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A los 46 años de la muerte del General Perón: El último líder de la Argentina

1 de Julio de 1974 - 2020

- 10:00 Opinión

Por Daniel Milki. Militante Justicialista


I - La trascendencia de la revolución peronista: La organización jurídica de 1853/60 correspondió a nuestra inclusión en el mundo dominado por la expansión de la Revolución Industrial y el Imperio Británico. Fue además, el intento de establecer un equilibrado político entre los dos partidos enfrentados (federal y unitario), pero concediendo a Inglaterra el control de la economía. Ese proyecto en general (y quienes lo condujeron), abarca todo el periodo imperial de Inglaterra y muere con él. Esto no significa la existencia de un solo proyecto liberal, pero si la necesaria aceptación de la hegemonía británica por los sectores políticos ya sea por adscripción ideológica, falta de claridad ante el problema o debilidad política; es decir falta de poder.

Justamente “la década infame” exacerbo el cuestionamiento al satelismo pro-ingles al mismo tiempo que demostró la incapacidad de los sectores políticos para comprender y modificar esa situación: el liberalismo “autoritario” optó conscientemente por ser “joya de la Corana” arrastrando inclusive a gran parte del liberalismo democrático (la UCR de Alvear) que termino convirtiendo el método de la transformación, la democracia, en un fin en sí mismo; es decir, ensayo un formalismo negador de la realidad.

Inclusive el nacionalismo termino adorando la modificación del sistema político (la autocracia nacionalista) más que procurar insertarse en las reivindicaciones del pueblo. Solamente FORJA, originada en la UCR y los nacionalistas “populistas” se convirtieron en expresión doctrinaria de un país en crisis.

En ese contexto que, en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, va a surgir un proyecto nacional encarnado en Perón, en momentos en que dos nuevas y exclusivas superpotencias entierran los cuatro siglos del poder mundial de Europa y se reparten el mundo.

Cada una de esas potencias representan el punto de mayor desarrollo de las dos revoluciones trascendentes de Occidente: la Francesa y la Rusa. No es de extrañar que la revolución que nacía en nuestra tierra fuera igualmente trascendente: era la única respuesta posible a proyectos integrales en plena expansión.

Podrá padecer petulante que nuestra revolución sea caracterizada como trascendente en un mismo nivel que las dos famosas revoluciones que abrieron los rumbos políticos de los siglos XIX y XX. Tan petulante como asignarle ese calificativo a la Francia aislada en medio de una Europa monárquica en 1790 o en los bolcheviques que negociaban la paz a cualquier precio en 1917.

II - La vigencia del peronismo: Es por eso que no se puede encararse un futuro serio en Argentina obviando la historia del peronismo, ya que, a favor o en contra, toda la nación gira en torno a él desde hace 74 años.

Pensar que la muerte de Perón ha dado fin al peronismo y lo que el sigue representa, es caer en un nuevo abordaje de la realidad desde la fantasía y reducir a los términos de la vida de un hombre, la historia de un Pueblo.

La vigencia del peronismo está dada por la transformación que opero en la sociedad argentina y no por los resultados electorales, que fueron la consecuencia de esa voluntad transformadora.

No hay que buscar en Perón, hoy desaparecido, el motor del Movimiento, sino en el Pueblo que el interpretó y elevo a rango de Doctrina.

La creencia de un “Perón-mito”, en un “hábil bonapartista” en un “cultor de su propia personalidad”, son componentes de un pensamiento que corresponde a 60 años atrás, cuando las antinomias excluían toda verdad en adversario, en un bando y otro.

Persistir en ese pensamiento unilateral impide tomar conciencia del hecho histórico fundamental: en la Argentina está en curso una revolución y el peronismo, no por obvio, puede ser obviado.

III - El peronismo como revolución: Todo proceso de transformación de una sociedad que involucre un cambio de sus estructuras para crear condiciones de mayor justicia social, es revolucionario. Por eso el peronismo es revolucionario.

Esa transformación fue operada por el peronismo en los niveles político, social, cultural y económico de la Nación. Quizás ninguna más evidencia y conflictiva que la emergencia de una nueva clase social: los trabajadores, con el lógico reacomodamiento que obligo a los sectores sociales que conformaran una “país decente”, aquel que no llegaba a entender quiénes eran y de donde salían los protagonistas del 17 de Octubre.

El “soberano” al que había que educar para que supiera participar; el “proletariado”, que debía tomar conciencia de clase para hacer la revolución, irrumpía no solo en la calle, sino en todos los lugares de la sociedad argentina y ponía en crisis todos los principios sobre los que dormía el país sin capacidad de cambio. No en vano sus detractares usaron la palabrea “aluvión” para fotografiar la realidad de esa época.

Una democracia de masas, directa, la ocupación de un espacio político, las organizaciones sindicales, los derechos cívicos de la mujer, los cambios políticos y jurídicos convalidaron siempre una mayoría absoluta, dieron a esta Nueva Argentina un claro cariz de ruptura y choque con el “país eterno” de las concepciones liberales.

