo excepcional. Si bien la base era de Estudiantes, se armó una especie de selección de jugadores que provenían de distintos clubes de la provincia”, recuerda el “Capo”. Y la dirigencia acompañó: “los popes eran el Dr. Mariano Paz, el escribano Jiménez, el señor Feijoó. El plantel tuvo una atención espectacular durante el torneo”.

“Estuky” arrasó en la segunda fase, con un contundente 7-0 de local ante Jorge Newbery de Añatuya. En la revancha ganó 1-0 para pasar a semifinales.

El equipo de don Julio San Lorenzo seguía imparable: 5-1 y 3-1 a Sportivo Belgrano de Río III, Córdoba, para meterse en la final donde lo esperaba otro cordobés: su homónimo de Río IV.

En la ida, el 13 de diciembre, empataron 0-0. Y el 20 de diciembre, en cancha de Mitre y con el arbitraje de Andrés Sabino, “Estuky” ganó 2 a 1 y el sueño de Noriega y toda una provincia se hizo realidad.

Una fuerte tormenta de verano precedió a aquella gran final en la mañana. Pero el sol santiagueño salió con fuerza y el partido se jugó sin problemas. Fue como un presagio de lo que estaba por venir.

Luis Medina; Mario Britos, Manuel Luna, Carlos Almaraz y Diego Gerónimo; Walter Coronel, José Noriega y Armando Coronel; Felipe Coronel, Miguel Rodríguez y Walter Bustos fue el equipo que paró Julio San Lorenzo aquel día.

“Como toda final fue un partido durísimo y muy parejo. El equipo anduvo muy bien y esa final fue el mejor partido que jugamos durante todo el Regional. Y Estudiantes de Río Cuarto tenía un equipazo”, rememora el ex volante central que, con 21 años, se dio el gran gusto de festejar un logro tan importante con el club de sus amores.

A Noriega le quedó en sus retinas aquella final. Y en sus tímpanos aún escucha repiquetear los bombos: “Carlos Carabajal, Carlos Saavedra y el Indio Froilán, que era fanático de Estudiantes, llevaron unos 300 bombos a la cancha. Se ubicaron detrás del arco que da espaldas al río y esa era nuestra bandita que todo el partido nos alentó al son de chacareras y zambas”.

Empujado por todo ese fervor popular, “Estuky” se puso en ventaja a los 41 minutos del primer tiempo, con el tanto de Miguel Rodríguez. Pero la alegría duró poco ya que cuando se jugaban dos minutos adicionados, Edgardo Funes empató para el Estudiantes cordobés. Pero en el complemento, a los 20’, “Toca” Luna convirtió el segundo, de penal, y desató el delirio.

“Luego de la vuelta olímpica, hicimos una caravana hasta la cancha de Estuky que fue interminable, donde íbamos confundidos todos los hinchas de Central Córdoba, Mitre, Sarmiento, Central Argentino, Comercio, Santiago, Unión, Güemes. Terminó en una fiesta espectacular en el club, con música y conjuntos. Fue una algarabía única”, recuerda José.

“Era el fútbol de Santiago el que jugaba esa final del Regional, que significó la primera y única vez que Estudiantes de Huaico Hondo llegó a la Primera División. Es el recuerdo imborrable de la representatividad que siempre tuvo nuestro fútbol santiagueño”, agrega.

El fútbol le deparó luego al “Capo” grandes alegrías, entre ellas otros dos ascensos a Primera con San Martín de Tucumán, pero aquel triunfo de Estudiantes lo sigue emocionando y llenado de orgullo. Ese fue y será el partido de su vida.

El recuerdo de Armando Coronel

Armando Coronel fue un exquisito jugador que vistió la camiseta de Estudiantes en las décadas del 70 y 80. Un estratega como pocos. Falleció el 20 de enero del año pasado y el “Capo” lo recordará por siempre. “Hay varios muchachos de aquel equipo del ascenso, entre ellos mi hermano, porque es mi hermano, Armando Coronel. Fue el gran número 10 de Estuky, el organizador del juego”, dijo emocionado.

El “Capo” de la Ciudadela, donde lo elevaron al pedestal de prócer

Después de jugar en Ferro y volver a Estudiantes, José Humberto Noriega tuvo un paso destacado por Sarmiento de La Banda. Y de allí pegó el salto a San Martín de Tucumán, donde jugó por casi una década.

En la “Ciudadela” surgió el apodo de Capo. “Nunca supe cómo nació el apodo. Ni cómo, ni por qué ni de qué forma. Surgió porque surgió. Yo andaba por la calle y me decían ‘¡Grande, Capo! ¡Vamos los Santos!’ Me pasaba en todos lados”, contó el ex jugador, entrenador y mánager del Santo tucumano.

Es que San Martín representa mucho para Noriega. Y ese sentimiento es recíproco, porque en el “Ciruja” está considerado como uno de los grandes ídolos de la institución. Y no es para menos, el santiagueño consiguió dos ascensos a Primera con San Martín (1988 y 1992).

Con el 5 en la espalda y una pegada prodigiosa, inscribió su nombre en el primer ascenso a Primera con dos goles a Chaco For Ever: una perla de tiro libre en la ida y un derechazo cruzado en la vuelta, ambos con un festejo similar. “Me quedaba parado con el brazo levantado, era mi estilo. No fui un goleador, pero hice varios importantes. Los que le marqué a For Ever marcaron un hecho histórico”, rememoró.

Noriega coincidió con otros dos santiagueños en su paso por el “Santo”: el ya fallecido Héctor “Pelusa” Cejas y Alfredo “Pichón” Juárez.

El hincha de San Martín lo recuerda siempre al “Capo” y la Ciudadela es como la segunda casa para el santiagueño. Cada vez que va a ver un partido, algo que ocurre con frecuencia, la gente le da muestras del inmenso cariño que le tiene.

“Tuve la suerte de haber vestido estos bastones rojos y blancos. San Martín es un club muy glorioso, muy sufrido. Es conmovedora la expresión de pasión del club San Martín. Es algo demencial”, comentó Noriega con su particular expresión. Un santiagueño que dejó una profunda huella en el corazón del “Santo” tucumano. Un privilegio del que gozan aquellos que fueron grandes dentro de la cancha. Y también fuera de ella. l

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