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Mons. Bokalic: “Abrazar al Señor para abrazar la esperanza, ésta es la fuerza de la fe, que libera del miedo”

Así lo expresó el obispo de la Diócesis de Santiago del Estero, durante la homilía que brindó en el Santuario del Señor de los Milagros de Mailín. Lee la homilía completa.

- 15:39 Santiago

“Abrazar al Señor para abrazar la esperanza, esta es la fuerza de la fe, que libera del miedo”, manifestó el obispo de la Diócesis de Santiago del Estero, monseñor Vicente Bokalic, en su homilía de la misa oficiada en honor a Nuestro Señor de los Milagros de Mailín.

El oficio religioso se desarrolló en la mañana de este domingo, en el templo de la histórica villa del interior de la provincia.

En la oportunidad, el obispo hizo un llamado a la comunidad católica de Santiago del Estero a redoblar su devoción hacia el Altísimo, en un momento en donde el mundo se ve cercado ante la aparición de un virus que modificó la vida y costumbres en gran parte de la población.

A continuación la homilía completa de monseñor:

"HOMILIA DE MONS VICENTE BOKALIC CM

OBISPO DE SANTIAGO DEL ESTERO

FIESTA DE NUESTRO SEÑOR DE LOS MILAGROS DE MAILIN

24 DE MAYO DE 2020

PORQUE SIGUEN MIRANDO AL CIELO…

Gracias Señor de los Milagros de Mailin, porque atraídos por el amor del Crucificado nos permites estar hoy aquí, en tu villa. Porque en nuestra presencia están todos los peregrinos y devotos que año tras año recibes en esta, tu casa. Tu casa Señor, esta villa parece silenciosa, pero sólo Tú Señor sientes el latido de los corazones que te aman. Es una melodía sublime, única, bella que envuelve y abraza tu cruz.

Ciertamente que se extraña la llegada de cientos de familias que vienen de todas partes: de nuestro querido Santiago, de innumerables ciudades, pueblo y parajes trayendo una mochila cargada de alegrías, esperanzas, pero también de lágrimas y sufrimiento acumulado en el tiempo. Sólo Tú, Señor de Mailin, sabes que hay en cada corazón que se acerca a tu sagrada imagen. Historias de luchas, esfuerzos, sacrificios hechos con mucha fe en la providencia… Llegamos hasta el Señor porque lo amamos, porque sentimos su amor, porque sabemos que podemos confiar en el “tiene palabras de vida eterna”, porque “nos amó primero” y se dio todo por nosotros. No hay distancia, ni caminos, ni anchuras que nos separe. Estamos lejos, pero muy cerca Ti Señor.

Hoy celebramos la Ascensión del Señor. El Señor Jesús subió a los cielos, pero se quedó entre nosotros, sentimos su presencia, está vivo y sigue actuando. Él nos lo dijo “estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”, hasta el final de esta historia humana. Nosotros creemos en sus palabras: lo confirmó con su vida de amor hacia nuestra condición humana: esa condición humana a veces con tantas sombras, inquietudes y temores como lo estamos viviendo en estos tiempos. Hoy más que nunca nos dice todos y cada uno de nosotros: “Yo estaré contigo hasta el final”: pase lo que pase, en tus debilidades, en las pruebas, en las calamidades, en los males de la naturaleza o provocados por los hombres. Estaré con ustedes alentándonos, reavivando la fe bautismal, a veces muy débil y dubitativa, como la de los mismos apóstoles que en esa Hora “algunos aún dudaban”. Pero Jesús no los excluyó, ni los apartó: más aún, los confirmó en su llamado de amor y misión. Como los apóstoles también nosotros nos sentimos muchas veces en nuestra vida: débiles, pecadores, y limitados. Y como ellos necesitamos ser confirmados en la fe y la esperanza.

