×

“Nos rociaron con alcohol y nos dijeron que nos iban a prender fuego”

Las víctimas brindaron sus declaraciones testimoniales. Hablaron de torturas salvajes e intentos de abusos sexuales. Además expresaron que los policías estaban ebrios. Los acusados fueron apartados.

- 00:57 Policiales

A medida que las horas avanzan, se conocen más detalles del brutal ataque que sufrió una familia de la comunidad Qom en la localidad de Fontana, durante la madrugada del domingo, donde fueron torturados por un grupo de agentes de la policía chaqueña.

Durante el violento operativo dentro de la casa, los policías —ya detenidos e imputados— se llevaron detenidos a cuatro jóvenes, entre ellos a dos mujeres, una menor de edad. A las pocas horas, tras ser puestos en libertad, denunciaron abusos sexuales y torturas dentro de la comisaría.

Los testimonios de los protagonistas de esa madrugada de terror, en el barrio Bandera Argentina, donde fue atacada la familia qom Saravia-Fernández, generó indignación al salir a la luz.

Los rostros de las víctimas delatan la violencia sufrida. Ante la Fiscalía interviniente contaron que en la Comisaría Tercera, además de agredirlos intentaron abusarlas sexualmente.

El diario Página 12 accedió en forma exclusiva al testimonio de cada una de las víctimas.

La horda de policías --de civil y uniformados, algunos alcoholizados--, en teoría perseguían a un ladrón o a los autores de una pedrada a la sede policial, que ya acumula quejas por abusos.

Rebeca sostuvo ante la Justicia: “Nos llevaron ahí, apagaron la luz y empezaron a pegarnos todos. Uno nos tiró alcohol, nos tiró un cigarrillo y nos escupió. A mí me tiraron agua y me siguieron pateando, eran como cinco o seis que me pegaron en la espalda, a mi compañero también, tiene todas las piernas lastimadas”.

Con más bronca que miedo por lo que les tocó pasar, la joven continuó diciendo: “Cuando nos llevaron a Sanidad nos dijeron que si decíamos algo nos iban a pegar otra vez, nos empujaron en una camioneta y nos dijeron que nos iban a prender fuego”.

Lo mismo le pasó a D.F., de 16 años, quien está con tratamiento de sedantes porque padece estrés postraumático.

“Soy Elsa Fernández, la dueña de la casa. Fueron agredidos mis dos hijos y mi sobrino. Estábamos durmiendo, escuchamos ruidos y salimos a ver qué pasaba. Venían cómo 30 policías, tiraban tiros, tenían gomeras y botellas. Les dije que no entren, no me hicieron caso, me pegaron y se metieron por la fuerza, mi sobrino les decía que no entren porque había menores adentro, no les importó. Me rompieron la puerta, le pegaron a mi sobrino, apuntaron con armas a los menores y a mi hija de 11 años la agarraron del brazo y la tiraron en la cama”.

La mujer continuó diciendo: “Dos policías la estaban pateando, la arrastraron de los pelos, intenté defenderla y prenderme, pero me empujaron. Hice dos pasos atrás, pero los cuatro policías sacaron a mi sobrino y le empezaron a pegar por la cara, las costillas y la cabeza. Como mamá abracé a mis dos hijos, y me pegaron igual. Cuando Fernández el comisario me pegó con la reglamentaria mi hija se asustó porque vio sangre en mi cara, y ahí me soltaron. Tiraron a mi hija en el piso, le pegaron y la arrastraron una cuadra de los pelos cuando ya estaba inconsciente. Reaccionó recién en la esquina de la comisaría, una mujer policía la hizo caer de nuevo con una zancadilla, cayó y se volvió a levantar como pudo”.

Por su parte Alejandro expresó: “Me sacaron de la casa, a mi abuelo le apuntaron en la cara con la escopeta, y a mí con la nueve, le dije a mi abuelo que se aleje, para sacar a los policías los tuve que empujar porque estaban mis dos sobrinos chiquititos. Me llevaron hasta la otra cuadra, me patearon y me tiraron en una zanja. Desde las 4 que cayeron hasta las seis de la mañana me estuvieron golpeando, me rescataron mis primos. Me sacaron las zapatillas, empezaron a tirar todas nuestras cosas. Me pegaron con la culata de la nueve acá (muestra el pómulo derecho), después me pusieron boca abajo y empezaron a saltar arriba mío, a mi primo le pateaban todo y le pegaban con un palo”.

“No nos podíamos parar, así que nos íbamos gateando y ellos nos pateaban en las costillas. Luego los presos empezaron a patear la reja para que pararan. Nos tiraron en un patio, y nos soltaron al mediodía. Al esposarnos nos pegaban. Los de Sanidad dijeron que estábamos bien, era un doctor y dijo que eran unas lesiones. Le dije, mire apenas me puedo sentar, mi primo no se puede parar, no podemos comer porque tenemos la boca hinchada. A mi compañera (D.F) le lastimaron toda la cara y a mi hermana la pisaron”, dijo.

Johana expresó: “Somos parte de un pueblo originario, que no quede todo en la nada.. que no vuelva a pasar con los wichí, los mocoví, somos todos originarios. Esta agresión fue física y verbal, no puede quedar impune esto que le pasó a mi sobrina y a mi vecina, ví todo lo que pasó. La versión de ellos es mentira, estábamos todos tranquilos con los chicos, cuando llegué me encontré encerrada, en ese momento quise cuidar a los menores. Un policía me insultó y me empujó, que abra la ventana para sacar todo. Le sentí olor a alcohol al policía, como que estaban borrachos. Pido que haya resguardo para lo que pase después, que a ningún detenido aborigen que caiga en la comisaría tercera le pase nunca más nada. Nos han torturado, queremos levantar nuestra voz hoy”. l



Más noticias de hoy