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Los hermanos Wagner: los pioneros de la ciencia

- 01:08 Santiago

POR EDUARDO LAZZARI,

HISTORIADOR

 

La historia de la ciencia en la Argentina es una disciplina difundida en los ámbitos académicos, pero no ha alcanzado el grado de divulgación que merece a nivel popular. Es así que son poco conocidos los naturalistas que, desde su genio personal y su esfuerzo sin límites, lograron cimentar una tradición en las distintas ramas de las ciencias naturales, que dieron al país una tradición muy destacada en el marco continental.

La visión del naturalista, ese estudioso profundo de la naturaleza a partir de la observación, el descubrimiento y sobre todo la comprensión y clasificación de los fenómenos, ha sido fundamental para desarrollar la ciencia en el mundo a partir del siglo XVIII. Hombres como el británico Charles Darwin, el alemán Alexander von Humboldt o el francés Aimé Bonpland ampliaron el conocimiento del mundo hasta extremos impensados poco tiempo antes. Su visión amplia, que atravesaba todas las disciplinas científicas, allanó el camino para el avance en todos los aspectos del conocimiento humano.

Pocos casos hay en la ciencia argentina, de fraternidades tan consustanciadas en las tareas comunes, como la de los hermanos Wagner. La epopeya científica de los hermanos Florentino y Carlos Ameghino, es comparable con la de Emilio y Duncan: el uno como pensador científico y el otro como colaborador irremplazable. Quizá el austero carácter santiagueño no ha hecho gala de contar entre sus mejores a estos pioneros de la ciencia, que merecen ser conocidos profundamente, sobre todo fuera de las fronteras provinciales, ya que su reconocimiento en el extranjero es superior al que los argentinos les hemos dado.

 

La familia de Emile y Duncan Wagner

El matrimonio de un francés con una polaca fue el inicio de familia con apellido de reminiscencias teutónicas. Emile y Duncan Wagner fueron nietos de un alsaciano, Charles Wagner, escultor, esmaltador, orfebre y coleccionista de antigüedades; y de un polaco, Jan Mickiewicz, propietario de un vivero de especies vegetales americanas en Varsovia, cuyo padre solía frecuentar a Goethe.

En 1864 nació Duncan Ladislao en París, y en su juventud estudia hasta convertirse en técnico en química industrial. Sin embargo, era un humanista. Se interesa por los tiempos prehistóricos y desarrolló una gran habilidad como dibujante. Intentó ser industrial, con poca suerte, fundando un ingenio en el Chaco y otros proyectos que no prosperaron en la América del Sur.

En 1868 nació Emile Roger en Ormiston, una pequeña ciudad de Escocia, en uno de los tantos viajes familiares. Asiste a la Academia Militar de Saint-Cyr, llegando al grado de oficial, participando como tal en la 1° Guerra Mundial. Su gran pasión fue el estudio de los insectos, pero su espíritu renacentista lo convirtió en un naturalista excepcional, que abarcó varias disciplinas como la arquelogía, la paleontología y la antropología.

 

Los hermanos en América

La familia Wagner llega a América del Sur en 1889, y conocen Santiago del Estero en 1893. Ya por entonces Emilio se dedicaba a la recolección de flora y fauna, a la que estudia y clasifica, acompañado por su hermano como ayudante. Recorrieron la región del Chaco, y luego viajaron por el antiguo territorio de las Misiones, en Argentina, Paraguay y Brasil. Para 1898 regresan a Santiago y Emilio decide radicarse en las cercanías de Icaño, adquiriendo un campo al alemán Otto Wulff. En “su lugar en el mundo” Emilio se dedica a la explotación agropecuaria y continua con sus investigaciones.

El prestigio de Emilio como científico va aumentando y en 1902 es nombrado representante del Museo de Historia Natural de París en el cono sur americano. Explora incansablemente y descubre la abundancia de restos arqueológicos en Santiago del Estero. Comienza entonces a elaborar su teoría sobre los hallazgos que lo llevarán a publicar, 30 años después, su obra maestra: “La Civilización Chaco-Santiagueña”.

En 1914, Emilio decide volver a Francia como voluntario para defender la tierra de su padre, y al regresar a Icaño, descubre que Napoléon Taboada, a quien había confiado sus bienes, los había enajenado a través de un juicio contra Otto Wulff. Vivirá como inquilino en su antiguo campo, pero nunca recuperará la propiedad. Orgulloso del triunfo francés en la guerra, toma la costumbre de aclarar que no tiene nada que ver con el músico alemán de igual apellido, corrigiendo la pronunciación para que suene “vagneg”. Se reencuentra con Eladia González, con quien forma su familia. Tendrán dos hijas: en 1923 Adela, que moriría a los dos años, y Haydee, nacida en 1926. Esta niña aprenderá quichua desde pequeña y desarrollará un método de lectoescritura que lleva su nombre.

Duncan había vuelto al viejo continente al despuntar el siglo XX, donde conocerá a Cecilia, y la convertirá en su esposa. En París lo encontrará la Gran Guerra y perderá gran parte de su fortuna, regresando al Chaco hacia 1922, donde lo rescata su hermano.