La transformación económica expresada en el rol activo y planificador del Estado y en la creciente participación de los trabajadores en la distribución de la riqueza, cerraba un ciclo de liberalismo ya existente desde la crisis mundial del año 30.

La cultura, entendida global y materialmente (como acceso concreto a las cosas) y no reducida a la simple alfabetización sufrió un profundo cambio dirigido a crear una conciencia nacional y social que acompañara al proyecto de hacer una gran nación.

El peronismo o sea las masas peronistas, aparecía en todos los aspectos de la vida del país. Sus opositores no podían menos que verlo como un totalitarismo, desde el momento en que les resultaba omnipresente y como un personalismo, ya que Perón sintetiza todas las nuevas formas de expresión política.

Para muchos, la idea estática que asocia revolución y muerte, les impidió visualizar el hecho de fondo que era una revolución en marcha desde el poder de las masas, del Estado y del gobierno sin derramamiento de sangre.

Toda revolución es nacional y popular. La realiza un pueblo que constituye una Nación. En ella no hay una antinomia entre sus objetivos nacionales y sociales. No hay Patria sin Pueblo, ni Pueblo sin Patria. Inútil buscar las revoluciones burguesa y socialista, son la revolución Francesa y la revolución Rusa. De la misma manera, solo se puede ser participe y asumir una revolución en la vida: la que realiza el pueblo al que uno pertenece. Por eso, las revoluciones no se exportan ni se importan. El peronismo no es modelo para Cuba, ni el castrismo para la Argentina. Un Pueblo que tiene que importar su revolución, no se la merece.


IV - La violencia de una revolución: Ninguna revolución deja de tener su cuota de violencia, su grado de traumatismo.

Desde el momento que significa un cambio de estructura para alcanzar una mayor justicia, no puede dejar de herir privilegios causantes de injusticias y descolocar situaciones estabilizadas hasta entonces.

Por lo que se poseyó injustamente o por lo que se participó en esas estructuras de privilegios y privación, no se puede evitar el sentimiento de pérdida. Los nuevos “propietarios” del poder y la riqueza no dejan de ser vistos como usurpadores.

Y ese proceso de pérdida, reacomodamiento y cambio significa dolor, inseguridad, rechazo y rencor. No es esperable al comienzo otra actitud. SI no fuera así, esos mismos sectores privados de algún privilegio lo habrían repartido por propia decisión. Pero ese es un razonamiento poco común en la historia del continuo forcejeo del hombre por su dignidad.

En general, ese ascenso de masas ocurre desde una situación de extremo antagonismo con su secuela de luchas cruentas y violencia generalizada. Las condiciones de miseria, despojo y opresión de casi todos los pueblos que han protagonizado su revolución han dejado poco margen para las vías pacíficas; máxime cuando “las clases conservadoras habían perdido el instinto de conservación”. De allí que la imagen corriente de revolución no pueda escindirse de la sangre que corre en el cambio de poder. Los millones de muertos acumulados en Francia, Rusia, México, China, Vietnam, Cuba, Nicaragua, Irán, Argelia, parecen establecer una regla de hierro.

El peronismo, iniciado desde el poder del Estado, aparece como una excepción con su revolución incruenta, Además, la idiosincrasia y situación de nuestro pueblo eran diferentes a las de esos casos nombrados.

Pero, como toda revolución ejerció el grado de fuerza necesario para imponerse en medio de una sociedad a la que se propuso transformar y no aniquilar. Y esa “violencia” se expresó en su labor de adoctrinamiento, para hacerse irreversible.

Que en ese proceso hubo exceso, más que evidentes, es lógico. Pero fueron excesos en situaciones impuestas y no en vidas tronchadas y es un principio de elemental honestidad reconocer los excesos anteriores, cometidos en masa contra los trabajadores, sin contar las aberraciones y crímenes desde el 55 hasta la desorganización actual de la Nación.

Esa etapa del peronismo puede ser ejemplificada por las propias palabras de Perón: “siempre resulta difícil establecer el orden entre las tropas que se apoderan de una ciudad largamente asediada” (Comunidad Organizada, Capitulo II)

V – La etapa doctrinaria de la revolución: Es posible que uno de los aspectos más conflictivos para el pensamiento de la clase media sea la forma en que el peronismo adoctrino a su base social durante el periodo 1946-55. De allí surge la más severa crítica y el cuestionamiento de fondo a la obra transformadora del peronismo. La demagogia, como único argumento de perpetuarse en el poder repartiendo beneficios y regalando bienes, fue aceptada en masa por el anti-peronismo como la explicación absoluta del favor del pueblo hacía Perón.

Todo lo que el peronismo hizo en una década fue filtrado a través de esa idea-fuerza del pensamiento liberal y de ella surgió la creencia que se lo podría erradicar privándolo de las fuentes distributivas del aparato estatal o cuando ya no hubiera más que repartir.

