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Padre Gastón Cuello: “Vamos tratando de ir descubriendo a Dios en estas realidades que vivimos”

- 21:55 La Banda

Desde el 13 de marzo hasta ahora ha cambiado la vida de todos, nuestras formas de relación principalmente, las más cercanas. Como seres sociales necesitamos esos vínculos y ahora se nos han ido limitando esos contactos.

Los sacramentos de vida son de cercanía, se administran cara a cara: una confesión no se puede hacer por medios virtuales, a través de una pantalla, tiene que hacerse de persona a persona. Podemos hacer acompañamientos, otra de las cosas que ha cambiado en nuestra relación con los fieles, de tener más tiempo con el celular, más contactos a través de mensajes (de texto, de audio, vídeos) a los cuales no estábamos tan acostumbrados, porque tenemos a cargo muchas personas mayores, las cuales no están muy acostumbradas a tener una relación a través de una pantalla, porque así han sido formados, así ha sido su vida. Y esto nos pone en un desafío constante. Además, dentro de de este grupo de personas que no están habituadas a usar estas tecnologías, están los grupos de riesgo, pero que son las que más vienen a la parroquia.

Entonces, en algunos casos, es como que los estamos desatendiendo, porque no podemos llegar a todos. Si ya sin pandemia no podíamos llegar, en esta situación más se nos ha limitado. También hay que analizar la situación particular de cada uno de los sacerdotes, religiosos, como su estado de salud, ya que también algunos pueden tener factores de riesgo u otras circunstancias, que no facilitan poder llegar a cubrir tantas necesidades.

Aún así, es cierto que no todo depende solamente de la fuerza del ser humano, también es la fuerza de Dios, del Espíritu que obra y que nos va llevando, guiando, sosteniendo y animando en la misión.

Misión que hoy es diferente. Si vemos hoy en la misa son virtuales, pero la gente no puede participar de la Comunión, no puede comulgar el cuerpo y la sangre de Jesús. Ha cambiado la relación con los sacramentos de toda índole, porque son muy poquitos los que vienen a confesarse, porque el templo está abierto solamente en horario restringido, y con obviamente con todos los cuidados que demanda el protocolo. O sea que no podemos tener una larga cola de personas, no debemos permitir la aglomeración de muchas personas, hay que mantener la higiene desinfectando constantemente los lugares donde se atiende, para cuidar a las personas y a nosotros mismos.

Mi relación, mi cambio ha sido radical. Esto de estar acostumbrado a mantener siempre el contacto con la gente y ahora no poder hacerlo, he tenido que ir adaptándome al uso de las tecnologías. Es cierto que con un mensajito un vídeo puedo llegar a muchas más personas, pero también todas las personas de todos sus otros ámbitos reciben muchos otros mensajes, en distintas plataformas, apps, etc. Hay también una cierta saturación a todo esto, y esto hace que ya no vean o lean todo lo que les llega. Necesitamos todos amigarnos con la tecnología para poder seguir transmitiendo el mensaje de Dios.

También es nuestras catequesis nos ha hecho cambiar, porque son presenciales y ahora se hacen virtuales. Hay que ver cómo motivar a los padres porque están saturados de información, de otras tareas de sus trabajos personales, de las tareas escolares de los hijos, no todos tienen el internet veloz para bajar todas las cosas que les envían. Ahí hay otro desafío, de ver y seleccionar muy bien el contenido a compartir con los hermanos. Hay que usar mucho la creatividad. Por eso es un tiempo en que hay que buscar las herramientas para que podamos llegar a las familias, a los fieles, estar y marcar una presencia.

El tema de la soledad a las personas mayores, al no poder tener contacto con sus familias que viven en otros lugares, los está afectando mucho y hay que sostenerlos.

Las generaciones más jóvenes pueden vivir todo el día con el celular para compartir, pero no los mayores. Estamos redescubriendo la tecnología.

Algo muy importante es hacer trabajitos para orar en la familia, para que los padres y los niños pueden recuperar el espacio de oración familiar. Esto es muy importante por lo que andábamos a las corridas, por todas las ocupaciones y actividades, no teníamos tiempo para encontrarnos. Ahora tratamos de que nuestra catequesis, la evangelización sea para la familia que está reunida en su casa. Como decía Juan Pablo II, ‘familia que reza unida permanece unida’, lo que no significa que no va a tener problemas, al contrario, yo creo que ahora se van a ir destapando algunos problemas que antes estaban tapados por la hiperactividad. Están surgiendo roces en la convivencia, en los vínculos, el tener que estar encerrados que no todos lo toman de la misma manera.

Aún con todo esto, la compañía, la presencia de Dios está siempre ahí, por eso vamos animándolos a ir descubriendo a este Dios que se va manifestando. Él lo dijo en Mateo: ‘Yo estaré con ustedes hasta el fin de sus vidas’. Entonces, vamos tratando de ir descubriendo a Dios en estas realidades que vivimos, ese creo que es el desafío que hoy nos toca a todos.


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