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El impacto del lenguaje no corporal en resultado del uso del tapaboca o barbijo: la comunicación no verbal

Por el Lic. Mariano Vega Botter. Neuropsicólogo.

- 01:32 Para vivir mejor

Buenos días, amigos lectores, hoy trateré un tema que para algunos es un hábito automático desde que se instaló la obligatoriedad del uso del tapabocas para personas comunes y barbijos para los profesionales de la salud. A veces debíamos comunicarnos con el otro y muchas veces no nos hacíamos entender, hasta que fue siendo un acto automático de nuestra forma de vestir para salir y adaptarnos a través de nuestra autodidáctica cognitiva que poseemos a través de nuestro órgano mayor como lo es nuestro cerebro.

En muchas ocasiones, el contenido de un gesto, de una sonrisa o incluso de la postura no solo complementa el mensaje, sino que aportan más información que las palabras. El valor de la comunicación no verbal está ampliamente estudiado e influye tanto en las relaciones sociales como en las familiares y laborales. En concreto, un estudio demuestra que el 55% de la comunicación corresponde al lenguaje gestual, por delante del 38% que pertenece a la intención al hablar y del 7% de la propia comunicación oral. Estos datos confirman la relevancia de las habilidades comunicativas en cada una de las esferas de nuestro día a día.

¿Cómo influye en el lenguaje no verbal el hecho de llevar tapaboca?

Como en otros muchos terrenos, el coronavirus también ha generado cambios en la comunicación no verbal, haciendo del tapaboca un elemento novedoso que limita en cierto modo la capacidad de expresión facial, pero al que deberemos adaptarnos durante la famosa “nueva normalidad”. Es por eso por lo que en este artículo me gustaría contarte las limitaciones que genera en nuestra comunicación habitual y cómo podemos minimizar dichos efectos para evitar que se pierda riqueza gestual.

Confía en tu capacidad de adaptación

Ya Darwin adelantó que “sobreviven los que mejor se adaptan”, y por suerte el cerebro es perfectamente capaz de afrontar cambios y asumirlos con normalidad. La sensación inicial de extrañeza al mantener una conversación con una persona con parte de la cara tapada se transforma de forma progresiva en algo natural y por tanto se interioriza dicho patrón sin generar alteraciones significativas. Lo mismo se replica en el ámbito afectivo; en un primer momento era peculiar llegar a un sitio y no saludar con los códigos anteriores, y ahora no produce sorpresa la ausencia de dicho contacto físico. Es precisamente esa plasticidad del cerebro la que permite no solo reforzar conexiones neuronales que ya existen sino generar circuitos nuevos que se ejerciten con el tiempo.

La mirada, más importante que nunca

A pesar de que gran parte de la comunicación facial pertenece a los ojos y cejas, perder la información de la sonrisa puede reducir la capacidad de mostrar empatía y confianza. Además, el tapaboca altera el tono y el volumen al hablar, por lo que puede ocasionar dificultades en la comprensión. Por este motivo, debemos compensar ese déficit potenciando otros aspectos de la comunicación no verbal, como movimientos corporales o la gesticulación con las manos. El hecho de focalizarnos en la mirada de la persona con la que hablamos y que esta sea la fuente más rica de información, nos convertirá en expertos tanto en su interpretación como en su uso en nuestra expresión. Desde este punto de vista el uso del tapaboca puede generar efectos positivos en el detalle de la expresión facial.

Cuidado con los malentendidos

Los cambios en la proyección del tono y la ausencia de cierto apoyo gestual pueden generar interpretaciones erróneas en la comunicación. Esto puede afectar de forma más concreta a la ironía, siendo más complicado abstraerse de la parte literal sin expresiones que faciliten el entendimiento de la intención. De la misma manera que la comunicación a través de mensaje es propensa a producir malentendidos, esta modalidad especial de comunicación puede requerir en algún momento la aseguración por parte del emisor de que el mensaje enviado y el recibido se corresponden.