La Ascensión del Señor es misterio de fe y de esperanza. Jesús Resucitado asciende a los cielos y se aparta de los suyos. Se fue y se quedó con nosotros. Como se entiende esto? Jesús les habló en la intimidad de su despedida: “No los dejare huérfanos, volveré a ustedes. Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero ustedes si me verán…”Jn. 14, 18-19; Los discípulos tampoco entendían sus palabras: “sus discípulos comentaban entre si ¿Qué significa esto que nos dice, dentro de poco ya no me verán…no entendemos lo que quiere decir..”Jn. 16,16-17. En esas hora tan oscuras y temerosas les habló abiertamente del Espíritu Paráclito-Defensor que les iba a enviar.

Cuando el Señor cumplió con su promesa de enviarles con el Padre el don del Espíritu Santo, comprendieron esas palabras. En esa Hora Jesús les decía “aún tengo muchas cosas que decirles pero todavía no las pueden comprender Pero cuando venga el Espíritu de verdad Él los ira guiando hasta la verdad plena”… Había que esperar. Tiempos distintos el de Dios y el de los hombres.

También nosotros, muchas veces debemos esperar en nuestra vida para ver la luz que ilumine y dé calma a nuestros corazones. Debemos tener la certeza de que el Señor es Fiel: no hay olvido en el Señor. Nuestra fuerza está en creer en su promesa, como Abraham, como María, como José. Creer sin ver y sin haber tocado las heridas del Resucitado: por eso somos bienaventurados. Creemos sin ver! Celebrando la fiesta del Señor de los Milagros en el día de la Ascensión, la palabra del Dios no ilumina con su Verdad y tiene muchas enseñanzas para nuestra vida de bautizados.

Una de las grandes enseñanzas o mensaje es la gran fiesta de la Esperanza y es lema oración de toda la Novena de este año. “peregrinos de la esperanza”. Sobre ella escuchamos muchísimo en estos tiempos. Que es la Esperanza que está siempre en nuestros labios y en nuestro corazón de creyentes? Todos sentimos y hablamos de la esperanza: esperamos que cambien las cosas para mejor, esperamos que pase esta pandemia que nos agobia y angustia, esperamos cambios en nuestras familias, esperamos un mundo más justo, más fraterno, más humano. Porque padecemos muchísimos males: muchos de ellos provocados por nosotros mismos, dominados por ambiciones, injusticias, soberbias, autosuficiencias, egoísmos, mentiras e hipocresías. Esto se da a nivel pequeño, como es el hogar como así también en varios ámbitos de la sociedad e instituciones.

Todos esperamos! Vale la pena hacer una aclaración y distinción entre optimismo, o también esperanza humana y esperanza cristiana. Un gran teólogo enseñaba “el optimismo moderno tiene como finalidad el éxito, la realización de nuestros planes, y deseos personales, mientras que la Esperanza, tiene como finalidad el don del amor de Dios que nos viene dado más allá de nuestras posibilidades. En el optimismo “no hay nada que esperar…lo que esperamos debemos hacerlo nosotros mismos, mientras que en la Esperanza cristiana se espera lo que nos supera y que sólo Dios nos puede dar. La esperanza que es una virtud que Dios regala en nuestro Bautismo se funda en las promesas de un Dios que es Veraz, Poderoso y Fiel. Se funda en Jesús, que nos amó hasta el extremo y venció todo mal. Vive para siempre y nos participa de su fuerza, energía y gracia para vivir y luchar contra el mal con la fuerza del bien.

Nosotros como seguidores de Jesús, creemos que el amor es más fuerte que la muerte, y que al final el bien y la verdad triunfan sobre el mal y la mentira. El cristiano auténtico sabe que vivir es amar, persistir, pugnar y que al asumir el Reino de Dios es jugarse con convicción hasta el extremo, denunciando tantos signos de muerte en nuestra sociedad, denuncia que implica audacia y valentía frente a los poderes del mal. Y al mismo tiempo, trabajando para hacer crecer los valores de fraternidad, justicia, solidaridad y verdadera paz.

La esperanza nos deja tranquilos, pero no es pasividad, ni conformismo ni resignación. No nos hace “mirar hacia otro lado” cuando hay tantas necesidades, miseria, ignorancia, violencia y falta de amor. No nos evade de un mundo lleno de desafíos, conflictos, adversidades, de sufrimiento y de muerte de tantos inocentes. No es anestesiarnos con bellas intenciones y pensamientos.

