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Mateo 11, 25-30

- 23:48 El Evangelio

Después del juicio a su generación y de la crítica a las ciudades de Galilea en las que se habían realizado la mayoría de los milagros, Mateo coloca estas sentencias de Jesús, introducidas por una oración en la que agradece al Padre porque ha revelado los misterios del Reino a los pequeños y los ha ocultado a los sabios e inteligentes.

Luego, y en estrecha vinculación con la revelación del Hijo, Mateo coloca este dicho de Jesús en el que llama a seguirlo a todos los que padecen bajo la pesada carga del legalismo judío.

Jesús da gracias al Padre porque ha revelado los misterios del Reino a los pequeños y los ha ocultado a los sabios. Los sabios representan a diversos grupos: los maestros de sabiduría de Israel, los “discípulos de la sabiduría”, los seguidores de grupos apocalípticos y sobre todo los “letrados”.

Es decir, se trata de la aristocracia religiosa de Israel. Paradójicamente, el Padre ha revelado el Reino a los pequeños: los pobres, los excluidos de la sociedad judía: campesinos, mujeres, galileos, que para la consideración general tenía limitado el acceso a Dios porque no “conocían” la Torá y las tradiciones rabínicas.

A ellos, el Padre les revela el Reino que se hace presente en el actuar misericordioso de Jesús, quien a su vez, da a conocer a su Padre por toda su actividad. Rechazado por las ciudades y por la oligarquía judía, Jesús se vuelve hacia los pobres, hacia los marginados por un sistema religioso basado en la práctica vacía de preceptos legales. Una religión sin espíritu, que se había olvidado de los “huérfanos y las viudas”, una religión vacía de justicia, misericordia y amor.

A éstos pobres, Jesús llama a seguirlo y les ofrece la “gratuidad” de la salvación, porque él es manso y humilde de corazón. Jesús los vincula a su persona y a la alegría que el Reino trae a la humanidad. Jesús dará alivio a los que cargan con el yugo de un legalismo religioso, de una moral que es exigida sin haber anunciado la alegría de la salvación.

Los que siguen a Jesús, se hacen sus discípulos, encontrarán en él, alivio, descanso a sus penas. Serán los bienaventurados, los que ya desde ahora gozan de las alegrías del Reino.

Conclusión

La lógica de Dios pone en entredicho las costumbres de los hombres. No son los sabios los destinatarios privilegiados del Reino, sino los pobres, los excluidos. A ellos llama Jesús a seguirlo y desde ellos y en solidaridad con ellos al resto de los hombres. El Reino que inaugura Jesús invierte la lógica humana que pretende construir un mundo desde el poder, desde la sabiduría de los poderosos. Ahora, son los pobres a quiénes el Padre revela su salvación, y a quiénes el Hijo invita a que lo sigan.

Este llamado nace de la gratuidad de Dios que promueve la vida humana en todas sus manifestaciones, y quiere que sus hijos vivan en dignidad. Esta es la lógica de Dios, la lógica del amor hecho servicio que se revela en el misterio de Jesús. Los legalismos religiosos, ahora dejan de tener vigencia. En Jesús el Reino es gratuidad y amor que se expresa en la solidaridad con los pequeños de la tierra. El Reino trae una nueva humanidad y un nuevo modo de vivir nuestra relación con Dios. l


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