No pierdas de vista su función

A pesar de las dificultades que aparecen con el uso del tapaboca, no debemos olvidarnos de su objetivo principal, protegernos. No será difícil relativizar las molestias que produce en nosotros si recordamos el comienzo y la evolución de la pandemia, llevar la mente a ese momento ayudará a valorar lo que un día fue un elemento de primera necesidad, pero de complicada adquisición y a su vez, la vía para protegernos de un enemigo poderoso. Además, el hecho de que formen parte de nuestra rutina actual puede ser una vía más para expresar aspectos de nuestra personalidad, gustos o preferencias, ya que el mercado se ha multiplicado y la oferta de tapaboca y de personalización de las mismas es prácticamente infinita.

Casos especiales

Es necesario aclarar que ciertos colectivos se pueden ver especialmente afectados por su uso, es el caso por ejemplo de las personas con dificultades de audición, que requieren del apoyo de los labios en muchos momentos o de los niños que gran parte de la información la obtienen de los gestos del adulto. A nivel profesional también puede producir hándicaps en trabajos en los que las muestras de empatía y confianza sean importantes, es el caso de médicos o neuropsicólogos entre otros. No obstante, debemos una vez más, verlo como una aportación útil que el virus deja en nuestras vidas, ya que nos puede permitir ser más conscientes de algo que antes era automático y por tanto, mejorar una parte fundamental de las habilidades de comunicación.

Claves para dominar el lenguaje no verbal

Expresas lo que sientes y sientes lo que expresas Existe un mecanismo fisiológico, llamado propiocepción, que establece una vía de doble sentido entre tus emociones y tu lenguaje corporal. Cuando sientes una emoción o te invade un sentimiento, tus neuronas mandan una orden a los músculos para que adopten una determinada postura. Sin embargo algunos estudios han demostrado que también existe la vía contraria. Si conscientemente adoptas una postura de inseguridad, tu mente empezará a experimentar la emoción correspondiente. Tu cerebro entiende que si está mostrando ese gesto es porque debería sentirse de esa determinada manera. La buena noticia es que es posible usar esta doble vía para crear estados positivos. Si adoptas una postura de confianza, como la cabeza alta y los hombros erguidos, empezarás a sentirte más seguro y relajado.

Cuanto más lejos del cerebro, menos control

Varias investigaciones han concluido que los brazos, manos y torso son las partes del cuerpo más fácilmente controlables de forma consciente. Es por eso que mucha gente es capaz de fingir mediante su lenguaje no verbal que siente unas emociones, cuando en realidad están experimentando otras.

Pero también parece ser que cuánto más lejos del sistema nervioso central se encuentra una parte del cuerpo, menos control consciente podemos ejercer sobre ella. Es probable que se trate de una cuestión de falta de atención más que de distancia física, pero en cualquier caso solemos tener menos presente la posición de las piernas que la de los brazos. Es buena idea que además de fijarte en el lenguaje corporal de la parte superior del torso prestes atención a los pies de tu interlocutor porque te proporcionarán información muy valiosa. Nuestros pies suelen apuntar hacia aquello que nos interesa, ya sea una persona o una vía de escape, y a menudo pasan totalmente desapercibidos.

La cara es el espejo del alma

Las expresiones de la cara también suelen ser bastante representativas del estado anímico de alguien. De hecho hasta existen teorías que vinculan los rasgos faciales con la personalidad, como la Morfopsicología. Durante muchos años de evolución hemos tenido que ser capaces de comunicar emociones de forma precisa para sobrevivir como especie. En ese contexto y debido a la gran cantidad de músculos faciales existentes, la cara se ha convertido en el espejo más fidedigno del alma. Aunque hay muchos matices, existen de 4 a 6 emociones básicas que nuestras microexpresiones faciales son capaces de comunicar alegría, miedo, ira, tristeza, asco y sorpresa. Cada una implica unos determinados músculos faciales y hay que integrarlas dentro de un contexto global que incluya el resto del lenguaje del cuerpo y la comunicación oral. Es posible falsear en cierta medida las microexpresiones faciales para camuflar sentimientos, pero es prácticamente imposible controlar todos los músculos implicados de forma consciente. Por eso siempre quedan pistas como por ejemplo la falta de elevación de las mejillas y ojos en la falsa expresión de alegría.

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