 

El Museo Arcaico: expediciones y descubrimientos

El nombramiento de Emilio como director del Museo Arcaico en 1924, iba a desarrollar la ciencia en la provincia como nunca había ocurrido antes. Inspirándose en la tarea del perito Francisco Moreno en el Museo de La Plata, Emilio organiza expediciones en todo el territorio de Santiago del Estero y más allá. Emilio convocó a Duncan y lo incorporó como su principal colaborador desde 1927.

Este fraterno equipo científico se repartió las tareas y Emilio se dedicó a la parte científica de investigación, recolección y hallazgo de yacimientos, mientras Duncan organizó las colecciones; levantó croquis; preparó notas y conferencias; y documentó exhaustivamente todos los sitios. Así, el patrimonio del museo se multiplicó hasta convertirse en una de las mayores colecciones del país en su sede del Anfiteatro del Colegio del Centenario.

Más adelante, en 1936, Emilio contrata a Olimpia Righetti, a quien había conocido como dibujante de “La Civilización Chaco-Santiagueña”, trabajo que la consagró como una ilustradora excepcional, y la convierte en su discípula y sucesora como directora del Museo en 1949. Por sus trabajos, los Wagner fueron condecorados con la Legión de Honor de la República de Francia, y merecieron diversos reconocimientos de asociaciones científicas.

 

La teoría antropológica Chaco – Santiagueña

La publicación de “La Civilización Chaco-Santiagueña y sus correlaciones con las del Viejo y el Nuevo Mundo”, en Buenos Aires en 1934, fue una sensación para el mundo antropológico, no sólo a nivel local sino internacional.

La tesis principal de la obra es definida por Emilio: “Hemos entrado aquí en contacto directo con las huellas de una nación que pertenecía a una civilización autóctona…, posiblemente anterior a la Incásica…, que no parece haber sido influida por ésta, y cuya zona de influencia ha sido tan considerable… desde los Andes hasta el Paraná”. En un elogio ancestral a la condición santiagueña Emilio publica en “EL LIBERAL”, en 1936: “Un sentimiento de profunda religiosidad y de notable simpatía humana emana de este arte tan esencialmente calmo y ponderado, de una absoluta castidad, que ha esquivado con cuidado lo grotesco, lo obsceno y las truculentas monstruosidades”.

El “libro más bello alguna vez publicado en Santiago del Estero” movió el “avispero” de la antropología aquí y en Europa. Desató investigaciones y debates en los ámbitos intelectuales argentinos. Las investigaciones proponían una antigüedad superior a las primeras civilizaciones en Europa, y si bien muchas de sus tesis fueron rebatidas, el trabajo científico de Emilio, las notas e ilustraciones de Duncan y los dibujos de Olimpia Riguetti, mantienen su vigencia.

La crítica a esta obra no invalida su enorme aporte a la cultura argentina y permite la comparación con lo ocurrido con la “Antigüedad del Hombre en el Plata” de Florentino Ameghino, a la que los cuestionamientos recibidos no significaron el desprestigio del gran paleontólogo lujanense, que sigue siendo el mayor científico argentino, de la misma manera que Emilio y Duncan deben ser reconocidos como los grandes pioneros de la ciencia santiagueña.

Duncan murió en 1937, cumpliendo una década en el museo, al que Emilio dedicó un cuarto de siglo. El menor de los Wagner, el genio científico, murió en la ciudad de Santiago del Estero, el 21 de septiembre de 1949, a los ochenta y un años.

 

Legado y homenajes

Han quedado las obras publicadas en francés: “Alemania y América Latina: recuerdos de un viajero naturalista”; “A través de la selva brasileña: del Amazonas a los Andes”; “La venganza de la cultura: la Tercera Guerra Púnica”, con Emilio como autor, en la década de 1910. La publicación en 1934 de ““La Civilización Chaco-Santiagueña” marcó la cumbre de los trabajos escritos por los Wagner, que mereció una reedición en 2015 por la Fundación Cultural Santiago del Estero, en una presentación exquisita.

Santiago del Estero levantó un mausoleo para ellos en el Cementerio de La Piedad, que fue declarado monumento histórico provincial en 1980. El antiguo Museo Arcaico pasó a llamarse Museo de Ciencias Antropológicas y Naturales “Emilio y Duncan Wagner”, hoy trasladado al bello edificio que alberga al “Centro Cultural del Bicentenario”, donde puede apreciarse la colección con un criterio moderno y respetuoso.

Se siguen escribiendo libros y ponencias sobre la obra de los Wagner. Se dictan todo el tiempo conferencias sobre ellos. Sarmiento decía que la nacionalidad dependía del corazón y de la mente, ya que el “hecho animal de nacer en un lugar” no podía marcar al alma. Por eso, parafraseándolo, sin duda Emilio y Duncan son santiagueños de ley, y en su carácter de fundadores de la ciencia moderna en la provincia, deben ser llamados ilustres y sus vidas reconocidas como legendarias. l


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