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Pensando sobre la intimidad

Por Francisco Viola. Doctor en Psicología. Especial para EL LIBERAL.

- 22:14 Opinión

La pandemia nos sacudió. Todo parece reformularse de algún modo. Todo parece que se modificará, como signo de esperanza y, sabemos, que no todo lo hará y, algunas cosas, también lo serán para peor.

Sin embargo, una parte importante del ser humano pasará indudablemente por el tamiz de lo experimentado y, dentro de ello, una importante será la intimidad que vivimos.

Como bien escribe Eva Illouz, en el diario El País de España: “La intimidad, en el mundo antes y después, seguirá siendo uno de los principales escenarios en los que se representará la lucha del individuo con la sociedad”, aunque debo agregar que es allí, en la intimidad, donde la presencia y la ausencia, donde la necesidad y la satisfacción, donde la calma y la beligerancia de uno se confronta, se define y se ofrece siempre.

Escribía hace tiempo: “La intimidad es una eternidad concentrada en un instante”. Porque realmente creo que es el espacio crucial donde la fragilidad se expone sin riesgo, o así lo sentimos, y, también, donde la incertidumbre no genera ansiedad, sino cierta esperanza positiva. Sí, intencionalmente pongo en relieve estas dos palabras que tanto aparecieron, de un modo u otro, en la pandemia: fragilidad e incertidumbre.

Hago referencia a ello porque la noción de intimidad siempre conlleva el sentido de la desnudez y del aquí y ahora. La desnudez, como mostrar parte de uno sin lo que lo cubre habitualmente. No es siempre de piel, ni de alma, ni de sentires.

Es un acto personal donde uno exhibe algo que, generalmente está oculto y que la otra persona que lo recibe, lo percibe y lo siente como íntimo. La intimidad es de uno, pero se refleja en la forma que es recibida por el otro.

Por su parte a la incertidumbre, la queremos ignorar, pero es fundante de intimidad. Es, creo, una propuesta de futuro, pero que sabemos que sólo es real en el presente. Confiamos en ella, una vez realizada, pero existe cuando se realiza. Así podemos evocar nuestra más bella escena de intimidad vivida, pero lo que ansiamos, lo que queremos es vivirla hoy.

Cuando pase la pandemia, retomaremos algo de nuestra vida pasada y reformularemos, quizás, algunas cosas. Tal vez, nos demos cuenta de la necesidad de tener esto o aquello y descartar una cosa u la otra.

Probablemente. Pero, creo que lo más importante será repensar cómo hacemos para que nuestra intimidad no sólo sea oasis para encontrar, sino ese espacio que lo expandimos a nuestro gusto, a nuestro sentir y, además, cómo aprender y desarrollar la virtud humana que tener la capacidad de albergar la intimidad de otros.


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