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Al rescate del adolescente

- 12:02 Opinión

Por Mónica Maud.

Profesora de Castellano, Literatura y Latín. Escritora

Sucede que nuestra sociedad, caracterizada por sus costumbres todavía pueblerinas, ha sufrido grandes cambios, que no sólo ponen en peligro la vida de los más jóvenes, sino también dejan sin respiro a los viejos. ¿Qué está pasando? Pues, que buena parte de los adolescentes pretende “crecer” con la rapidez del rayo, imitando situaciones que solamente aparecen como posibles en los programas televisivos, en los videos de Internet, y en algún otro medio al que ellos no debieran acceder. Muchos me han preguntado si esta postura se debe a una carencia de adecuación a los nuevos tiempos; creo, al respecto, que si estos “nuevos tiempos” atentan contra la dignidad de la persona y contra su desarrollo sano y saludable, entonces, de verdad padezco de un síndrome de inadecuación. Pues, ¿por qué debemos adecuarnos a la presencia de síntomas de la aspiración de emanciparse en forma precoz, de los adolescentes, si ellos no están preparados para lograrlo con éxito y sin riesgos? ¿Por qué hay que adecuarse a toda clase de desatinos morales cuando nuestros valores sociales no coinciden con la torpeza de presumir que los padres no “entienden” lo que pasa hoy? ¿Por qué razón deberíamos quedar quietos frente al desmesurado desinterés en los jovencitos respecto de sí mismos, de sus costumbres y de sus exposiciones?

¿Adónde estamos los adultos, los papás, mientras los adolescentes corren por la vida sin tino, sin límites, sin respeto ni miramiento por ellos mismos? ¿Adónde estamos los padres, mientras ellos deambulan por las noches en busca de experimentar sensaciones, que aún no pueden manejar? ¿Adónde estamos, mientras nuestros hijos deciden iniciarse sexualmente sólo porque “ahora es así”? ¿Qué tipo de argumento es éste? ¿Qué tipo de explicaciones les pedimos a nuestros hijos? ¿Qué les enseñamos, cuando, frente a los programas de televisión, nos convertimos en cómplices del actual desenfreno, riendo junto a ellos? Tantas preguntas se me ocurren, que llenaría de tinta el papel del alma; sin embargo, obediente a algunos prejuicios ajenos, prefiero invitar a los papás no a pensar ya, puesto que no hay tiempo material para ello; invito a actuar. La acción, la intervención del adulto es imprescindible, urgente, imperiosa, apremia.

 

Costos

Muchos papás sentirán que están siendo acusados, o señalados con el dedo, pero no es así para nada; lo que sí afirmo que hay que rescatar al adolescente de las sociedades de consumo, de intemperancia, de inmoderación, de alto riesgo. El adolescente está en peligro, y en consecuencia, la sociedad está en peligro.

Los chicos, aunque ellos crean que “saben todo”, en realidad, recién están comenzando a atravesar por los caminos de la vida, sin experiencias, sin tener las normas claras, sin la destreza de manejar la multiplicidad de situaciones que les presenta a diario, en todos lo lugares adonde concurren y frente a todas las personas, tampoco saben manipular sus emociones, lo que es fundamental para la toma de decisiones. ¿De qué modo, entonces, ellos pueden salir adelante con decoro y éxito de una etapa de la vida que se caracteriza por la enorme cantidad de contradicciones? Con la ayuda y la orientación de los adultos, sean padres, o quienes fueran que están a cargo del hogar.

El adolescente siente que los hechos lo atropellan, no sabe esquivarlos, y se rebela, sin siquiera entender muy bien cuál es la senda que prefiere, sin comprender exactamente la razón de su enfado, y ante tal agotamiento espiritual, a lo que se podría añadir una buena cantidad de situaciones problemáticas que existen en los hogares, lo que éste crea son un sinnúmero de mecanismos de escape. Tales mecanismos tienden a desplegarse en forma de imitaciones de lo fácil, de lo que parece divertido, de lo que está a mano; y en este juego de presiones y disensiones, el chico halla herramientas que, amén de no traerle soluciones, sino adicciones, tampoco acarrea alivio puesto que pone en peligro desde su dignidad como persona, hasta su vida. Caso de conductas obscenas, consumo de alcohol, consumo de drogas, y etcétera.

 


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