“Porque siguen mirando hacia el cielo”?: es una indicación bien clara: ha llegado la hora de la Misión. Les enviare la fuerza del Espíritu para que sean mis testigos ante todos los pueblos de la tierra. La Esperanza cristiana encierra una formidable energía que nos lleva a salir, a la acción. Compartir lo que hemos recibido gratuitamente y que es un tesoro para nosotros. “Lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos tocado con nuestras manos…es lo que anunciamos” 1Jn. 1,1. La Esperanza, que se fundamenta en el poder real de la Resurrección de Jesús, que triunfa sobre la muerte nos indica un horizonte: fuimos llamados y marcados por el poder del Altísimo, con la fuerza del Espíritu, para ser servidores de la esperanza activa: sembrar los valores del Reino, que de momento sufre “como dolores de parto” pero sabemos que el final es la Vida. Es el mismo Espíritu que transformó a los Apóstoles haciéndolos valientes testigos y hacedores del Reino: predicando el Evangelio de la Vida y del Amor. Jesús nos marcó un camino, nos dio lo que necesitamos para una marcha a veces ardua y bien difícil, para no doblegarnos ante las adversidades y crisis de la historia.

Testigos del Resucitado, íntimamente unidos a Él, “como los sarmientos a la Vid” y revestidos de su poder salgamos al encuentro de tantos hermanos que buscan la luz, consuelo y fortaleza en medios de lágrimas y quebrantos, hermanos que padecen hambre, injusticias, violencias de todo tipo, que transitan en el sinsentido y amarguras: para comunicarles vida desde nuestra cercanía y amor compasivo, involucrarnos, acompañar y dar frutos de cuidar de personas, familias y comunidades.

En síntesis esperamos un mundo nuevo: un cielo nuevo y una tierra nueva “y no habrá más muerte, ni pena, ni queja, ni dolor porque todo lo de antes pasó. Apoc. 21,4, Es final ya está decretado: pero esta etapa de nuestra historia implica nuestro esfuerzo y nuestro compromiso de cristianos. Es aquello del refrán “a Dios rogando y con el mazo dando”.

Sigue muy vivo el gesto y sobre todo la oración del Papa Francisco que nos convocó hace unos meses atrás, a orar juntos en medio de esta pandemia y nos guio desde la plaza de San Pedro

“El Señor nos interpela y, en medio de nuestra tormenta, nos invita a despertar y a activar esa solidaridad y esperanza capaz de dar solidez, contención y sentido a estas horas donde todo parece naufragar. … En medio del aislamiento donde estamos sufriendo la falta de los afectos y de los encuentros, experimentando la carencia de tantas cosas, escuchemos una vez más el anuncio que nos salva: ha resucitado y vive a nuestro lado. El Señor nos interpela desde su Cruz a reencontrar la vida que nos espera, a mirar a aquellos que nos reclaman, a potenciar, reconocer e incentivar la gracia que nos habita. No apaguemos la llama humeante (cf. Is 42,3), que nunca enferma, y dejemos que reavive la esperanza. Abrazar su Cruz es animarse a abrazar todas las contrariedades del tiempo presente, abandonando por un instante nuestro afán de omnipotencia y posesión para darle espacio a la creatividad que sólo el Espíritu es capaz de suscitar. Es animarse a motivar espacios donde todos puedan sentirse convocados y permitir nuevas formas de hospitalidad, de fraternidad y de solidaridad. En su Cruz hemos sido salvados para hospedar la esperanza y dejar que sea ella quien fortalezca y sostenga todas las medidas y caminos posibles que nos ayuden a cuidarnos y a cuidar. Abrazar al Señor para abrazar la esperanza. Esta es la fuerza de la fe, que libera del miedo y da esperanza.”

Hoy más que nunca queridos hermanos digamos junto y con la fuerza del Resucitado ¡¡Señor de Mailin, junto a María, Peregrinos de la Esperanza!!!!

+ Vicente BOKALIC CM

OBISPO DE SANTIAGO DEL ESTERO"


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