Muchos de los que de buena fe apoyaron el levantamiento del 55 lo hicieron convencidos de que era así. Ya en 1958, en 1962, en 1965, ese sueño de diluía con el fracaso político de la Libertadora en su objetivo de “desperonizar” al país.

Perón adoctrino en base a su apotema “mejor que decir es hacer, mejor que prometer es realizar”; es decir adoctrino por vía de la acción y no solo de las ideas. En consecuencia, ese Pueblo le respondió con su apotema “Perón cumple”.

Predico la justicia social que ponía en práctica, repartió el poder –antes minoritario- elevo a los más hundidos en la escala social, dio bienes a los más desposeídos, distribuyo más riqueza a los que aportaban el trabajo que la crea, dio trabajo a los desocupados, incorporo a los marginados, igualo a los inferiorizados, abrió las puertas de la cultura, la función pública y el ascenso social a los siempre condenados al trabajo, como herramienta de supervivencia. Por primera vez, alguien los reconocía protagonista de la vida nacional y se dirigía a ellos con respeto.

No es extraño que aquellos que gozaban de los privilegios de la vieja sociedad injusta atacaran a quienes los “rebajaba” al igualarlos con lo de abajo.

Tampoco es extraño que, quienes por su ubicación socio-económica y cultural poseían los bienes para acceder “per se” a la vivienda, la salud, la educación y el bienestar general, atacaran al que los distribuía entre los que no tenían, ni habrían de tener jamás acceso a ellos, en aquella sociedad clasista y necesariamente contradictoria.

Quienes tenían la vivienda como algo tan habitual de sus vidas que no imaginaban la posibilidad de no poseerla, olvidaban que la justicia social pasa por dar techo y no por “concientizar” acerca de las necesidades de tenerlo.

Solo para los pasaron Navidades amargas de miseria y privaciones de lo elemental entendieron la grandeza de quien con la sidra y el pan dulce, revelaba la profunda comprensión de la igualdad humana y no de métodos electorales.

Que en todas estas obras hubo quienes actuaron como oportunistas y obsecuentes es indiscutible. Pero, si hacer justicia a diez que la merecen favorecen a uno que no, el justicialismo cree que vale más dejar en libertad a diez delincuentes que condenar a muerte a un inocente, porque para nosotros cada persona, es un fin en si mismo.

Pero donde más se ensaño el odio a la nueva y traumática sociedad fue en la figura y la obra de Eva Perón. Nada tan amado y tan odiado como la Fundación. Ella sintetizaba en sí mismo la emergencia de los nuevos estamentos sociales, el desenmascaramiento de las condiciones de los más humildes, la nueva condición de la mujer, el arrancar a la pobreza como objeto de beneficiencia y la incorporación de la sensibilidad y el efecto de la gestión de Estado; en una forma de organización inconcebible para la mentalidad liberal y por ello absolutamente revolucionaria.

Una revolución se hace para implantar la justicia entre los hombres, en la medida de las posibilidades de la época. Esa justicia se establece para que todos tengan iguales posibilidades y se les respecten iguales derechos. En síntesis, para vivir mejor y crear juntos una comunidad más humana; esa es la Patria grande y el Pueblo feliz del Justicialismo.

“El peronismo dio cosas a la gente y por eso la gente se hizo peronista”. Si lo habremos escuchados…La primera actitud suele ser vergonzante: negar, justificar. Es cierto es la más grande verdad sobre la acción del peronismo. Y lo seguirá siendo. El peronismo no se asentó en nuestra Patria para dar explicaciones racionales a los satisfechos, sino para atender, antes que nada, las necesidades básicas de los necesitados. Así, al reconocerlos en lo más hondo de su condición humana, los hizo participar de los bienes de una civilización que ellos creaban. Los libero de la esclavitud de sus privaciones y les reconoció su derecho a ser felices por ser humanos. Por eso los dignifico y su adoctrinamiento no fue más que ese: los hizo artífices de su propio destino.

Cuando un ser humano llega a esa situación ya está en posesión de los medios que le permiten ser una persona y no un animal de trabajo.

La persistente lealtad de esos trabajadores desde el llano a la par que el anti-peronismo se hacía cada vez más minoritario y sin otra propuesta que “no ser” fue creando las condiciones para el adoctrinamiento del otro gran sector social de nuestro Pueblo: la clase media. También ella se adoctrino en los hechos y no en las palabras, en la evidencia de no tener futuro en un país que, sometido a un proyecto que trataba de obviar la realidad, no se realizaba y trababa la realización de todos.

Entre la sociedad que caduco en 1943 y que nació en 1945, por fin, nuestro Pueblo elegía no ya mayoritariamente sino abrumadoramente, el futuro. Estaban creadas las condiciones para que Perón con un proyecto para toda la Nación condujera a la toma del poder.

Fuente: Mundt e Ivancich




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