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12 de Octubre, España y América, la historia nos une

Por Dr. Alberto Pravia. Vicecónsul Honorario de España en Santiago del Estero.

- 22:48 Opinión

Hoy recordamos esa hazaña donde hace quinientos veintiocho años, unos aventureros se atrevieron a surcar las aguas en busca de un camino más rápido con el Asia, pero terminaron topándose con un inmenso territorio desconocido para lo que en ese momento era el mundo civilizado.

Para 1492, ningún teórico griego, ningún pragmático romano, ningún religioso hebreo, ningún egipcio, persa, chino o hindú, sospechaban que había otros humanos en otras tierras.

Ese empecinado genovés, que la historia nos devela como el Almirante Cristóbal Colón, convenció a los Reyes de España, Fernando e Isabel, para que apostarán por una empresa que era sustancialmente comercial, las especias de oriente eran el fin, buscándose una ruta que evitara el largo trayecto terrestre.

Fue un 12 de Octubre, cuando dos mundos se encontraron a sí mismos, dando lugar a un cambio de dimensiones inconmensurables, donde las razas se nutrieron complementariamente.

Lamentablemente algunos se empeñan en analizar y juzgar lo que sucedió hace cinco siglos con la mirada y la perspectiva de la modernidad y de una ideologización que sin entrar a discutir si es buena o mala, al hacerlo es tan inoportuna como extemporánea.

Hablar de genocidio es manipular la historia, descontextualizar un período del mundo que más allá de todo, tuvo aciertos y errores, buenas y malas personas, éxitos y fracasos.

Descubrimiento o invasión, no importa de qué lado se esté, lo importante es observar que surgió de ello, lo que nació a partir del 12 de octubre de 1492.

Fue un proceso histórico donde confluyeron dos razas, a las que luego el propio devenir de la humanidad le sumo otras tantas.

Hoy América no es solo de los pueblos originarios, ni de la raza blanca encarnada por los españoles, a la que luego le siguieron otros europeos, también están las inmigraciones asiáticas y el costado denigrante de la esclavitud negra.

Hoy América es ese crisol de razas, pero mucho más se advierte en nuestro país, donde esa impronta se da como en ningún lugar de nuestra América.

Cuando se acusa a la Corona Española de haber ordenado una matanza de los pueblos originarios, se lo hace sin sustento historiográfico, solo pensemos que la primera medida que toman los Reyes Católicos es preguntar a los teólogos, médicos, antropólogos y sabios de esa época, si los pobladores de estas tierras tenían alma, algo que podría resultar chocante hoy día, pero para hace quinientos años no lo era y obviamente que la Iglesia y la ciencia determinaron lo que es inobjetable, que todo ser humano tiene alma.

A partir de ello la Corona Española dispuso las llamadas leyes de indias, que fundamentalmente promovían la integración de españoles con los naturales de estas tierras, echarle la culpa de los excesos de aquellos españoles que venían a América a todo el proceso de colonización es inapropiado.

Los excesos cometidos por algunos españoles fueron denunciados por muchos religiosos como Fray Bartolomé de Las Casas, que obligaron a la Corona a intervenir para que se les otorgara buen trato a los pueblos originarios.

Pero fueron también hombres de la Iglesia, como la Compañía de Jesús, los que tuvieron a su cargo las reducciones jesuíticas, lugares donde no solo hubo evangelización, sino la enseñanza de oficios.

En resumidas cuentas, no hubo matanzas indiscriminadas y programadas, las poblaciones diezmadas no lo fueron por el abuso de las armas sino de las enfermedades que portaban los españoles inmunizados.

Bien al norte, no existen dudas que los pueblos originarios fueron aniquilados por el avance y la Conquista de los territorios que luego dieron lugar al “american lifestyle”, pero yendo hacia el sur, existe una bien marcada América indígena, y al llegar a nosotros la mezcla de razas fue tal, que es muy difícil sostener a ciencia cierta donde estamos parados, o si en todo caso, no es hora de hablar de un estereotipo determinado “el ser argentino”.

Octavio Paz señalaba que “Los mexicanos descienden de los aztecas; los peruanos, de los incas, y los argentinos, de los barcos", es así, a nuestras tierras llegaron luego de los españoles, italianos, ingleses, franceses, galeses, irlandeses, pero también de otros continentes, como sirios, libaneses, coreanos, japoneses y mucho más cercano a nuestro tiempo la inmigración fue de nuestros hermanos latinoamericanos.

