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Alumnos del jardín Madre Mercedes Guerra contaron la leyenda de “La Tanta Micha”

En el mes del aniversario de la Madre de Ciudades, los pequeños alumnos nos regalaron tiernos vídeos.

- 19:51 Santiago

El 25 julio de celebra un nuevo aniversario de la "Madre de Ciudades" y por la pandemia del coronavirus, nos impide festejar como la tradición marca, pero a pesar de ello, muchos buscan la forma de acompañar.

Este es el caso de Narella, Martín, Ignacio, María Esperanza y Mía. Alumnos del jardín Madre Mercedes Guerra, sala de 5 años "A".

Ellos, junto a su maestra representaron mediantes videos, la leyenda de “La Tanta Micha”.

La leyenda

Cuenta una antigua leyenda santiagueña sobre una egoísta mujer que fue condenada a vivir a ras del suelo por ser mezquina.

El monte santiagueño era habitado por una tribu, cuyo cacique tenía la particularidad de ser muy generoso y valiente. La personalidad de éste se contrastaba con la personalidad de su esposa, quien era egoísta y maliciosa.

Un buen día, mientras la esposa del cacique se encontraba trabajando frente a un horno donde se cocinaba el pan, se presentó en el lugar una anciana desconocida. Ésta se le acercó y le preguntó si podía convidarle un trozo de pan. La esposa en cuestión le respondió de manera irónica diciéndole, que si lograba hacer un bollo de masa con los restos que habían quedado sobre la batea en la que ella había amasado, el pan sería suyo.

De esta manera la anciana comenzó a raspar el fondo de la batea, y poco a poco increíblemente comenzó a brotar la masa y la anciana comenzó a amasar un bollo tras otro, hasta obtener numerosos panes.

Cuando lo creyó conveniente tomó sus panes y se decidió a partir, pero la esposa del cacique enojada por el desenlace de las cosas, le arrebató los panes de las manos y la echó del lugar, vociferando que todo le pertenecía, los panes, la masa y la batea.

La anciana entristecida y con la cabeza gacha se disponía a partir, pero antes de hacerlo se volvió hacia ella y le dijo: por haber mezquinado el pan a un hermano ¡te condeno a vivir a arrastrándote! Luego de pronunciar estas palabras la mujer rogando desesperada, comenzó a mutarse en una víbora cuyos colores recordaban el poncho que llevaba puesto, anillos rojos, negros y blancos, así convertida en Tanta Micha, se escabulló hacia el monte perdiéndose en el mismo.

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