Esa amalgama de razas, la delata nuestra propia historia escrita por la gesta emancipadora llevada adelante por muchos criollos pero otros tantos europeos, Santiago de Liniers, Hipólito Bouchard, Guillermo Brown, por citar algunos.

La inmigración nace en la Colonia, pero se perpetúa luego y podemos citar que en 1853, Esperanza en la Provincia de Santa Fe, fue la primera colonia agrícola organizada de la Argentina y sus pobladores originarios fueron suizos, alemanes, franceses y belgo-luxemburgueses.

Si hubo una primera gran oleada que nace en 1870, luego fue seguida por la que se suscitó con motivo de la guerra civil española y de la segunda guerra mundial, ya no eran solo europeos también hubo israelíes y árabes, así se conformó en Buenos Aires la comunidad judía más importante del mundo de habla hispana y la sexta en la diáspora, mientras que 3 millones y medios son los árabes y descendientes que tienen la nacionalidad argentina, siendo la comunidad siria en primer lugar, y la libanesa en segundo lugar las dos más numerosas.

Como vemos el camino emprendido sin pretenderlo y sin conocer lo que realmente estaba haciendo, lo comenzó Colón cuando se embarcó en esas tres naves rudimentarias que surcaron los mares hasta que uno de ellos gritó “tierra”, desde allí el mundo cambio, la historia cambió, ya nada fue igual.

Y en ese devenir histórico, Argentina fue uno de los países que mayor número de emigrantes ha recibido durante los siglos XIX , XX y lo que va del actual, todo ello bajo el influjo de medidas que arrancaron un 4 de setiembre de 1812 cuando el Primer Triunvirato conformó la Comisión de Inmigración para fomentar las radicaciones en estas tierras y continuó cuando los constituyentes de 1853 en el Preámbulo de nuestra Carta Magna, plantearon que los fines perseguidos eran para “nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”

La interculturalidad que se plasmó en nuestro país es innegable, la convivencia pacífica entre distintas razas, comunidades y credos religiosos es algo único en el mundo, la llegada de los españoles no fue el fin de unos pueblos, sino el inicio de una impronta donde no hay preeminencia de ninguno, plantear la existencia de persecuciones, genocidios, matanzas, no es reconocer la verdadera historia y solo se intenta querer tergiversarla con la mirada sectaria del Siglo XXI.

Entonces no deberíamos decir que solo venimos de los barcos sino que también somos hijos de esta tierra, que aquí no hubo diferencias, indios, mestizos, negros, criollos, blancos y gringos lucharon de par en par en la guerra por la Independencia, y ahora la sociedad multicultural nacida al influjo de nuestros ancestros es la que da pelea para sacar la Argentina adelante.

Adentrarnos en esa polémica estéril de un supuesto genocidio solo genera odio y resentimiento que no tiene una contrapartida con nuestro pasado, porque desde siempre nuestra gente camina a la par, sin diferencias, es hora de reflexionar si queremos abrir una brecha en donde solo hay paz, concordia y comunión de intereses, o postulamos una grieta cultural e histórica nacida al calor de una mirada ideológica descontextualizada y extemporánea.

Hablar de “conquista y evangelización” no es malo, es algo histórico, existió en realidad y concluyo en lo que hoy es América, un mundo nuevo, una Patria grande Latinoamericana, donde hay una lengua, un credo, una historia que nos cobija.

Es una fecha para festejar, conmemorar, como cada uno quiera, pero sin mentirnos, España no es un enemigo, no lo fue ni lo será, Argentina acogió a nuestros abuelos y padres, y España hizo lo mismo luego de la crisis del 2001, pero también hoy es el destino que buscan miles de argentinos.

Hoy, nosotros conmemoramos esta fecha, porque nuestra lengua es una manera de hermanarnos, conquistando al mundo desde la diversidad cultural, y al igual que antaño el respeto siempre presente, no adscribimos a teorías xenófobas ni discriminatorias, la realidad es otra, porque como dice José Manuel Soto en América se habla y reza en el idioma de Cervantes, donde hubo un cruce de culturas y no el choque que se pretende instalar.


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